El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, ha movilizado a su estructura política para tomar el control del Partido Justicialista (PJ) bonaerense . La decisión, gestada en un encuentro estratégico en Villa Gesell, marca un punto de inflexión en la fractura interna que divide al peronismo en el principal distrito electoral de Argentina.
Bajo el sello del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el axelismo ha emitido una orden tajante a sus cuadros territoriales: preparar listas propias en cada municipio de la provincia. Esta directiva busca garantizar que la futura presidencia del partido sea ocupada por un representante del entorno del gobernador, bajo la premisa de que la conducción partidaria debe estar alineada con la gestión gubernamental de La Plata.
La cumbre en la costa atlántica, que contó con la presencia de la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente anfitrión Gustavo Barrera, sirvió para delimitar las condiciones de una negociación que se prevé hostil. Según fuentes cercanas al mandatario provincial, el sector no está dispuesto a ceder la presidencia del PJ y considera las elecciones internas del próximo 15 de marzo como un escenario inevitable si no se logra un consenso que desplace al actual liderazgo de La Cámpora.
La estrategia desplegada no solo apunta a la cúpula provincial, sino que desciende a la estructura de las unidades básicas locales. En aquellos distritos donde el peronismo es oposición, el Axelismo busca arrebatar el control territorial, mientras que en los municipios gobernados por intendentes propios, se espera el respeto a la jefatura local. La táctica de presentar listas «espejo» busca presionar en la mesa de negociaciones, repitiendo una maniobra utilizada en cierres electorales previos.
Desde el entorno de Máximo Kirchner, la respuesta ha sido de resistencia. Voceros del sector camporista sostienen que el partido debe responder a las necesidades del pueblo antes que a las de un grupo gubernamental específico. Esta tensión se traslada ahora a la Junta Electoral partidaria, donde la carga de nuevas afiliaciones y la depuración de los padrones se han convertido en el nuevo campo de batalla técnico y legal.
Con el martes 20 de enero como fecha clave para la próxima reunión de la Junta, el tiempo se agota para una solución negociada. Mientras Kicillof acelera su construcción nacional y busca asegurar la posibilidad de reelecciones para sus intendentes aliados, el peronismo bonaerense se encamina a una de sus disputas internas más profundas, con el control del aparato partidario como el trofeo máximo de una guerra de poder que recién comienza.





