Por Redacción Extra Digital
Una línea de falla no se ve. Se infiere. Es el plano por donde dos bloques de corteza se deslizan en direcciones distintas, y puede pasar años sin producir ningún efecto perceptible en la superficie. Después los produce todos juntos. La semana que pasó dejó dos hechos políticos que pueden funcionar como punto de inflexión. El miércoles 5, la Casa Rosada retiró el capítulo de extranjerización de tierras del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada antes de llevarlo al recinto. Según reconstruyó parlamentario.com, varios gobernadores dialoguistas y un grupo de senadores radicales y provinciales habían anticipado su voto negativo. Página/12 informó que la decisión buscó evitar una derrota abierta y rescatar el resto del texto. El jueves 6, ya sin ese capítulo, el Senado aprobó el proyecto en general por 37 votos contra 33, y el oficialismo debió resignar además el capítulo sobre la Ley de Manejo del Fuego.
El segundo hecho ocurrió afuera. La movilización convocada por las centrales sindicales, organizaciones sociales y una cantidad considerable de autoconvocados terminó con un operativo que se extendió desde el Congreso hasta las inmediaciones de Plaza de Mayo. Las cifras están en disputa y conviene decirlo con precisión. Infobae consignó doce detenidos y cuatro efectivos heridos. La Comisión Provincial por la Memoria informó al menos 1.500 personas heridas y 29 detenidos, luego liberados. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, atribuyó los incidentes a grupos violentos. La distancia entre esos relevamientos es, en sí misma, un dato político. Ninguno de los dos hechos abrió la falla. La pusieron a la vista. La línea estaba trazada antes, y está trazada sobre la vida material.
La economía dejó de moverse como un solo cuerpo. Se mueve como dos bloques, y cada uno arrastra a una parte distinta del país. La estadística oficial lo muestra sin necesidad de interpretación forzada. El Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC cayó 0,5 por ciento en mayo respecto de abril y creció apenas 0,2 por ciento interanual. Dentro de ese promedio conviven trayectorias opuestas. Minas y canteras avanzó 15,7 por ciento interanual; la industria manufacturera cayó 5,6 y el comercio 4,3. La Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia lo resumió así: con datos a mayo, el agro, la minería y el petróleo operan un 30 por ciento por encima de 2022, y la industria y la construcción, un 13 por ciento por debajo.
Los sectores que crecen aportan divisas y emplean poco. Los que caen emplean mucho. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 puestos asalariados registrados del sector privado, según datos de la Secretaría de Trabajo difundidos esta semana. Quienes consiguieron después un empleo informal resignaron el 14 por ciento de su poder adquisitivo; quienes pasaron al autoempleo, el 28. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA agregó la pieza que faltaba. La pobreza volvió al 30 por ciento en el primer trimestre de 2026, contra 26,9 en el tercero de 2025, y su director, Agustín Salvia, sostuvo que los datos muestran el agotamiento de la fase de descenso y su reemplazo por un escenario de estancamiento con indicios de reversión.
En el interior productivo, el corte tiene traducción cotidiana. Un distrito como el nuestro vive de una campaña agrícola que este año liquidó bien, y al mismo tiempo su comercio y sus pymes dependen de un mercado interno que no arranca. Hay un indicador que a quienes trabajamos con documentos nos resulta particularmente elocuente. Según registros de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, en la Ciudad de Buenos Aires se presentaron 132 concursos preventivos de pymes hasta junio de este año, contra 190 en todo 2025 y 106 en 2020, el año del pico de la pandemia. La cesación de pagos se confiesa ante un juez cuando ya no queda otra cosa que confesar.
El Gobierno tiene su relato de los mismos meses y merece ser expuesto en sus propios términos. El primer semestre cerró con superávit primario equivalente al 0,6 por ciento del PBI. Las reservas brutas del Banco Central rozaron los 49.600 millones de dólares en agosto. La inflación perforó el 2 por ciento mensual en junio. Nada de eso es menor y nada de eso es falso. El problema es que esas dos series de datos ya no se explican una a la otra, y el propio oficialismo lo discute puertas adentro. La Nación informó que Luis Caputo estaría dispuesto a resignar algo de velocidad en la baja de la inflación a cambio de motorizar el crédito y la actividad, y que el Presidente no cede. Una encuesta de la consultora Escenarios midió que el 52,9 por ciento cree que estará peor dentro de un año.
Ahí está la falla. Durante dos años la línea de corte fue la casta contra la gente, y ordenó una elección. La que se está formando ahora divide a quienes exportan de quienes venden en el mostrador, a quienes cobran en dólares de quienes cobran en pesos. Es una división que no coincide con las fronteras partidarias, y por eso ningún bloque la administra. Se manifestó el jueves en la calle porque no encontró otro canal. Mañana a las cuatro de la tarde el INDEC difundirá el índice de precios de julio. Las consultoras privadas lo ubican entre 1,9 y 2,1 por ciento. Cualquiera de esos números confirmará que los precios se movieron poco. Ninguno alcanzará a medir lo que se movió abajo.





