El Editorial del Lobo / El extravío del extravío

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Hay un modo de perderse que consiste en equivocar el camino. Existe otro, bastante peor, que consiste en perder además el registro de que uno se ha perdido. El primero se corrige con un mapa. El segundo se corrige tarde. A eso puede llamarse el extravío del extravío.
El 4 de agosto la Sala III de la Cámara Civil y Comercial Federal denegó el último recurso de la Cooperativa Eléctrica y de Servicios Mariano Moreno en la ejecución que le sigue CAMMESA por $1.088.464.921,82, con más intereses hasta el efectivo pago. Hasta ahí, una derrota judicial. Lo que la convierte en otra cosa es el modo. La entidad presentó su apelación fuera de término y la Cámara la declaró desierta. Intentó después una reposición in extremis y la perdió. Presentó luego un recurso extraordinario cuyo plazo había vencido el 17 de abril a las nueve y media de la mañana. Lo presentó el 18 de mayo. Un mes más tarde.
El resultado merece leerse despacio. Las tres excepciones opuestas contra el reclamo jamás fueron examinadas por un tribunal de alzada. No se rechazaron por infundadas. Se perdieron por calendario. La cooperativa sostiene que tenía razones y se ocupó de que nadie pudiera evaluarlas.Tres instancias, tres condenas en costas, y una defensa que nunca llegó a ser leída.

Nada de esto es reciente ni heredado. La presidencia de la entidad se ejerce de manera ininterrumpida desde el 30 de abril de 2018. Son tres mil veinticuatro días. En ese lapso la cooperativa acumuló más de una decena de expedientes judiciales, en su enorme mayoría laborales, por despidos, diferencias salariales, sueldos adeudados y un accidente de trabajo. Cada uno con su condena, sus intereses y sus costas. Ninguno de esos pesos salió del bolsillo de quien decidió litigar de ese modo. La factura llega siempre a otro domicilio. Una cooperativa eléctrica compra energía y la distribuye. Cuando termina ejecutada por quien se la vende, el problema deja de ser jurídico y pasa a ser existencial.
Un caso ilustra el método. Federico Raineri, gerente con más de veinticinco años en la entidad, fue despedido el 30 de agosto de 2018, a cuatro meses de iniciada la actual presidencia. Al día siguiente, en conferencia de prensa, Matías Germán Losinno explicó que había justa causa y afirmó que «cuando el despido es por justa causa no se paga indemnización». El 7 de octubre de 2021, en el Tribunal del Trabajo de Bragado, la cooperativa acordó en la audiencia de conciliación y evitó la sentencia. Según consignó el Diario El 9 de Julio, el costo total superó los veinte millones de pesos de entonces. A lo que se le sumó años después el embargo del abogado defensor de la CEyS (aquel traído por el propio presidente por no confiar en los letrados locales, segun declaraciones efectuadas en el progrma de tv «Zona Cero») por reclamo de costas no abonadas cercano a los 4.5 milones de pesos.
Quien concilia no confiesa. Pero quien anunció en conferencia de prensa que no habrá indemnización y tres años después paga más de veinte millones para no llegar a sentencia hace rato que dejó de discutir con los hechos. El 31 de octubre de 2024, en rueda de prensa convocada para desmentir versiones sobre una eventual intervención, Losinno sostuvo que CAMMESA carecía de derecho a reclamo alguno y resumió la posición de la entidad en una frase que la prensa llevó al título, «no somos deudores, somos acreedores». La ejecución lleva el número de expediente de ese mismo año.
Quien afirma eso y termina ejecutado por mil ochenta y ocho millones, y quien sostiene que no corresponde indemnización y termina pagando veinte, dice el derecho que necesita y después paga el que rige. Dos ruedas de prensa, con seis años de distancia, y en las dos se anunció un derecho que después no apareció en ningún expediente. Es un razonar de pie forzado, que recoge el dato conveniente y deja el incómodo donde estaba. Sirve muy bien para explicar el pasado y no sirve para nada para evitar el futuro.
La ley 20.337 prevé en sus artículos 74 y 75 la responsabilidad de los consejeros por el mal desempeño del cargo, y pone esa evaluación en cabeza de la asamblea. Existe entonces un lugar donde estas preguntas deben formularse, y existe un momento. Porque después del extravío llega el punto en el cual ya no se discuten las decisiones y solo se administran sus consecuencias.
Mi abuelo siempre decía; “si tomas buenas decisiones el tiempo juega a tu favor, si tomas malas decisiones el tiempo juega en tu contra”. Tres mil veinticuatro días es mucho tiempo jugando. Ojalá que en la próxima asamblea los socios tomen buenas decisiones.

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