23 Feb 2026
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Nueve de Julio

El síntoma Fate



El cierre de la planta de Fate en San Fernando no es un episodio aislado ni un conflicto empresarial más. Es, en rigor, un síntoma. Un emergente visible de un experimento económico más amplio que combina apertura comercial acelerada, apreciación cambiaria y repliegue del Estado como actor sectorial. El sector del neumático quedó en el centro de la escena, pero la discusión excede largamente a una fábrica y a sus 920 trabajadores despedidos: interpela al conjunto del aparato productivo.
La caída de la única fabricante de capitales nacionales en el rubro encendió alarmas inmediatas sobre el futuro de Pirelli y Bridgestone, las otras dos terminales radicadas en el país. Si el negocio deja de ser viable para uno, la pregunta inevitable es cuánto margen real tienen las restantes para sostener producción y empleo en un mercado crecientemente abastecido por importaciones.

La apertura como política

El Gobierno de Javier Milei decidió desde el inicio priorizar la desregulación y la reducción de aranceles como parte de su programa de estabilización. El 1° de enero de 2025 redujo a la mitad los aranceles para la importación de neumáticos y, meses después, eliminó el Certificado de Homologación de Autopartes (CHAS). La señal fue consistente con su narrativa: más competencia externa para disciplinar precios internos.
Según la consultora Analytica, el resultado fue un aumento del 44,8% en el ingreso de neumáticos importados en 2025, con varios meses mostrando incrementos interanuales superiores al 100%. En términos reales, las compras externas alcanzaron su nivel más alto desde 2013. Las importaciones de neumáticos por vehículo producido escalaron a 654 dólares, el máximo de la serie histórica.
En paralelo, la producción local se contrajo 47,8% en 2025, convirtiéndose en el sector de mayor caída entre los 68 rubros que releva el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) del Instituto Nacional de Estadística y Censos. La actividad quedó incluso 20,7% por debajo del nivel de 2020, el año de la pandemia. La utilización de la capacidad instalada descendió al 33,4%: apenas tres de cada diez máquinas encendidas.
Los números describen un desplazamiento acelerado de producción local por bienes importados. La discusión es si se trata de una transición hacia mayor eficiencia o de una contracción sin red de contención productiva.


El efecto dominó

El neumático es apenas una pieza dentro del engranaje automotor. La importación de vehículos creció 97,6% en 2025 en un contexto de retracción de la fabricación local. Cada auto que ingresa desde el exterior arrastra autopartes, componentes y, por supuesto, neumáticos. La cadena es extensa y el impacto, multiplicador. En ese marco, el cierre de Fate funciona como advertencia. No sólo para el sector del caucho, sino para el conjunto del autopartismo y, en línea sucesoria, para otras ramas fabriles que ya vienen exhibiendo caídas pronunciadas, como textiles y electrodomésticos.

Darwinismo económico y política industrial

La posición oficial, reiterada por el Presidente y por el ministro de Economía, Luis Caputo, es clara: sobrevivirán los sectores que logren adaptarse a la nueva lógica competitiva. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, sostiene la arquitectura normativa de esa apertura.
El planteo se apoya en un principio de selección de mercado. Sin embargo, la economía real no es un laboratorio aséptico. Más de un millón de hogares dependen directa o indirectamente de la industria manufacturera. Cuando una planta cierra, el impacto excede el balance empresario: alcanza a proveedores, transporte, comercios y empleo regional.
La Unión Industrial Argentina (UIA) elevó a Economía un paquete de propuestas que incluye mecanismos antidumping y herramientas de defensa comercial. Argumenta que el mercado global de neumáticos exhibe sobrecapacidad estructural y prácticas desleales, especialmente desde Asia. Hasta ahora, la respuesta oficial no llegó.
El debate de fondo no es binario —proteccionismo versus libre comercio— sino estratégico: ¿existe una política industrial explícita que acompañe la apertura o la competencia externa opera como criterio excluyente de ordenamiento productivo?
El caso Fate deja planteada esa pregunta. Si el cierre es una excepción, el sistema absorberá el impacto. Si es el primer eslabón de una cadena más larga, la discusión sobre el modelo dejará de ser teórica. Y el “experimento” empezará a medirse no sólo en precios e inflación, sino en capacidad productiva y empleo.

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