6 Abr 2026
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Nueve de Julio

El Editorial del Lobo / Consenso para no hacer mientras el agua avanza

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En Nueve de Julio hay algo que se volvió rutina: cada vez que el agua avanza, aparece el discurso del consenso.
Esta vez fue el concejal Julio Bordone, que tras el documento de la Sociedad Rural ofreció una lectura prolija: diagnóstico correcto, tono moderado y una conclusión conocida —hay que dialogar, hay que consensuar, hay que sentarse en una mesa.
El problema es que Nueve de Julio no se inunda por falta de diálogo. Se inunda por falta de obras y mantenimiento. El punto de partida es cierto: ningún municipio puede, por sí solo, financiar infraestructura hídrica estructural. El dragado del río Salado, los canales troncales y las obras de escurrimiento exceden cualquier presupuesto local. Hasta ahí, la verdad.
Después empieza la comodidad.
Porque ese diagnóstico, en lugar de ordenar responsabilidades, las diluye. Provincia, Nación, productores, el clima, el pasado. Todos aparecen en escena. Todos. Menos quienes gobiernan el presente.
Y ahí es donde el discurso deja de ser razonable y pasa a ser funcional. Porque el Concejo Deliberante no es un ámbito simbólico. Es el lugar donde se fijan prioridades, se asignan recursos y se decide qué se hace —y qué no se hace— con los problemas concretos del distrito. Hablar de “falta de consensos” como si fuera un fenómeno abstracto es, en realidad, una forma elegante de evitar esa responsabilidad.
El segundo punto es todavía más incómodo.
Se cuestiona a los productores por resistirse a aumentos de tasas mientras reclaman obras. Pero se omite lo esencial: la confianza. Porque nadie invierte más en un sistema que no responde.  Y en Nueve de Julio, cada lluvia vuelve a mostrar lo mismo: caminos que se cortan, zonas que se aíslan, sectores productivos que quedan a la deriva. No es una excepción. Es un patrón. Y cuando un problema se repite durante años, deja de ser emergencia. Pasa a ser gestión. O, más precisamente, falta de gestión.
Por eso el documento de la Sociedad Rural no es un punto de partida. Es una señal tardía de algo que ya está instalado. Y frente a eso, la respuesta vuelve a ser la misma: mesas de diálogo, llamados al consenso, diagnósticos compartidos. Mientras tanto, el agua no espera. Avanza. Y cada avance expone lo que no se hizo antes. Porque el consenso, cuando no se traduce en decisiones concretas, no ordena. Encubre.
Encubre la falta de planificación. Encubre la falta de ejecución. Encubre la falta de conducción. Y así, el problema se administra. Pero no se resuelve. Entonces la discusión deja de ser técnica y pasa a ser política.
¿Quién decide que esto siga pasando?
¿Quién define que cada lluvia vuelva a encontrar al distrito en el mismo lugar?
Porque gobernar no es describir problemas, es evitarlos. Y cuando los problemas se repiten durante años, ya no estamos frente a una dificultad estructural. Estamos frente a una decisión de no hacer.
Y en Nueve de Julio, esa decisión se toma cada vez que se habla de consenso mientras el agua entra. Porque mientras la política discute, el campo pierde. Mientras se buscan acuerdos, los caminos se rompen. Y mientras se habla de lo que hay que hacer…el agua ya lo hizo evidente.
No faltan diagnósticos, tampoco consenso. Falta decisión. Y cuando falta decisión, lo que avanza no es el agua. Es el fracaso.
                                                                            EL LOBO

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