Este año se cumplieron cincuenta años del golpe de 1976, y en muchas casas la conversación volvió a la década del setenta. Alcanza con sentarse a una mesa familiar para comprobarlo. El abuelo, el padre y el nieto hablan del mismo Perón y parecen hablar de tres hombres distintos. El sociólogo Karl Mannheim lo explicó hace casi un siglo. Para él, a una generación la definen los hechos que la marcaron en la juventud. Esa primera impresión funciona como un ancla. Pasan los gobiernos, cambian las ideas, y cada uno sigue mirando la política desde el puerto donde la aprendió.
Quien tuvo veinte años en 1945 conoció al Perón del aguinaldo, las vacaciones pagas y los derechos del trabajador. Quien los tuvo en 1973 vivió otra cosa. Vio a una juventud que cantaba por la patria socialista y a un sindicalismo que le respondía con la patria peronista. Vio Ezeiza. Y vio al propio Perón, el 1 de mayo de 1974, tratar de «imberbes» a los que habían militado su regreso, y a esas columnas vaciar la plaza. Dos años después llegó la noche más larga.
Los que se hicieron adultos en los noventa conocieron un peronismo que privatizaba y buscaba alinearse con Washington. Los que llegaron a la política después de 2003 conocieron otro, que se proclamaba heredero de los setenta y ponía los derechos humanos en el centro de su relato. Y buena parte de los que votaron por primera vez en 2023 eligió una opción que se define contra toda esa tradición.
Nueve de Julio lo sabe de primera mano. Jesús Abel Blanco ganó la intendencia en 1962 y no llegó a asumir, porque aquellos comicios fueron anulados y el golpe contra Frondizi terminó de cerrarle el paso. Asumió recién en 1973, el año de Ezeiza, y otro golpe lo desalojó en 1976. Volvió en 1991 y gobernó hasta 2003, a través del menemismo, la crisis de 2001 y el comienzo de otro peronismo. Quién lo votó en 1962 y quien lo votó en 1999 encontraron el mismo nombre en la boleta, pero difícilmente tenían en la cabeza el mismo peronismo. Ahí aparece la pregunta de siempre. ¿El peronismo es de izquierda o de derecha? Cada generación tiene su respuesta, y ninguna coincide con la otra. Para el militante de los setenta, el peronismo auténtico era el que soñaba con la revolución. Para el sindicalista de la misma época, el que la combatía. El votante de Menem y el de Cristina también creen tener el verdadero. Todos guardan a mano alguna cita de Perón para demostrarlo.
El fundador nunca aceptó ese casillero. Definió a su movimiento como una tercera posición, a igual distancia del capitalismo y del comunismo. Cuenta una anécdota muy repetida que un periodista extranjero le pidió que describiera el mapa político argentino. Perón le habló de radicales, conservadores, socialistas y comunistas. Cuando el periodista preguntó por los peronistas, respondió: «Ah, no. Peronistas son todos». Por eso el eje izquierda-derecha sirve poco para explicar al peronismo y mucho para explicar a quien lo mira. Revela en qué año se quedó cada uno. El peronismo se ordenó siempre alrededor de otras preguntas, como quién conduce, a quién representa y cuánto Estado hace falta en cada momento. Las contesta distinto según la época, y así sobrevivió a todas.
Con un año electoral por delante, la discusión va a volver con fuerza. Unos van a reclamar para sí alguna parte de esa herencia. Otros van a denunciarla entera. Convendría escucharlos sabiendo desde qué año habla cada uno. Cada generación tiene su Perón. El problema empieza cuando cree que es el único.
El Lobo





