La arena para Vaca Muerta, más carga para la ruta 5

Entre Ríos aporta más del 80 por ciento del material de fractura que consume el shale neuquino en donde sale el petróleo de Vaca Muerto. Sale de las dunas del delta a 22 dólares la tonelada, llega al pozo seis veces más caro y convirtió a la Ruta Nacional 5 en un corredor industrial que ninguna planificación previó.

Por Redacción Extra Digital

Cada pozo no convencional de Vaca Muerta consume alrededor de 8.000 toneladas de arena para fractura. Con bateas de unas 30 toneladas por viaje, la aritmética arroja cerca de 300 fletes de carga pesada por pozo, y en una misma plataforma se perforan varios pozos de manera simultánea. Esa cuenta, multiplicada por el ritmo de perforación actual, es la que explica por qué la Ruta Nacional 5 —la traza que une Luján con Santa Rosa y atraviesa el partido de Nueve de Julio de punta a punta— se transformó en pocos años en uno de los corredores de carga más exigidos del país.
El material que viaja en esas bateas sale, en su enorme mayoría, de las dunas del sur entrerriano. Ibicuy y Diamante concentran la producción de un insumo que el mercado conoce como arena silícea y que la ingeniería llama propante. Entre Ríos abastece hoy más del 80 por ciento de la demanda nacional, según el relevamiento de la consultora GAPP sobre la cadena de fractura.

El grano que fabricó el Paraná

La función del propante es sencilla de enunciar. El fluido de fractura abre fisuras en la roca madre a presiones enormes; cuando esa presión cede, las fisuras tienden a cerrarse. La arena inyectada junto con el fluido queda alojada adentro y sostiene el canal abierto, de modo que el hidrocarburo pueda fluir hacia el pozo durante años.
Para cumplir ese papel el grano necesita tres atributos: ser redondo, ser parejo y estar limpio. La arena entrerriana los tiene por una razón geológica. El río Paraná funcionó durante milenios como una planta de beneficio natural, puliendo los granos en un transporte prolongado que les dio esfericidad y los liberó de arcillas y finos. El resultado, según la descripción geológica que circula en el ambiente petrolero, es una arena blancoamarillenta, mediana a fina, bien seleccionada, compuesta en un 86 por ciento por cuarzo, con feldespatos en un 12 por ciento y fragmentos líticos en un 2 por ciento. Los minerales pesados aparecen en mínima expresión. Llega al pozo prácticamente limpia.
La diferencia con las arenas patagónicas se mide en el laboratorio. Diario Río Negro consignó que la arena de Ibicuy resiste entre 8.000 y 11.000 psi de aplastamiento en malla 40/70, contra 6.000 a 7.000 psi de las alternativas de cercanía, que presentan mayor angulosidad, menor esfericidad y una carga significativamente superior de arcillas. La formulación que resume el argumento es geométrica antes que química: una esfera resulta mucho más difícil de romper que una arista.

La cuenta que explica los 1.300 kilómetros

Durante la primera etapa del desarrollo neuquino la industria se abasteció con arena de proximidad. Las canteras de Chubut, con la planta de Dolavon como pionera, y luego las de Río Negro y Neuquén ofrecían un flete incomparablemente más barato. La lógica se invirtió cuando aparecieron los resultados de largo plazo.
El problema no se manifiesta el primer año. A medida que el reservorio se depleta aumenta el esfuerzo efectivo sobre los granos alojados en la fractura; los de menor calidad se van quebrando, los finos que liberan taponan los canales y la conductividad cae. Estudios de la industria citados por Ámbito estiman pérdidas cercanas al 20 por ciento de las reservas recuperables frente a una terminación con arena premium. Ese porcentaje supera con holgura cualquier ahorro en transporte.

La ecuación del insumo

  • USD 22 por tonelada en boca de cantera. En el pozo termina pagándose alrededor de seis veces más, según el relevamiento de Infobae.
  • 1.300 km separan a Ibicuy de Añelo.
  • 8 millones de toneladas demandará Vaca Muerta en 2027, según EconoJournal, y hasta 12 millones hacia 2030.
  • 8.000 toneladas de arena por pozo, cerca de 300 viajes de camión.
  • Cuando el abastecimiento local no alcanza, se importa desde Estados Unidos, Brasil y China.

Conviene aclarar un punto que suele confundirse en la discusión pública. La arena de Ibicuy no constituye una rareza geológica. El cuarzo es el mineral más abundante de la corteza terrestre y existen depósitos silíceos en Chubut, Río Negro, Neuquén, Buenos Aires, Mendoza, San Juan y Córdoba, además de otras localidades del propio corredor del Paraná. Lo escaso es la combinación: calidad premium, volumen en escala de millones de toneladas, yacimiento somero y homogéneo, y un río navegable al lado. Esa suma es la que vuelve al delta entrerriano difícil de reemplazar en el corto plazo.

El corredor que nadie planificó

Acá la nota deja de ser neuquina y se vuelve bonaerense. La arena que sale de Ibicuy cruza el Paraná y toma el camino al oeste. La Ruta Nacional 5 es una de sus vías principales. La Confederación Argentina del Transporte Automotor de Cargas informó que el tránsito de camiones sobre esa traza pasó de unas 2.400 unidades diarias en la fase inicial a entre 3.500 y 3.800 en los últimos meses, con una proyección que podría alcanzar las 7.000 hacia fin de año. Las previsiones oficiales quedaron completamente desactualizadas: en 2016 Vialidad Nacional proyectaba para la Ruta 5 un crecimiento del 4 por ciento anual, un aumento del 50 por ciento del tránsito en una década y la duplicación en veinte años. La logística de Vaca Muerta desbordó ese cálculo en una fracción de ese plazo. El flujo logístico pesado sumado al tránsito habitual derivó en una ruta saturada, un deterioro prematuro del pavimento y un marcado aumento de la siniestralidad con desenlaces fatales frecuentes.
El diagnóstico corresponde a La Razón de Chivilcoy y describe con precisión lo que se percibe desde cualquier acceso del partido. Los sectores productivos de la región vienen reclamando la construcción de la autopista completa entre Mercedes y Santa Rosa en el período 2028-2031. En paralelo, el Gobierno nacional avanzó con la concesión de los corredores vinculados al shale y con un esquema de peajes, y la industria discute alternativas multimodales: barcazas por el Paraná hasta el puerto de San Antonio Oeste, a 566 kilómetros de Añelo, corredores ferroviarios desde Entre Ríos y una reforma del régimen de cabotaje que abarate el transporte fluvial. Mientras esos proyectos maduran, la carga sigue yendo sobre asfalto.

La renta que queda en el delta

Del otro lado del negocio, en Entre Ríos, la discusión es simultáneamente fiscal y ambiental. La extracción se rige por la Ley Provincial de Minería 10.158 y su reglamentación, con una tasa del 3,5 por ciento prevista en el Código Fiscal. El planteo que circula en la prensa entrerriana apunta menos a la alícuota que al control efectivo del volumen extraído. Diario Junio consignó que solo de Ibicuy parten más de 200 camiones diarios de 40 toneladas, unas 8.000 toneladas por día y cerca de 3 millones de toneladas anuales, sobre un total provincial estimado en 4,8 millones. Sin sistemas de medición física y verificación comparables a los que se aplican al sector agropecuario, la subdeclaración encuentra un terreno fértil.
El costado ambiental tiene un sujeto concreto. Wetlands International advirtió sobre el sistema de dunas de Ibicuy, formado hace aproximadamente 4.500 años, que alberga flora y fauna adaptadas a suelos arenosos y ausentes en el resto de la región. La extracción remueve varios metros de espesor de sustrato y reemplaza el relieve positivo característico de las dunas por un relieve negativo. Las excavaciones alcanzan con frecuencia la napa freática y generan cuerpos de agua artificiales en un paisaje que originalmente carecía de ellos. La misma organización señala que la actividad se extendió a otras localidades entrerrianas como Diamante.
Queda así dibujado un mapa con tres puntas y una asimetría evidente. En Neuquén se produce el hidrocarburo y se liquidan las regalías. En Entre Ríos se remueve el recurso, se cobra una tasa cuya base imponible nadie mide con rigor y se paga el costo ambiental en un ecosistema de 4.500 años. En el medio, a lo largo de mil trescientos kilómetros de asfalto, hay una franja de partidos bonaerenses que aporta la infraestructura, absorbe el desgaste, cuenta los accidentes y no participa de ninguna de las dos rentas. Nueve de Julio está sobre esa franja.
La pregunta que la región todavía no se hizo con la fuerza necesaria es qué le corresponde a un territorio por ser corredor. Hay antecedentes para discutirlo: distribución de lo recaudado en peajes, obra vial comprometida con plazos verificables, áreas de servicios y descanso para transportistas, exigencias de seguridad sobre las flotas. La arena va a seguir pasando durante toda la próxima década. La única variable que admite decisión local es en qué condiciones.

Fuentes consultadas : Diario La Nación, Diario Río Negro, «Arenas para Vaca Muerta: mil trescientos kilómetros de distancia, tres razones de fondo» · Ámbito, «Vaca Muerta: por qué las arenas premium desplazan a las de cercanía» · Infobae, «Vaca Muerta y el precio de la arena» (15/08/2026) · EconoJournal, «Vaca Muerta necesitará hasta 8 millones de toneladas de arena en 2027» · GAPP, «La arena silícea en Vaca Muerta» (01/07/2025) · CATAC, «Ruta 5: el transporte de arena a Vaca Muerta dispara el tránsito de camiones» · La Razón de Chivilcoy, «El impacto no previsto de Vaca Muerta satura la Ruta 5» (02/08/2026) · Diario Junio, «Arena silícea: la plata que Entre Ríos deja ir» · Wetlands International – Fundación Humedales, «Dunas y humedales de Ibicuy, en peligro por la extracción de arena».

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