1 Abr 2026
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Nueve de Julio

El impacto de conflicto EEUU-Irán en el agro argentino

La escalada del conflicto en Medio Oriente comenzó a impactar sobre la estructura de costos del agro argentino y enciende señales de alerta sobre su posible efecto en los precios de los alimentos. El aumento internacional de insumos clave, en especial los fertilizantes, se produce en un contexto de fuerte dependencia externa y agrega presión sobre los márgenes de los productores de cara a la próxima campaña. De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la suba en los valores globales —particularmente de la urea— ya empieza a reflejarse en los precios de referencia locales. En un escenario de elevada volatilidad internacional, la evolución del conflicto, especialmente en Irán, se vuelve un factor determinante para la dinámica de costos.

La Argentina enfrenta este contexto con un alto grado de exposición. En 2025 importó 4,1 millones de toneladas de fertilizantes, uno de los niveles más elevados de los últimos años, impulsado tanto por la expansión del área sembrada como por la limitada producción doméstica. Esta cifra da cuenta de una matriz productiva cada vez más dependiente del abastecimiento externo. El desglose por tipo de insumo muestra que los fertilizantes nitrogenados —con la urea como principal componente— concentran más de la mitad de las compras, seguidos por los fosfatados, mientras que los potásicos tienen una participación menor.

La fuerte demanda acompañó campañas agrícolas más extensas, pero también incrementó la vulnerabilidad frente a shocks internacionales. En ese sentido, el vínculo con Medio Oriente resulta clave: cerca del 39% de los fertilizantes nitrogenados importados provienen de esa región. La persistencia del conflicto, advierten analistas, podría profundizar las tensiones en la cadena de suministros y trasladarse a los costos locales.


Un punto crítico es el Estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio global de fertilizantes. Las recientes interrupciones en el tránsito marítimo generaron demoras logísticas y presiones adicionales sobre los precios. A nivel internacional, la reacción incluyó desde cierres temporales de plantas hasta la liberación de reservas para sostener la oferta. En ese contexto, el valor FOB de la urea en Medio Oriente registró aumentos de hasta el 42% en pocos días, alcanzando niveles que no se observaban desde 2022. Este incremento ya comenzó a trasladarse a los precios de importación en Sudamérica, con impacto directo en los costos de producción agrícola.



A las tensiones externas se suman factores locales. La menor producción doméstica —afectada, entre otros motivos, por paradas técnicas en la planta de Profertil en Bahía Blanca— redujo la oferta interna y obligó a reforzar las importaciones.
Actualmente, alrededor del 67% del consumo de fertilizantes en el país depende del exterior, un dato que refleja la sensibilidad del sistema frente a disrupciones globales. En este marco, el riesgo es que el encarecimiento de los insumos termine trasladándose a lo largo de la cadena productiva.
De sostenerse las actuales condiciones, el impacto podría extenderse a productos derivados como la harina y el aceite, insumos básicos tanto para el mercado interno como para la exportación. La evolución del conflicto y su efecto sobre los costos internacionales será, en este sentido, una variable clave para anticipar la dinámica de precios en los próximos meses.

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