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lunes, 26 febrero, 2024

Rosana Silva, la misionera que conquista el mercado con sus exquisitas mermeladas Güembe

(Por Mónica Gómez)

Sé que soy una mujer valiente, porque cada batalla que sorteé con miedo me convirtió en madera cincelando mi destino. Porque desde pequeña me enfrenté a un mundo agobiado por tanta desidia, a una tierra lejana que se resistía a la conquista y a compartir la lucha con mi padre y mi hermano por cambiar lo malo y así reconstruir los sueños. Sé que lo soy, porque me mantuve de pie frente a mis desdichas mirando mis temores y evocando al cielo. Porque reconocí en otros el amor de una familia que me abrigó los pavores y compartió el techo. Porque tuve la osadía de hacerme silvestre ante cada injusticia donde la sociedad me encasillaba. Porque jugué pulseadas contra el destino y me despojé de los fantasmas que me desafiaban con arrogancia a resistir el comenzar de nuevo.  Porque la vida misma regenera mi cobardía, incita mi lucha, pisotea los pánicos y los mantiene en duelo. Por cada momento vivido aun con miedo me reconozco más valiente junto al paso del tiempo

Rosana Elisabet Silva es misionera, nació en la Ciudad de Puerto Rico, es madre y mujer de la chacra. Ella, una luchadora desde niña, se encontró con el dolor de frente y sufrió la pérdida de su padre, un hombre trabajador que lo dio todo por ella y su hermano, falleció cuando ella tenía 13 años, hoy es una mujer que tiene cuatro hijos, Marina, Kevin, José Adrián y Selene. Dos de ellos ya universitarios, uno en secundaria y la pequeña que mueve con sobresaltos su mundo.  Es compañera firme de su esposo Tarcisio, un hombre leal que la acompaña fortaleza y entrega.  Rosana describe a su familia como productores, trabajadores de la tierra, que alimentan los proyectos a porvenir desde la fuerza que nace de cada integrante. La reconocí como una mujer independiente, valiente y decidida, estudia danzas, tiene su marca de mermeladas, y ante todo es una luchadora social que lleva el compromiso del crecimiento de su comunidad en cada uno de sus pasos. Es así, un tanto inquieta y con una punción inquebrantable de crecimiento, siente que todo lo que se aprende es parte de lo que forma a cada uno como individuo, se afianza en seguir sumando conocimiento y práctica a sus ideas por desarrollar y la percibo como una mujer totalmente enfocada en seguir sus sueños. Eso es lo que más celebro de ella, mantiene la huella de toda una descendencia gastronómica de origen brasileña y me cuenta que lo más valioso que heredó de su padre fue eso y junto a las tradiciones y valores hoy ella se siente orgullosa y responsable de trasmitir este legado.  El conocer las recetas y las historias de su abuela paterna en la cocina, fueron las herramientas que encontró para poder soslayar muchas dificultades, haciendo lo que es hoy de ella, una referente en su localidad.

El deseo de aprender viene en su linaje, y entiendo que lo deja como legado a cada uno de sus hijos. Es una mujer que está en constante movimiento, se especializa, se sumerge en la búsqueda de nuevos procesos y se vincula con las actividades productivas que favorecen a la masificación de cada producto que les proporciona su chacra para poder aprovechar al máximo cada alimento cosechado. Rosana es madre y cada uno de sus movimientos, como si fueran la danza que tanto amo, marcan el camino del trabajo, la dedicación y el disfrute para los cuatro niños que aun siendo casi unos adultos se mantienen unidos a la familia bajo esa filosofía. Apasionada por la cultura misionera se arraiga a sus raíces y los lleva como expresión, en sus disfrutes conjuga la danza, la música y la gastronomía regional, forjando una identidad colectiva que se contagia con su presencia.

Forman parte de una cooperativa de la zona de producción orgánica y biodinámica de pequeños productores con orientación a la agroecología. La chacra que está ubicada en la zona rural de Capioví Su emprendimiento, la Granja DON BRUNO que forma parte del grupo de Certificación Participativa de la Provincia, en producción Agroecológica y es donde ellos tienen su hogar, la plantación y la producción de sus conservas. Es desde allí donde nace la marca registrada como Güembé, alimentos artesanales, su diseño es la planta en sí, mostrando en la imagen las raíces que son las que le sostienen, característica que la representa como mujer misionera. Me cuenta que con los envasados quiere transmitir eso, las mermeladas y licores, frutas en almíbar mamón en almíbar y otros productos especiales del emprendimiento, como los pickles, mermeladas de grosella, de maracuyá, mamón, quinoto, forman parte de su herencia cultural, son productos regionales y manifiestan la tradición gastronómica de conservas.

En cada uno de los envases se encuentra la imagen de la planta Güembé, dice que adoptó esta en especial porque es hermosa, es representativa de aquí y la conecta a la naturaleza y a su niñez, a su padre que con emoción recuerda, y porque es la representación de la valentía que tiene una mujer del interior. 

La receta de esta semana es ideal para acompañar una rica taza de té abrigando el otoño.

 

TARTA DE MERMELADA DE ROSELLA  estilo Pie

Ingredientes:

  • Para la masa:
  • 310 gr de harina
  • 220 gr de mantequilla fría
  • 60 ml de agua helada
  • 1 cucharadita de sal
  • Para el relleno:
  • 1300 gr de mermelada de Rosella
  • 1 yema de huevo
  • 1 cucharada de nata
  • Azúcar para decorar

Procedimiento:

Para preparar la masa, pon en un bol la harina y la sal y mezcla. Corta la mantequilla fría en cubos y añádelos al bol. Mezcla todo con las varillas, de forma que quede una mezcla arenosa, con pequeños trozos. Añade el agua helada, mezcla y comienza a darle forma a la masa, evitando amasar demasiado. Divide la masa en dos porciones iguales, cúbrelas con papel film y déjalas reposar en frio durante 1 hora aproximadamente. Saca una de las porciones de masa y estírala con la ayuda de un rodillo. Espolvorea el molde con harina para que no se pegue la tarta y cúbrelo con la masa, recortando los bordes sobrantes. Mételo en el frigorífico. Rellenar con la mermelada de Rosella. Amasar con el rodillo la otra porción de masa y cubre la tarta, haciendo un pliegue a lo largo del borde para sellar la tarta. Haz unos pequeños cortes en la superficie para que ventile en el horno. En un bol pequeño, mezcla la yema de huevo con la nata y pinta la superficie de la tarta con la ayuda de un pincel. Espolvorea un poco de azúcar sobre ella. Hornearla en el horno precalentado a 200ºC durante 20 minutos, baja la temperatura a 180ºC y hornea otros 35-40 minutos, hasta que la tarta de Rosella esté dorada.

Mónica Gómez

 

 

 

 

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