¿Por qué Roberto Lavagna?

(Por Ricardo Manuel Labandeyra, DNI: 8.345.913)

Resulta demasiado frecuente encontrarse con personas que, aunque sean poco o nada conocidas, compartamos un diálogo que merodee, al menos, la situación crítica por la que atraviesa la economía y la política en nuestro país.  Algunos,  se pronuncian a favor de volver a los tiempos de cuando “estábamos mejor” y otros, estar de acuerdo  con seguir el camino emprendido en 2015, incluso, al decir del Presidente, profundizándolo.

¿Pero qué porcentaje representa la suma de estas posturas de los llamados núcleos duros? Nadie desconoce que, fuera de esta grieta, emerge expectante y por qué no, esperanzada, una mayoría que aspira a poder contar en las próximas elecciones  con una expresión que los represente para volver a creer en que un país mejor es posible.

Hace un tiempo que se intenta crear esa alternativa que, dentro de la oposición no kirchnerista, hoy se inclina por la candidatura a Presidente de la Nación, del Doctor Roberto Lavagna. Éste no ha negado sus aspiraciones a serlo y, en tal sentido, mediante gestos, ha dado pruebas de su amplitud para la construcción política. Sus encuentros con gobernadores, incluido el socialista de Santa Fe, dirigentes del Radicalismo y el Gen, el Peronismo Federal, gremialistas, entre otros sectores, dan fe de lo dicho.

Este desarrollo político, en mi opinión, ha logrado conformar una masa crítica. Es decir, haber adquirido la suficiente entidad para ser tenido en cuenta. No solamente por quienes serán sus potenciales votantes, sino también, de parte de sus eventuales contendores políticos que se movían con comodidad al elegirse mutuamente como únicos protagonistas, escenario que siguen alentando fervientemente.

Ahora que asoma esta situación, de ampliarse el espectro de posibilidad para el ciudadano de poder elegir y no resignarse a tener que inclinarse entre lo malo y lo peor, cunde el nerviosismo de parte del propio Presidente y su versión extrema, la Diputada de la Nación y co-fundadora de Cambiemos, haciendo alusión, ésta última, a los soquetes y la soberbia de Lavagna. Por lo de la soberbia, causa al menos hilaridad proviniendo de ella tal calificación. En cuanto a los soquetes, no sorprende la observación,  originada en una representante del gobierno integrado por quienes hacen de la estética una cuestión de centralidad. En otras palabras, la forma o el aspecto adquieren importancia excesiva y superficial.

También se lo descalifica por su edad, 77 años. Ronald Reagan que fuera reelecto presidente de los EEUU a los 74 años es por muchos considerado entre los mejores del siglo pasado.  Cruzando el Río de la Plata, José Mujica fue a los 75. Konrad Adenauer, Canciller de Alemania, equivalente a Primer Ministro a los 83. En Francia, Charles De Gaulle a los 75.

Es decir que, como estructura de la cúpula del poder, especialmente en las difíciles instancias que atravesamos, bien puede concebirse asignar la conducción a quien tiene la suficiente sabiduría, experiencia y templanza. Y  reservar,  el rol de ejecutar, a los dotados del atributo de contar con  la suficiente energía para la acción.

En otro orden, las condiciones de quien hablamos quedaron demostradas durante el gobierno de transición de Eduardo Duhalde y buena parte del de Néstor Kirchner,  dejando una economía con superávit fiscal y comercial con inflación menor a un dígito. Resolvió alejarse, en oposición a la política de precios de las tarifas, cuestionando pública y valientemente los sobre precios en la obra pública. Comportamiento que habla de su honestidad por nadie discutida.

En síntesis, estamos hablando de una persona que cuenta con el suficiente prestigio y experiencia como para ser el articulador de las fuerzas políticas y sociales que, convocados con un criterio auténticamente transversal, sepan construir los consensos para ejecutar las políticas que renueven la esperanza a nuestro  Pueblo.

Ricardo Manuel Labandeyra

DNI: 8.345.913

9 de Julio, Buenos Aires.