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martes, 23 abril, 2024

Patricia Gorza: su historia familiar reflejada en la construcción de la organización feminista MRA “Mujeres de la ruralidad Argentina”

(Por Mónica Gómez)

Fundadora y presidenta de la Asociación civil Mujeres de la Ruralidad Argentina, la productora Patricia Gorza detalló cómo el feminismo, -movimiento que hoy milita desde la ruralidad-, transformó su realidad y la de su familia.

Pato cuenta que nació de una familia ligada al agro bonaerense. Nació en la ciudad de 9 de Julio y durante sus primeros seis años su lugar en el mundo fue el campo, el mismo que hoy dirige. Se reconoce como hija de productor agrícola, ganadero y contratista; y en su árbol genealógico la sangre italiana brota en cada palabra.

– ¿Cómo se inició la historia que te liga con el campo?

“Llega con el desembarco a tierras argentinas de mis bisabuelos y mi abuelo -el hijo mayor-, escapando de la guerra en 1897. Se establecieron en la Estancia Fauzón donde trabajaron como empleados rurales. El dueño los ayudó a comprarse la primera chacra en 1924, 50 hectáreas de campo que son parte de lo que hoy administramos junto a mis hijos. Aún está la primera casa donde vivieron y es así como empieza la historia en Argentina”, relata Patricia.

Inquieta y con una independencia audaz desde pequeña se caracterizó por secundar a su padre: fue su compañera y la alumna de todo lo referente al campo. Sin importar el qué dirán, él les enseñó todo lo que a las vecinas no las dejaban hacer por ser mujeres.

– ¿Desde cuándo empezaste a trabajar?

“Desde toda la vida. Mi papá fue contratista, y desde que tengo uso de razón estuve entre tractores, cosechadoras y vacas: Nos educó de una manera anormal para la época, muy libres. A los 14 años perdió a su papá y fue criado en una estructura matriarcal, era un tipo distinto por su historia de vida.

Él era así producto de una madre muy fuerte que enviudó joven y tuvo que hacerse cargo de la familia y de la tierra. Tenía su carácter y yo el mío, eso también nos trajo muchas peleas”, comentó Pato.

– ¿Cómo fue la relación con las mujeres de tu vida?

“Mi abuela paterna falleció cuando tenía cinco años y no la recuerdo mucho, pero ella dejó lo más importante en mi viejo, la enseñanza de que la mujer puede llevar un campo sola, era muy matriarcal, fuertísima. Lo que decía ella no se discutía. Mi abuela materna era la lavandera de una estancia de 9 de Julio llamada Santa María. Con ella fui más cercana, si bien falleció cuando era una adolescente trabajó toda la vida. Para la época tampoco era común, las mujeres estaban en la casa cuidando a los chicos; en cambio su trabajo era una parte importantísima del ingreso en la casa. Por eso creo que la independencia económica es muy importante, ese mundo rural y del trabajo viene de parte de las dos familias”.

 

Heredera del espíritu combativo de las mujeres que marcaron su linaje a las cuales admira, reconoce sentir la misma independencia en su hija Malena, de 22 años.

– ¿Y las mujeres que hoy te acompañan?

“Mi mamá es la que me inculcó la lucha frente a las injusticias. Desde siempre participó en organizaciones, estaba muy presente junto a otras mujeres y de ella sé que tengo ese interés por lo social. En los años 80 funcionaba dentro del INTA un programa parecido a lo que es Cambio Rural, del que ella formaba parte, Club de Colaboradoras. Eran mujeres rurales que se reunían para llevar conocimiento a través de las escuelas rurales. Daban cursos de huerta, conservas, jardinería, cría de pollos y gallinas ponedoras, cosas que ayudaban a tener un emprendimiento. Después vino una época difícil, donde se cerraron muchas escuelas rurales. Ahí empezó otra etapa: junto a otros 11 vecinos, se logró la apertura de una de esas escuelas rurales convertida en CEPT 15 del paraje El Chajá. Todas esas luchas las viví en la cocina de mi casa. Mi mamá me mostró el camino del trabajo en comunidad y pelear por lo que uno cree”.

“Mi deseo de hacer política lo heredé de mi vieja. Mi hija Malena me hizo feminista, antes yo era de las tantas que decía que no me sentía representada por este movimiento, soy de las feministas que nacimos con las hijas adolescentes es uno de los motivos por los que decido llevar esta bandera”, se emocionó.

– ¿A partir de cuándo consideraste que era importante luchar y formar una organización para mujeres como MRA?

Se ríe. “Viví en el campo hasta que nació Malena: entonces nos instalamos en 9 de Julio. Si bien yo tenía mis convicciones y mis peleas, hice el clic cuando me divorcié. Entendí lo que les pasaba a otras mujeres, porque yo tenía casa, trabajo y aunque tenía 24 años, solo cambiaba mi situación civil. Uno naturaliza: pareciera que tu realidad y el ambiente en el que vos te educaste, te criaste y te desarrollaste es igual para todas. Charlando con amigas que tuvieron que pasar por un proceso de divorcio a los 30 y se encuentran que no pueden tomar la decisión de separarse por no tener los medios, por no ser independientes económicamente del marido. Te empezás a dar cuenta que no todas pueden. Entonces sentí la necesidad de que MRA tenga como premisas la visibilización de las mujeres del sector y la otra su independencia económica. Por eso trabajamos para lograr acuerdos que generen capacitaciones para las mujeres y por sobre todo que su trabajo sea reconocido, así es que nuestra representación es heterogénea. En el grupo hay asociadas como productoras, trabajadoras rurales, técnicas de INTA o periodistas agropecuarias. mujeres que están atravesadas por la ruralidad”.

– ¿Viviste la indiferencia o exclusión por ser mujer?

“Lo sufrí un montón. Trabajo en el campo desde los 19 años en diferentes roles y como mujer te sentís excluida. Desde chica escuchaba a otros hombres decirle delante mío a mi papá “Qué lástima que no tuvo un hijo varón”. Hasta hoy: hace dos años fui a comprar unos toros con mi ex pareja y mi hijo, y el vendedor hablaba solamente con ellos. Hasta que uno de ellos le dijo: mira que ella es la que te firma el cheque. A partir de ese momento el tipo me registró. Hasta mis hijos ven esas actitudes y les choca, porque no es lo que ellos están acostumbrados. El feminismo es una construcción, que todos debemos transitar, hombres y mujeres, para cambiar esa estructura de pensamiento”, expresó.

 

Mujeres de la Ruralidad Argentina es una organización civil que hoy está en crecimiento y esa formalización es una acción que tiene un fin: la visibilidad de las demandas del sector.

– ¿Cuál es el objetivo de MRA?

“Somos la primera ONG integrada por mujeres atravesadas por la ruralidad y eso hay que defenderlo. Discutir temas que no están en discusión: tenemos agenda propia y ese es el valor principal que debemos trabajar. Abordamos las dificultades de las mujeres en todo el territorio, en especial aquellas relacionadas con su autonomía económica y social. Las problemáticas de género que atraviesan a todas las mujeres, se intensifican en ese ámbito. Vinimos a discutir el rol de la mujer, el reconocimiento en las tasas de las líneas de crédito. O por qué la titularidad de la tierra sigue estando en un 80% en manos de hombres cuando teóricamente somos más del 50% de la población. Discutir cuestiones que no tienen que ver con la agenda económica de las entidades importantes. Tenemos una agenda política que va más allá de quién gobierne. La realidad es que la situación de las mujeres con retención o sin retenciones siempre es la misma”.

– ¿Cuáles son las acciones que llevan adelante?

Como movimiento, en especial desde que obtuvimos la personería jurídica, tenemos una responsabilidad colectiva. Desde esa reunión en Saladillo en 2019, me encontré con mujeres que creían lo mismo, aunque estemos lejos unas de otras. Desde ese momento teníamos muchas inquietudes por trabajar y otras fueron saliendo a la luz por parte del grupo. Por ejemplo, la necesidad de un protocolo en las situaciones de violencia de género en el ámbito rural, que no es igual al de la ciudad o conversatorios con mujeres de diversos localidades y sectores para la construcción de un Feminismo Rural o los premios Lía Encalada que fueron una gran experiencia para todas y otras actividades que las hicimos estando en pandemia y que continuamos haciendo”, detalló Patricia.

 

“Creo que las acciones colectivas son lo único que pueden cambiar la realidad, y la política es la única herramienta que pueden hacer cambios profundos, es con otras. Disfruto de formar parte de equipos que trabajan para que las cosas sucedan, que las acciones cambien de la realidad de las personas”.

– ¿Que significó crear un premio como los Lía Encalada?

Creo que nosotras no somos conscientes de lo que hicimos. Tal vez sea este año el momento en el que nos demos cuenta de la magnitud que tiene el premio Lía Encalada. Primero porque conocemos la historia de ella y la de su familia; y segundo por todo el reconocimiento que las postuladas del 2022 tuvieron. Fueron muchas las mujeres a las que este premio las visibilizó, en sus localidades, en sus provincias y todo gracias al trabajo de la organización. Fundamos una entidad Nacional, Federal de mujeres con agenda propia hablando de feminismo en el año 2022, momento de fundación jurídica. Eso va a quedar en la historia agropecuaria de nuestro país”.

Además de compartir su historia y la de su familia, Patricia Gorza resume en esta nota las vivencias que enfrenta la mujer en el ámbito rural. Las complejidades y los desafíos que todas, de una forma u otra, en mayor o menor resistencia sufren en este mundo en donde la tierra, el trabajo con los animales y la toma de decisiones se considera parte del dominio masculino.

Por, sobre todo, explica la responsabilidad que tienen como organización: “el machismo está muy presente en el ámbito agropecuario y con MRA luchamos para erradicarlo”, concluyó.

@patogorza   @mujeresruralesar   #mujeresrurales

 

 

 

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