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Nueve de Julio
viernes, 24 septiembre, 2021

La agricultura es una herencia cultural que sostiene, alimenta y proyecta el carácter de un territorio

(Por Mónica Gómez)

Las quintas, las chacras y todas las producciones a menor escala que solo tienen alcance local son las propulsoras de una economía regional que mueve una sociedad en particular. Sin embargo, estas dejan en manifiesto muchas de las políticas de trabajo, ambientales, sociales y hasta de salud pública que se implementan instando el consumo de los productos provenientes de las huertas locales. La verdura que se consume traída desde una chacra en la periferia o  de una quinta en las afueras de la ciudad, donde el control y manejo de esta producción es totalmente manual y constante, nos permite entender las  necesidades de la población y nos interpela a repensar cuánto de acompañamiento se brinda a  aquellos que con sus manos nos alimentan. La chacra es el lugar del agricultor, es su esencia, su medio de vida, es su forma de ser; y si esa idiosincrasia desaparece por la falta de apoyo, se pierde un eslabón productivo y de impacto socio ambiental que hiere a una población y a un medioambiente lastimado. La agricultura a menor escala es una herencia cultural que sostiene, alimenta y proyecta el carácter de un territorio, está en nuestras manos comprometernos con esa naturaleza. 

A las 7 de la tarde llega Alfredo Gómez, esposo de Elizabeth Zembrusky, a su casa; se baña, toman unos mates, cenan y se van a dormir. Para las 9 de la noche él ya tiene que estar descansando, Eli su esposa de toda la vida, con 52 años lo acompaña y le reconoce el arduo trabajo que como productor de la chacra hace. “Nosotros somos agricultores, feriantes, no somos productores agropecuarios” y así se identifica esta mujer que todos los sábados hace 70 km por la ruta 12 desde Gobernador Roca, la localidad donde vive, para llegar a la feria de Itambé Miní en Posadas, Misiones. Eli es una mujer aguerrida, con una templanza calma,  hablar con ella da mucha paz, pero se impone. Me cuenta que la chacra donde producen es del padre de su esposo, comenzaron con lo básico y es en esa misma tierra donde él desde joven trabaja. Tienen 4 hijos, Mauricio que también produce, Cindy, Nelson y Enso, ellos ya son adultos que trabajan y estudian valorizando el esfuerzo de sus padres por el sustento diario. “Ellos ven el sacrificio que se hace en la chacra” así, con orgullo a media voz lo relata Eli, sus hijos crecieron, se formaron y hoy son personas de bien gracias a la tierra y a la lucha, la tenacidad de dos personas que apostaron toda su vida a la labor rural. “En el campo no hay fines de semana, navidades ni feriados” sí, es cierto, la dedicación de los agricultores o los pequeños productores es continua, si bien es un hábito, representa  la idiosincrasia de una población que trabaja preservando los recursos naturales y culturales que convergen en  ese tipo de economías.

Esta familia, así como tantas que nacieron y se criaron en el campo, continúan la tradición, Me cuenta que todavía en la chacra de sus suegros permanecen el trapiche que usaban antiguamente para extraer el jugo de la caña de azúcar,  que esas tierras históricamente fueron destinadas a la producción de alimentos y que nunca perdieron esa función. Que con esfuerzo y compromiso, la verdura para autoconsumo o para vender nació siempre desde ahí.

Con lo que producen y venden desde hace 15 años en la feria, pudieron darle la posibilidad de estudiar a sus hijos, buscando que en la producción ellos encuentren un medio de vida para su desarrollo.  Aunque lamentablemente en este momento esas mismas oportunidades ya no son tan reales. “Hoy el producto de la chacra ya no vale”, con tristeza Eli reconoce que el trabajo es persistente, que si se enferman o no van un sábado a la feria, o con tan solo mirar al cielo y divisan una inclemencia ya su producción perece.  “Si, esta cadena de producción se construye con el día a día”.

Es importante considerar que el mayor beneficio que nos da la agricultura, está presente en el equilibrio de una sociedad y la capacidad productiva de su suelo. La carencia de agua, es la necesidad principal que limita esta práctica, la  implementación de un reservorio o el acarreo de agua es la solución precaria para un mal  que hasta en la actualidad no se han podido enmendar. Eli apela a un pedido público sobre las mismas necesidades que atraviesan todos los colonos, una perforación para la obtención de agua.  Hay que repensar el valor que se merece el arduo trabajo del pequeño productor, el valor no solo monetario, el valor sociocultural de esta actividad y a partir de ahí planificar nuevas formas de acompañar a aquellos que procuran que el alimento llegue a nuestra mesa. 

Mónica Gómez

 

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