Hacia tierra colorada

(por Mónica Gómez)

Adentrar a la aventura de cruzar medio país con la casa en un camión lleno del valioso recuerdo de toda una vida formada en familia es casi irreal. Esa es la sensación cada vez que mi casa queda atrapada sobre la parte de atrás de un vehículo cuyo motor viaja por las mismas rutas que nuestro auto. Siempre los paradójicos mismos sentimientos, la felicidad por el nuevo destino, la incertidumbre de lo desconocido, la nostalgia de lo dejado. Todo se repite con el paso de las mudanzas.
Esta vez la felicidad del nuevo lugar es inigualable, todo lo que llega es pura emoción y se vive como un nuevo comienzo, tanto para mi carrera, como para lo personal. Llegamos a tierra colorada, a la Posada de los misioneros, a esa tierra de color cobrizo, arboles verdes tupidos, reptiles camuflados en la ciudad y las frutas desbordando por las veredas. No recordaba que la humedad y el sol costaran tanto al caminar por las calles. Tampoco al que el río que cruza por esta zona sea manzo y limpio. Lo que si esta en mi memoria es el recuerdo de las abultadas calles en barranco con bajas que te obligan a descender y respirar en cada esquina.
Todo lo nuevo que vivo ya lo experimente. Yo estuve aquí, hace 15 años, la ciudad no era la misma al igual que yo. Aun así me reconozco en cada lugar. El olor de las calles a jazmines chinos y el aroma de las prominente verdulerías que redundan las frutas de estación, todo vuelve a mí.
Como dejarse no tentar por las frutas cuando cada canasta te seduce por todos los sentidos. ¿Cómo elegir? ¿Cuál elegir? Si las abejas se asoman en las uvas para insinuar su dulzura. Si los melones perfuman la cuadra y los mangos de color amarillo brillante te resplandecen con los rayos del sol. Cada versión frutal que se presenta es de seguro la indicada. Todo en posadas desborda sabor.
El mango es uno de los productos que se pueden ver por los alrededores, exciten los tipos tradicionales o mangos grandes los que ya conocemos y otros de menor tamaño con una pulpa más fibrosa pero con sabor intenso característicos de la zona. Su producción va desde las plantas hogareñas en plena ciudad los cuales sus mismos dueños las cosechan y la venden informalmente en puestos improvisados por las calles céntricas. También la producción a gran escala que va en crecimiento constante y se supervisa por el INTA de manera de que el producto sea de alta calidad para asegurar un gran valor comercial.
Para aprovechar la ocasión de tener estas delicias a la alcance de la mano la receta es de
Torta de coco con Mango
Necesitas:
Huevos 3
Azúcar integral 250gr
Harina 0000 350gr
Coco rallado 80gr
Ralladura de limón
Leche 125 cc
Aceite 50 cc
Mango
Crema de leche
Procedimiento: batir los huevos a punto junto con el azúcar, agregar el aceite. Incorporar la harina tamizada en forma envolvente junto con una cucharadita de polvo de hornear alternando con la leche. Incorporar el coco y llevar a horno en un molde de torta. Cocinar el bizcochuelo por 35 minutos a 160° desmoldar y dejarlo enfriar. Con el mango; pelarlo cortarlo en gajos y llevarlo a macerar en la heladera por 30 minutos con una cucharada de azúcar. Preparar la crema batida y cortar el bizcochuelo por la mitad rellenar con crema y mangos. Terminar de decorar con crema, mangos y coco en escamas.