“El hecho de no aceptar lo que somos no es gratuito”

(Charla de Ezequiel Tambornini sobre el potencial del agro argentino)

“Aceptar lo que somos, agradecer lo que tenemos, es un paso necesario para poder crear las condiciones que nos permitan desarrollar el potencial genuino que permanece dormido. Pero eso depende de nosotros. De nadie más”.

Así lo indicó hoy Ezequiel Tambornini, editor de Valorsoja.com, durante una charla ofrecida en un evento organizado por Agrobit y SAP Argentina en la localidad bonaerense de Munro.

“La Argentina tiene un empleo en el mundo gracias a la agroindustria en general y a la exportación de cereales, harinas, aceites vegetales y biodiesel en particular. ¿Cómo sería la Argentina sin la agroindustria? Probablemente no sería nada”, aseguró.

La mayor parte de las divisas genuinas generadas por la Argentina proviene del sector agroindustrial. Los demás grandes sectores generadores de bienes y servicios de la economía argentina consumen muchísimos más dólares de los que generan y son “subsidiados”, en términos cambiarios, por el sector agroindustrial.

Incluso el petrolero. Los yacimientos patagónicos de hidrocarburos no convencionales (shaleoil, shale gas y tight gas) siguen por el momento siendo una promesa a la hora de pagar la cuenta porque consumen más divisas de las que generan.

“Increíblemente, a pesar del enorme capital natural y cultural que tenemos en nuestro país, la Argentina se ha transformado en una gran exportadora de turistas, algo insólito en una nación que necesita cuidar cada una de las divisas generadas para honrar sus compromisos no solo con inversores privados, sino ahora también con el propio Fondo Monetario Internacional”, apuntó.

El turismo receptivo es un factor clave para desarrollar la cadena de valor de la agroindustria argentina porque los visitantes extranjeros, además de aportar divisas, luego se convierten en embajadores de productos argentinos. Sin embargo, nuestro balance cambiario turístico es negativo. Nuestros viajeros al exterior gastan mucho más que los visitantes extranjeros que nos visitan.

“Somos una nación esquizofrénica. Nos acordamos del campo solamente cuando el tipo de cambio se dispara de manera descontrolada. ¿Cuándo van a vender la soja los productores? Como si la sola decisión de venta produjese, como por arte de magia, la materialización instantánea de dólares”, remarcó Tambornini.

“Las naciones que están orgullosas de lo que son favorecen a aquellas actividades que son constitutivas de la columbra vertebral de su economía. Y no sólo las favorecen, sino que salen en su ayuda cuando se presentan situaciones críticas. En 2009 pudimos ser testigos de un hecho histórico cuando el propio gobierno federal estadounidense creó una cantidad descomunal de dinero para salvar del colapso a su industria automotriz”, recordó.

“No es el caso de la Argentina, donde al sector agroindustrial se lo asfixia con impuestos y regulaciones excesivas. Si estuviésemos orgullosos de lo que somos, permitiríamos que el campo se desarrollara para engendrar, como consecuencia inevitable, una gran industria alimentaria que, con el tiempo, pudiese generar una cantidad superior de divisas que la propia agroindustria”, añadió.

Tambornini dijo que para apaciguar la vergüenza que sentimos por el hecho de tener un empleo agroindustrial en el mundo, le quitamos una gran cantidad de recursos a ese sector para redistribuirlos en otras industrias que sí consideramos sinónimo de desarrollo, aunque esas industrias, cuando aparecen los primeros atisbos de crisis, no dudan en suspender o incluso despedir personal.

“Para poder aplicar ese mecanismo redistribuidor de recursos, es necesario mantener la economía cerrada, de manera tal de evitar que las industrias que viven de prestado compitan con otras mucho más eficientes situadas en otras regiones del orbe”, señaló.

Los argentinos nos sorprendemos al saber que Chile –una nación con una economía tradicionalmente dependiente del negocio del cobre– logró en 2018 un mayor ingreso de divisas por exportaciones de productos no-cobre gracias al desarrollo de la agroindustria.

“Chile, una nación orgullosamente minera, se integró al mundo para promover –además del cobre– el desarrollo de todas aquellas cosas que en las que podían llegar a ser buenos. Chile tiene en vigencia quince Tratados de Libre Comercio, entre los cuales se incluyen los firmados con China, EE.UU., Canadá y México –entre otros– por medio de los cuales los bienes exportables pueden ingresar a los principales mercados del mundo sin restricciones. Y hoy son grandes exportadoras de frutas, salmón, madera y vinos, todos productos en los que la Argentina también podría destacarse si dejásemos de tener vergüenza de nosotros mismos”, explicó.

“Vivir con vergüenza no es saludable. El hecho de no aceptar lo que somos no es gratuito: genera angustia, pobreza y desesperación”, concluyó.