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viernes, 19 abril, 2024

El arte de mostrar

(Por Agustín Ponissi / ENTRENADOR NACIONAL DE BASQUET / @agus.ponissi)

-Foto! Dale, dale ponete en la foto. ¡Dale abuela ponete en la foto! Poné cara triste, o así como que ya no das para más, cuando venga el doc y te lleve tengo que poner algo en el insta. Entendeme.

¿Qué situación horrible no? Cuantos casos de personas conocemos que exponen cada punto y momento de su vida sea cual sea. Cuantas veces nos pusimos en ese lugar de prestarnos a ser expuestos por otro cuando nunca elegimos que todos sepan en donde estamos o que estamos haciendo. Y también, cuantas veces nosotros sin quererlo o sin medirlo hicimos exactamente lo mismo.

Estamos viviendo un momento (desde la creación del fotolog) en donde aprendemos y nos formamos con una necesidad extraña de mostrar cada uno de los momentos de nuestra vida. Pensado desde un punto meramente social, si analizamos los casos mas simples o cotidianos de la vida uno no se preocupa por el contenido de cada publicación realizada. Todos retratamos a nuestros amigos, parejas, perros o frisamos un momento con una foto para luego inmediatamente subirla en nuestras redes sociales. Las cuales creemos propias o privadas, tenemos que saberlo y entenderlo, todo lo que subimos a las redes (todo lo que tenemos en la computadora) dejó de ser nuestro. Cuando se subió a la nube ya pasó a ser de todos.

Tenemos muchos casos para analizar y aprender, tenemos muchos estilos de personajes dentro de las redes con diferentes tipos de publicaciones. Podemos encontrar a los enamorados, los re contra enamorados, que a su pareja a la cual acaban de despertar con un desayuno le publican una foto del mismo con un texto enorme sobre lo mucho que la/lo aman y que no pueden amar nunca mas a nadie como a ella/el. Lo importante es saber que mientras lo publican esa persona tan especial está al lado suyo, desayunando con el/ella (Juan Jara dixit). Si uno hace un seguimiento empalagoso de expresiones románticas y melódicas mientras transcurre dicha relación el punto más nostálgico es el momento del final del amor, cuando todo se termina y los textos se dedican en pasado o se convierten en frases recortadas de libros o canciones. Otro estilo que se desprende del grupo son los filósofos o aquellos que mezclan frases con sentido con fotos sin sentido. O grandes extractos de la literatura con la imagen de su mascota o una selfie contra el espejo, cosas que no cumplen con un hilo conductor o de contenido.

Hablemos ahora de nuestros queridos “famosos” o como se le dice ahora para que quede un poco más cool “influencers”. Partiendo de una base en donde el famoso debe mostrar toda su vida porque de esa manera logra mayores pactos comerciales o sea mayor dinero para su bolsillo, existen casos de publicar información de extrema privacidad. Podemos enunciar muchos casos, los que mas me llaman la atención y critico con mucha vehemencia son aquellos padres famosos que publican cosas que les suceden a sus hijos los cuales no eligen ni eligieron ser famosos o salir en todos lados. ¿Es realmente necesario andar mostrando todo lo que le pasa a un pobre bebé de pocos días de vida, cuando come, cuando duerme, cuando llora solo porque los papás son personas seguidas por un montón de personas en una red social? Que culpa tiene ese bebé que todos sepamos cuanto pesó al nacer o cuando fue la última vez que se constipó. Peores son aquellos casos donde cuestiones privadas y personales de padres o madres se debaten en redes sociales, cuestiones de amor o de intimidad entre parejas, cuestiones de si estuvo o no tal con cual y obviamente en el siguiente post que publica viene una foto de su pequeño/a hijo/a para que todos opinen y pongan cosas lindas.

Que raro se debe sentir poner algo sobre tu bebé y que todo el mundo opine para bien o para mal de algo tan propio, algo tan personal. Es importante entender donde estas personas pueden sentir cierto placer de publicar toda su vida todo el tiempo y en estos casos sin medir el daño que puede ocasionarles a terceros.

De esta manera nosotros, los que no vivimos de las redes sociales ni de publicar nuestra vida, estamos bombardeados todo el tiempo de información inútil que no necesitamos y creyendo que mostrarlo todo te hace cool o te pone de moda. Porque si el influencer lo hace yo debería hacerlo también porque eso esta “in” y yo no quiero estar “out”.

Mi opinión de esta semana no tiene que ver con ídolos y equipos o con cartas ficticias para padres insoportables. Mi opinión nació de leer en la semana una publicación tras otra de famosos que no me interesaban saber y darme cuenta que no hace falta publicar todo, todo el tiempo. Espero que no se mal interpreten mis palabras, no seamos mas papistas que el papa, todos publicamos algo personal porque nos gusta. Todos subimos fotos con amigos o con parejas, también nos gusta recibir likes en las fotos que nos sacamos para levantarnos un poco la auto estima. Nadie queda exento de esa situación porque a todos nos gusta hacerlo o haberlo hecho. Acá el problema es el exceso de publicar la privacidad o como en algunos casos publicar algo que incide en otros en terceros.

Que les parece si en vez de publicar todo, lo hacemos y lo hacemos con la gente que queremos. Si en vez de ponerle “me gusta” en la foto a la persona que nos gusta de verdad la invitamos a salir o si en vez de subir una foto de nuestra pareja con frases románticas nos encargamos de hacer todo para que esa persona se sienta querida, respetada. Si nos enfocamos en hacer y no en publicar seguramente consigamos abrazos o sonrisas en lugar de “me gustan” y algún que otro amigo en lugar de contactos de facebok.

 

 

 

 

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