EDITORIAL

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Editorial

Llegó el Ballotage …Y se hizo la luz.    “Les aseguro que si tuvieran la fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría. Y nada sería imposible para ustedes”. Mateo 17:20 Nuevo Testamento

 

Y llegó el domingo… ¿Y se hizo la luz? El macrismo llegó al poder, como era previsible, aunque una vez más también erraron las encuestas. Lo hizo por un margen mucho menor al previsto: hablaban de 8 a 10 puntos. Pero ganó por un poco menos de tres.

Dicen que terminó una etapa: la del kirchnerato que se manejó por el maquiavélico mito de que diviendo reinaría. Y lo hizo por doce años. ¿Qué dejó de bueno? Indudablemente la toma de conciencia de una fractura social que se empecinó en profundizar. Los argentinos “comprendieron” cuán divididos estaban y sobre sus enconos recíprocos. Y de que así, no llegarían muy lejos…

Si hay algo que agradecer al kirchnerismo es que ha sido el mal necesario para decidir terminar con una etapa que se arrastra de décadas.

Ahora viene una nueva, con múltiples incertidumbres tantas como los desafíos por enfrentar. Pero con expectativas, que habían perdido la mitad de los argentinos gracias al discurso sistemático que dominaba. Dicen que no hay método más efectivo y arrollador para esclavizar a un pueblo que robarle la esperanza. Y en eso anduvo el kircherismo durante más de una década.

Ahora llega un nuevo dirigente político. Con un discurso “progre”, con mucho de metafísica o de religioso (que algunos lo atribuyen a su cercanía con el budismo). Un discurso optimista y positivo totalmente opuesto al de sus predecesores: “Sí se puede, sí podemos”, fue una muletilla que sobresalió durante los festejos de Cambiemos el domingo. Algunos arguyen que es metafísica pura (somos 100% potencia, querer es poder, la palabra es decreto, la palabra es poder, y un largo etcétera); otros, espiritualidad (como la de cualquier otra religión sobre el planeta). Otros, simplemente, optimismo.

Sea lo que fuera, lo cierto es que los argentinos nos habíamos olvidados de que querer era poder hacerlo. Hasta lo imposible. Como que le gane Macri, con un partido nuevo, a la maquinaria impetuosa del estado encapsulado en el kirchnerismo.

Macri se erige hoy como un nuevo dirigente que busca espolear el sentimiento nacionalista y unificar a un país dividido mitad y mitad (52 % contra 48 %). El nuevo líder argentino tendrá el desafío de consensuar, negociar y persuadir al rezago kirchnerista (con alta representación en  las cámaras legislativas) para garantizar la gobernabilidad. Pero por sobre todas las cosas tendrá el objetivo de mantener la esperanza de un pueblo al que despabiló. Y para ello tendrá la inexcusable responsabilidad de gobernar con el ejemplo.