Por Juan Manuel Jara
En el medio de otra semana convulsionada para la administración municipal, ocurrió un hecho que merece un analisis particular. Pero antes, debemos hacer una aclaración: los hechos que mencionamos no los inventamos nosotros. Ocurren. Lo que hacemos, con nuestra labor periodistica, es exponerlos y analizarlos. Si los hechos se encadenan y no dejan de aparecer, no es nuestra culpa, tan sólo nos dan más trabajo. Aclarado esto nos metemos con el objeto de esta nota.
La provincia de Buenos Aires firmó su adhesión al programa “Municipio Unido por la Niñez y Adolescencia” (MUNA), iniciativa impulsada por UNICEF que busca “ampliar y fortalecer las acciones vinculadas a la inclusión social, la protección de derechos, la salud, la nutrición y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes”. Fue la semana pasada, en un acto en La Plata, donde los intendentes asistieron convocados por el gobernador Kicillof y tuvieron que poner la firma también en este convenio marco. Por supuesto, ahi estuvo la Intendente local, Maria José Gentile. Ahora, esa firma que Gentile estampó en este convenio lleno de buenas intenciones (veremos que llega realmente, y ojalá así sea, a la realidad de cada lugar) fue la misma que en noviembre pasado puso para cerrar la “Casa de Abrigo”, acá, en su distrito, dejando a la deriva a, justamente, chicos y adolescentes, los mismos quienes serán hoy serían beneficiados por este convenio con UNICEF. Re-loco, no?
Ya explicamos oportunamente sobre cómo habia nacido la Casa de Abrigo (ver https://www.semanarioextra.com.ar/infome-especial-la-caida-de-la-casa-de-abrigo/….), cómo se formó por entonces con un grupo de profesionales que la hicieron funcionar y muy bien, o sea, cumpliendo con la objetivo social y de protección. Al tiempo, ese equipo se fue desmembrando y conformando con otro no tan idóneo. Denuncias de presunto abuso y otras de presuntos maltratos fueron sumándose y esmerilando el proyecto, lo cual marca una clara falta de conducción y la real y poca importancia que se le daba esa herramienta de contención social. En definitiva, se optó por la solución más rápida, fácil, incómoda también. En vez de sostener la Casa de Abrigo, reformularla, se cerró. Rápidamente.
A quienes estaban ahi, porque venian de situaciones vulnerables, se los reubicó a kilómetros de su hogar, con el doble desarraigo de extirparlos de su familia y del lugar en donde intentaban encontrar una tranquilidad. La frialdad de este accionar genera, justamente, escalofríos. Si se hace una bandera de lo social hay que ser coherente con el accionar al respecto. Estas cuestiones hicieron mella en la Secretaría de Desarrollo Comunitario en donde, desde hace timepo, hay una interna silenciosa que, según se puedo conocer, apunta a la figura de la propia secretaria del area, María Márquez, y no son pocos los que marcan su frialdad para una tarea que exige empatía, contención y abrigo, como la Casa que se cerró.
Como expusimos oportunamente en aquel informe, la Casa de Abrigo es municipal, aunque esté conveniada con Provincia. Cuando el convenio vence, si el Municipio no accede a firmar la renovación, se cierra. Por eso, la definición última es municipal.
El tema presupuestario fue la excusa para el cierre. Pero, urgando en el presupuesto municipal, donde hay más de una partida subejecutada, el sostén anual de la Casa de Arrigo alcanzaba los mismos valores que lo que infiere, por ejemplo, la Dirección de Delegaciones, división con escasísismo accionar y poder de fuego, que podría seguir funcionando con menos estructura ya que depende de la Secretaria de Gobierno.
Este es uno de tantos otros ejemplos de lo que es hoy el organigrama municipal y que tiene más de un lugar donde achicar, ajustar, de esa manera, sostener el discurso que se declama de “nos importa lo social”. Bueno, evidentemente no se intentó achicar, reordenar, sacar, el organigrama municipal para sostener el funcionamiento de la Casa de Abrigo. Directamente se cerró. Eso fue soltarle la mano a aquellos chicos y adolescentes que estaban allí porque, justamente, venian de una situación de extrema vulnerabilidad. En cambio, se eligió sostener la enorme planta de funcionarios (enorme para una municipalidad en rojo que apenas presta los servicos básicos eficientemente) que es donde están los sueldos más “jugosos”. Esa “Casa de Abrigo para Funcionarios” no se toca, no se cierra.
Recordando ese accionar, que fue en noviembre del año pasado, y ver hoy la foto de la intendente firmando, en un acto netamente político (como aquel del lunes de furia rural a las puerta del palacio municipal y la intendente estaba en Lujan acompañando la inauguración de un corredor turistico que poco aporta a nuestro distrito) y ninguno de su equipo que le susurre al oído: “María Jóse, ojo que hace unos meses cerraste la Casa de Abrigo…pensalo…si hay que ir mandá a otro que firme y a poner la caripela…mirá que no nos sobra nada…”. Nada de esto ocurrió porque, y ya está más que demostrado, Gentile no tiene un equipo a la altura de la gestión. Quizás tampoco le interese o, a esta altura, es lo que hay. Una gestión, y la propia Intendente, que finge demencia y sigue adelante, con cero autocritica, siempre detrás de los hechos, victimizandose a la hora de explicar sus propios errores con esa visión “del mundo contra mí” y cada vez más encerrada en una realidad que dista mucho de la de la calle. Debe darse cuenta que, con ese accionar, se está llevando puesta la calidad de vida de los habitantes del Partido. Pero ella no es Heidi, ni una recien llegada a la política. Bien podría también haberlo pensado. Ante los hechos consumados, la foto con Kicillof, la firma, evidentemente, nada de esto ocurrió. Y ese accionar la dejó a ella y a su gestión al borde del más profundo y oscuro cinismo. Y de ahi no se vuelve más.






