Adaptarse

aula_magna01(Por Alba Fernández Zabala).

“Primer año de facultad”, esta sola frase genera tantas cosas. Primer año alejado de la familia, muchas veces de los amigos, con nuevas responsabilidades y mucho por aprender. Pasar de tener simples tareas domésticas a hacer todo por tu cuenta. Eso que parecía tan fácil se vuelve complejo; pagar cuentas, hacer las comprar, limpiar, cocinar y estudiar. Cada día se presentan nuevos desafíos, que hay que enfrentar solo. Una pelea, un parcial desaprobado, comida que se quema, ropa que destiñe. Extrañás las comidas caseras, la ropa siempre bien doblada, el olorcito a suavizante, las películas isateras y los abrazos que curan el alma. Hay que adaptarse a una nueva ciudad, con un ritmo distinto. Te volvés vulnerable, frágil, lleno de nuevas emociones que nunca antes habías tenido. Primer día de facultad, todo resulta desconocido y raro. Personas de todas las edades, de distintos lados del país y extranjeros que vienen para poder formarse y obtener un título que los capacite para poder cumplir sus metas. La mayoría en la misma situación que uno, distanciados de las familias, acostumbrándose a la ciudad. Se forman nuevas amistades, chicos y chicas con las mismas afinidades y el mismo amor por el arte. Personas que van a ser muy importantes a lo largo de toda la carrera, esos que te van a ayudar a seguir adelante y con los que vas a compartir muchos momentos. Llegan los primeros parciales y trabajos prácticos, una prueba para saber cuánto aprendiste y ponerlo en práctica. Junto con esto comienzan los nervios, el estrés, la ansiedad de querer aprobar, de querer demostrar que entendiste y que sos capaz de superar esos obstáculos. Pero no siempre se aprueba, a veces porque no lograste entender bien los conceptos, otras porque no estudiaste tanto como debías o porque te pusiste nervioso y todos los conceptos que habías repasado hasta el cansancio se borraron de repente. Aunque a la distancia, sabes que la familia siempre está ahí, apoyándote, dándote aliento para que no te des por vencido. Un parcial o un trabajo práctico, no define cuan inteligente se es o cuan exitosa va a ser tu vida. Hay que continuar, solo así podrás llegar a un objetivo. Pasan los meses y esa ciudad que tan desconocida era antes se vuelve parte de uno, casi como si hubieras estado desde que naciste. Te acostumbrás a los sonidos, la gente, el tránsito, sabés que bondi tomarte, cuales son las plazas principales, que lugares son peligrosos, donde comprar un pedazo de tela o un limón y ya no te perdés en las diagonales. A veces volvés a tu lugar de origen; para tomar mates con mamá, jugar con los primos, visitar a la abuela y comer alfajorcitos de la tía, para descansar o simplemente porque todavía queda un poquito de esa ciudad en uno. Pero ya no es lo mismo, ya no sós el mismo. Creces, madurás. El bar, la plaza y los amigos con los que siempre estás ya no se encuentran en ese lugar donde naciste, sino en ese donde ahora estás viviendo. Llega el fin de un año lleno de nuevas experiencias y sensaciones; y con ello también el cierre de notas, últimos parciales y trabajos prácticos. No podés creer todo lo que viviste en esos pocos meses; felicidad, tristeza, enojo, rabia. Exámenes aprobados y recuperatorios, trabajos de los que te sentiste orgulloso y otros que no querías ni mirar. Horas y horas de aprendizaje, diversas posturas y maneras de ver el mundo. Peleas y reconciliaciones con compañeros, amigos de oro, recitales, fiestas y cumpleaños. El esfuerzo que hiciste durante el año no fue en vano, todas las materias aprobadas, pasás a segundo año de la carrera de la que querés vivir. Cansado pero contento y con ansias de saber que pasará el próximo año. Con ganas de aprender mucho más para poder expresarte y crear. Comienzan las despedidas, esas personas de las que tan cercana te hiciste se van también, personas con las que podías pasar días enteros charlando sobre cosas del pasado o los misterios de la vida. Te invitan a sus ciudades, a conocer, a divertirte, a seguir compartiendo momentos juntos. Te esperan el año que viene, en abril, cuando comiencen de nuevo las clases, para estar cerca, para armar grupos, para estudiar. Llega el día, te vas para tu ciudad. Con felicidad porque vas a pasar tiempo con tu familia y tus amigos de allá. Pero también con melancolía, porque vas a estar lejos de ese lugar que se hizo tan tuyo en poco tiempo. Esa ciudad llena de nuevas personas por conocer y lugares por recorrer. El lugar donde podés estudiar algo que te gusta, que te hace feliz y saber que podés llegar a tener más adelante, el trabajo con el que siempre soñaste.