Mensaje de Monseñor Torrado Mosconi, sobre la legalización del aborto

La responsabilidad de cuidar la vida amenazada.

 

Nota Pastoral del Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio, Ariel Torrado Mosconi, ante el anuncio de la presentación de un proyecto legislativo sobre la despenalización del aborto.

 

Una confusión  grave acerca de los valores esenciales tiene que ocurrir en una sociedad para que se plantee el aborto como un derecho a ser tutelado por la ley como “libre, seguro y gratuito” y, al mismo tiempo, seguir enarbolando las banderas de luchas por causas muy necesarias, justas y nobles y reclamando cambios en la ética tanto de los gobernantes como de los ciudadanos.

 

La misma ciencia afirmaque el embrión en gestación ya es vida humana, poseedor de una identidad genética única e irrepetible.Por esto, en su desarrollo no va a devenir en otra cosa que no sea un ser humano. De aquí que no es pertinente argumentar que se trata todavía del cuerpo mismo de la madre.Estamos ante una nueva vida humana diferente a quien la gesta. Por lo mismo, no puede entenderse como un derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo.

 

Suele postularse el caso, ciertamente doloroso, trágico y traumático, de la violación. Aquí debe tenerse muy presente que tan víctima desprotegida e inocente es el feto como la mujer forzada. Nuestra sociedad debe procurar los medios para evitar estos hechos; y, en el caso lamentable de  perpetrarse, ayudar y acompañar a asumir y elaborar tal impacto sin necesidad alguna de terminar con esa vida engendrada en situación tan terrible.

 

También se apela a los casos de mujeres sin posibilidad de acceso a una intervención quirúrgica de -inadecuadamente llamado- “interrupción del embarazo”. En este caso, las estadísticas oficiales y extra oficiales se encargan de desmentir el argumento acerca de la enorme cifra de ellas que mueren al no poder realizarse un “aborto seguro”.

 

No podemos concebir esta cuestión como una conquista de libertad en favor de la mujer ni como un progreso de nuestra sociedad. Más bien estamos ante un retroceso, una muestra de decadencia y un síntoma de degradación. En esta coyuntura cabe preguntarnos: ¿tanto terreno ha ganado el individualismo como para oscurecer la conciencia y endurecer nuestra sensibilidad que ya no podemos integrar, defender y proteger la vida humana es su etapa de mayor vulnerabilidad e inocencia? Y también: ¿cuál es la situación y la perspectiva de futuro de aquellas sociedades y estados que ya han legalizado esta práctica?

 

Convoco y exhorto,tanto a los fieles católicos como a las personas de buena voluntad, a aunarse en una positiva, activa y generosa defensa de la vida por nacer. Está en juego el valor supremo de la vida, fundamento de todo  derecho humano, que hace legítima y coherente, las otras causas y luchas por la dignidad de las personas.

 

Porque creemos, deseamos y trabajamos por un futuro mejor para todos, y no deseamos que nuestra nación se encamine inadvertidamente por una senda de decadencia sin retorno, manifestemos nuestra convicción en favor de la vida.

 

+Ariel Torrado Mosconi

Obispo de Nueve de Julio

 

 

Respetuosos de la vida

La vida humana es un don.Esta es una experiencia compartida de muchos hombres y mujeres, sean creyentes o no. Se refleja en el rostro de los padres cuando contemplan por primera vez a sus hijos. El anuncio de la espera de un hijo es una alegría que se comparte con familiares y amigos.

Pero a veces en la historia de otras personas no es así, no es algo deseado, esperado, decidido, aunque en ocasiones en los meses siguientes se redescubre la belleza de esa vida que viene en camino.

Para otros, la concepción de esa vida no fue fruto de un acto de amor, y hasta pudo haber sido consecuencia de una acción de abuso y violencia hacia la mujer.

Allí es cuando surge la pregunta humana y ética sobre qué hacer. En la forma de responder la pregunta se cae muchas veces en plantear un enfrentamiento entre dos personas en situación de vulnerabilidad. Por un lado la mujer, que no decidió ser madre, suele encontrarse en soledad y la mayoría de las veces en un contexto de pobreza; por otro lado, la vulnerabilidad de la vida humana concebida que no se puede defender. Debiéramos escuchar tanto a las madres embarazadas que sufrieron una terrible violencia sexual, como así también contemplar el derecho a la existencia de los inocentes que no pueden defenderse.

La pregunta humana y ética es: ¿hay que optar por una vida y eliminar a otra?

La eliminación de la vida humana del que no se puede defender instaura el principio de que los más débiles pueden ser eliminados; acepta que unos pueden decidir la muerte de otros. Hace unos años con la sanción de la Ley “Asignación Universal por Hijo”, el Honorable Congreso de la Nación demostró una vez más en su historia republicana un alto grado de sensibilidad humana a favor de la familia y de la vida de los niños y jóvenes más pobres. ¿No se podrá continuar por ese camino legislativo?

La solución o el camino para abordar estas situaciones es la implementación de políticas públicas que:

– Establezcan como prioritaria la educación sexual integral de la ciudadanía, en la que se fomente y capacite para la decisión libre y responsable de concebir una vida humana. Todos tenemos necesidad y derecho de ser recibidos como hijos.

– Reconozcan la dignidad de la vida humana desde el comienzo de su concepción pasando por todas las etapas de su desarrollo, la dignidad e igualdad de la mujer y el varón, y se implementen acciones tendientes a encarar las causas de la violencia hacia la mujer generando nuevas pautas de conductas basadas en el respeto al otro

– Acompañen, desde lo social, las situaciones de conflicto y atiendan las heridas que quedan por sanar en quienes están atravesando por estas situaciones.

El diálogo democrático

Estamos ante el debate parlamentario de distintos proyectos de ley. Es necesario, que más allá del buen funcionamiento de nuestro sistema republicano en el cual se legisla a través de los representantes del pueblo, se tenga en cuenta que este tema toca profundamente el tejido de nuestra sociedad.

Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión.

Junto con todos los hombres y mujeres que descubren la vida como un don, los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas.

 

23 de febrero de 2018.

+Oscar Ojes, Mario Poli, Marcelo Colombo, Carlos Malfa

Comisión Ejecutiva de la

Conferencia Episcopal Argentina