El dúo dinámico

 (Por  Juan Manuel Jara) 

Brillan en la obra “Mi mujer es el plomero”. Sergio Pignataro y Martín Bonafina, una dupla de actores que arranca la carcajada de la platea. Anécdotas de backstage.

            La platea del Rossini se pone de pie para cuando finaliza la función de “Mi mujer es el plomero” para aplaudir a los actores de la obra que este año pone en escena el Grupo de Teatro de Caritas. Desfilan los intérpretes para recibir el mimo del público. Hay un momento en que el aplausómetro rompe marcas y es cuando Martín Bonafina y Sergio Pignataro salen juntos a saludar. La gente reconoce el gran trabajo de este dúo que hace imposible no comparar, pero si tener como referencia, a otras grandes parejas de actores que supieron funcionar muy bien en dupla. La obra ayuda, el resto del elenco también, y ellos la pasan bien en cada función.   

            SEMANARIO EXTRA: Se divierten en el escenario ¿no es así?

            SERGIO PIGNATARO: si, es cierto. Con Martín nos divertimos mucho y a veces tenemos que hacer fuerza para no reírnos

            SE: ¿Cómo fue el momento en que se repartieron los papeles?

            MARTIN BONAFINA: Sergio está en el grupo que se encarga de seleccionar la obra y luego esa obra se adapta a los actores que tiene el grupo. Y cuando a mi me tocó, Sergio me dice: “mirá, son dos personajes en uno, un poco mas jugado que otros años”. Le dije que sí, que no había problema. Empezamos a ensayar. Costó agarrarle el ritmo porque es actuar, hablar y hacer las acciones, pero al final salió. Estoy contento con el personaje, es muy cómico, permite jugar, nos hemos equivocado y hemos seguido para adelante.  Muy contento.

            SE: ¿Te fue fácil?

            MB: No, fácil no. A mi gusta sacar gestos y cosas de gente de la calle. Así que es algo muy trabajoso en un papel que además es muy físico porque es el plomero con el espíritu de la mujer. El papel decía específicamente que era el cuerpo del plomero, como hablaba el plomero con los gestos, y la voz de Daniela, así que era muy trabajoso el tema y bueno, trabajamos en eso y salió lo que salió.

            SE: Sergio ¿cómo llegaste a Juan?

            SP: Es como dice Martín. Nosotros somos tres o cuatro que leemos varias obras. Elegimos la que vemos que puede ser. Y esta obra nos gustó, ya la habíamos leído el año pasado y no recuerdo porque no la hicimos, nos había gustado. Nosotros sabemos lo que puede hacer un compañero, lo que puede dar, lo que no puede. Y sabíamos lo que podía hacer Martín. Fuimos viendo lo personajes y quien los podía hacer. En el caso de Martín era bastante determinante el personaje porque había que buscar a alguien que se animara a hacerlo y que pudiera hacerlo. Y estimamos que podía ser él. Empezó a trabajarlo y nosotros desde afuera veíamos como iba creando el personaje. Vos ves como tu compañero va evolucionando en el personaje. No es un travesti, no es un gay, es una mujer reencarnada..

            MB: La voz me costó mucho…pero llegamos.

            SP: En esta obra nos llevó mucho tiempo coordinar los movimientos, las entradas, y a veces estás más concentrado en eso que en la letra.

            SE: ¿El dinamismo que tiene la obra les implicó un plus?

            SP: Si, nos llevó mucho trabajo de coordinación, de timming..Mi papel no tiene nada particular, no tiene creación, es un hombre normal, soy yo nomás que actúo, pero el de Martín tiene creación, también el del portero, que tiene poca letra, tiene creación.

            SE: Es un gran personaje.

            MB: Se fue creando. Era un personaje que no tenía relevancia en la obra y Gustavo le fue encontrando el punto. La gente se mata de risa. Se va haciendo en la obra, se va creando. A veces nosotros mismos o el director decimos “che, decí la letra de esta manera o de esta otra”. Antes de cada función estamos en el camarín con Sergio y repasamos la letra y hacemos un ping pong de distintas partes para tener la letra fresquita. Porque ahora ensayamos solo los jueves, como recordatorio.

            SP: Esta obra tiene partes muy parecidas. Si yo le erro, me salto diez hojas, tiene respuestas parecidas. Eso nos costó mucho. Y las entradas y salidas también. “De profesión sospechoso” también fue una obra complicada por las entradas y salidas. Teníamos varias cosas marcadas. Tenía mucho de sincronización.

            SE: ¿Cuándo se sintieron cómodos con la obra?

            SP: Yo diría que a partir de la segunda o tercer función.

            MB: SI, porque la primera y la segunda son más tensas. Pero a partir de la tercera ya sabés si la obra gustó, sabés cuándo se ríe la gente, ya te sentís más cómodo y allí es cuando fluye. Me ha pasado que a mí se me ha puesto la mente en blanco y con un chiste, el (Sergio) me lleva y arrancamos de vuelta.

            SP: Uno le va tomando el tiempo a la obra y puede jugar más. Todo está menos mecanizado. Tenés más tiempo para alargar escenas que sabés que la gente se ríe.

            A veces se divierten con el público. Ellos mismo se tientan con alguna risa particular de la platea. Meten chistes de gente que está presente en la sala. Juegan con eso y a la gente le gusta y los disfruta.

            Sergio Pignataro lleva 25 años en el Grupo de Teatro. Martín está desde el 2007. Pignataro siempre tuvo una beta actoral. Empezó en el 73 a los 17 años, siguió en La Plata en su época de estudiante de abogacía. En las fiestas del día de abogado tenían una troupe llamada “Embargo preventivo” y hacían sketch. Y en el año 93/ 94, habló con Eduardo Bonoldi y entró al grupo, y su primer desafío fue “Las del Barranco”. Pero “Las de enfrente” fue la que más le gustó.

            Bonafina entró con “La Nona”. Estaba haciendo un taller de teatro con Belén Bianco y un día se sumo al Grupo de Teatro. “Las de enfrente” también lo marcó.

            SE: ¿Tienen algún ritual antes de salir a escena?

            SP: no, no…

            MB: No, solo decirnos entre nosotros mierda, mierda, mierda y listo.

            SE: ¿Y cómo es la previa?

            SP: Llegamos antes, media hora, 40 minutos, pero no tengo algún ritual. Eso sí, no me preguntes por que, pero ese día me gusta quedarme en casa y a la tarde me acuesto, me levanto, le pego una mirada a la letra, tomo mate, pero ningún compromiso, nada de ir a la casa de, no… espero la hora de ir al teatro y ese si es un ritual. Pero en el teatro no…eso sí, concentrado. Si uno cree que se la sabe, ahí es cuando perdió.

            MB: Eso sí porque uno tiene que estar atento a lo que tiene que decir, donde se tiene que parar, quien tiene que entrar, así que hay que estar muy atentos.

            SP: la concentración es importante, porque un olvido o una distracción por ahí hacen que una escena pierda comicidad.

            SE: En esta obra se ve la buena química que hay entre ustedes.

            MB: Bueno, el grupo en realidad…pero eso que decís te lo dan los ensayos, tanto repasar la letra, los movimientos. Yo sé que Sergio va a ser tal cosa en un momento y lo tengo que esperar porque el público se va a reír o cosas así, bueno eso te lo van dando los ensayos.

            SP: Pero en todo el grupo está esa buena onda, desde los que maquillan, los técnicos, todos. La selección de la obra implica quizás que no todos los del grupo puedan actuar, pero no es problema, la gente que no le toca actuar apoya. Esta obra son ocho actores en escena.

            SE: ¿Cuál es el plan de trabajo usual desde que eligen la obra hasta el estreno?

            SP: este año arrancamos el 3 de abril, ensayando tres veces por semana, lunes, martes y jueves.

            MB: Ensayando casi dos horas, con frío, cansados, porque todos trabajamos.

            SP: Son meses feos para ensayar, mayo, junio, julio. Te digo la verdad, no te dan ganas de ir, te soy sincero. Pero vamos. Hay que ser responsable. Imaginate si faltan los que hacen personajes como los nuestros, ¿qué hacés? Alguien tiene que leer la letra…pero no es lo mismo.

            A Sergio le gusta Francella, toma gestos, su comicidad. Le gusta observarlo como encara determinadas situaciones. Brandoni también está entre sus referentes. Y se nota.

            Martín se identifica con Olmedo, o Porcel, ese humor de a dos.

            El año próximo serán los 30 años del Grupo, así que tendrá que ser algo especial. Recién en febrero generalmente se toma la decisión. La idea es cada vez arriesgar un poco más. “La gente nos dice que esta obra está mejor que la del año pasado”, cuenta Bonafina, ”y bueno, trataremos que la del año que viene sea mejor que esta”.

            Paradójicamente, Sergio reniega de la lectura de libros para elegir la obra, le parece algo aburrido, porque “la tenés que leer y analizar a la vez, cuantos personajes son, quienes son, y te perdés con la obra. A veces nos ha pasado, como con “Se casa el pajuerano”, y dije que no, no me la imaginaba, solo la leí. Pero cuando la empezamos a hacer tuvo cosas que al público le encantó”.

            SE: ¿Cuánta bola le dan a Bonoldi, el director?

            MB: Bastante, bastante…

            SE: ¿Y cuándo le dejan de dar bola?

            MB: ¡Arriba del escenario! (risas)

            SP: Si, si…Una vez que estamos arriba….el otro día nos dijo: “ustedes putean mucho, no es necesario”

            MB: Porque era un ensayo general que con Sergio jugamos un poco más, y nos dijo eso.

            SP: No, hablando en serio, nos da una visión desde otro punto y marca cosas que nos sirven, como dónde ponernos, donde queda mejor, si tenemos que hablar más fuerte.

            SE: Entonces le dan bastante bola…

            SP: Si…si pudiéramos lo cambiaríamos, pero…

            SE: Es lo que hay

            SP: Exacto, vos lo dijiste, es lo que hay.      

            ¿Aún no la vieron? Quedan dos funciones para disfrutar de una muy divertida obra, pero sobre todo, de un grupo de actores locales que se lucen en las tablas del Rossini.