¿Condenados al éxito?

(Por Juan Manuel Jara)

Lamentable. Una vez más es lo que mejor describe lo que vimos el jueves pasado y este lunes dentro y fuera del Congreso. Afuera, la intolerancia de siempre. Adentro, la clase política en su Olimpo de mediocridad. Y esa sensación de “deja vu” al ver escenas que nos muestran que, una vez más, pasa el tiempo, pasan los años, los gobiernos, tropezamos mil veces con la misma piedra y los problemas siguen sin solución. Y que además somos incapaces de pensar en conjunto y trabajar en consecuencia. La mítica frase de Duhalde post 2001 (los argentinos estamos condenados al éxito) sigue siendo una utopía.

                Reconozcámoslo. La historia lo demuestra así. Siempre la división por algo. Los grises o las alternativas no existen para nosotros. Los políticos siguen vendiendo humo en campaña y demostrando poco sentido común cuando están en el gobierno. Todos. Los que pasaron y los de ahora.  Y con muy poca calle. Por ejemplo … ¿a ningún “cráneo” de los “think tanks” marketineros del Gobierno se le ocurrió pensar lo inconveniente de tratar un tema altamente sensible como la reforma previsional a pocos días del 20 de diciembre, fecha que ya de por sí, desde el 2001, genera cada fin de año un clima de tensa calma? La respuesta es no. ¿Cuál era el apuro? Jugaron con fuego. Escenas lamentables hemos visto. Y una muestra más de la pobreza de nuestra clase política.  La ceguera que produce el poder  absoluto. Y esa maldita grieta en la que de un lado y del otro creen que todos estamos en esa disputa de ver, y disculpen lo burdo, “quien la tiene más larga”. Mediocres, de un lado y de otro. Fanáticos, que terminan haciendo lo mismo que le critican al otro. Porque en el fondo son iguales.

                Un ajuste a los jubilados… ¿y para cuando el ajuste en la clase política? ¿Predicar con el ejemplo? Nunca, porque es una matrix que les conviene a todos. Cobran bien, trabajan poco, buena jubilación (que cuando hay alguna reforma previsional no entra en juego!!!) y la posibilidad de “ayudar” a familiares y amigos metiéndolos en el sistema. Y el Poder, esa Medusa que los termina hechizando y  convirtiendo en piedra, empezando por sus caras.  La idoneidad no es un requisito. Nunca lo fue. O díganme si salvo en lugares puntuales, un profesional del tema está al frente de un Ministerio o Secretaría. Ejemplos sobran. A nivel nacional, provincial y también, municipal. Y así estamos. Y me permito citar a un amigo: estamos como estamos porque somos lo que somos. Lo que sí está bien claro que, evidentemente, si a algo no estamos condenados es al éxito.