Artistas locales: Guadalupe Gaig

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Guadalupe Gaig

“La pintura fue siempre para mí una vocación”. Cuando comienzas una pintura es algo que esta fuera de ti.  Al terminarla,  parece que te hubieras instalado  dentro de ella.

Fernando Botero

 

Cuando tenía tres años realizó su primer dibujo. “En la Escuela de Hermanos no había jardín para tan chiquitos pero iba mi hermana y volví loca a mi madre y logré que me mandaran – sonríe-. Allí  me recuerdo pintando con témperas, una flor de color azul y pensando que  flores azules no había. Allí comencé a experimentar y a descubrir los colores y sus mezclas”, recordó Gaig.

Su devoción por ese arte fue en parte por motivación familiar pero tuvo mucho de virtud nata. “La motivación familiar es importante en todo pero uno siempre tiene que traer algo innato”, asegura. Y recuerda que desde pequeña tuvo cientos de motivaciones: su padre realizaba en su época de la adultez  tallas de yeso y  su mamá fabricaba juguetería, mientras su tía era devota por el teatro y su casa estaban llenas de libros y pinturas… “Las motivaciones de la infancia son muy importantes –reitera- y alguna de ellas siempre van a aflorar”. En su caso fue la pintura.

Es docente pero siempre fue una especie de buscavidas. “No me gusta el sistema, nunca me gustó trabajar en las escuelas”, reconoce. Si bien durante varios años dio clases de plástica  prefirió abrir sus propios caminos. Y lo logró: trabajó  en construcción, vendiendo planes, estampando ropa y manteles, fabricando ropa para chicos, haciendo muñecos y un largo etcétera. “Los tiempos eran díficiles y tenía cuatro hijos. Debía sacar conejos de la galera”, enfatiza. Y su conexión y habilidades para las manualidades y las artes le ofrecieron esa posibilidad.

A sus permanentes ideas creativas para contribuir al sustento familiar, sumó en los “80 las clases particulares de alumnos, actividad que hoy se dedica casi exclusivamente con apoyo escolar.

 

De chica dibujaba constantemente pero en la adultez, la vida cotidiana la alejó de la práctica. Hasta que comenzó a realizar terapia (a raíz de la pérdida de un hijo) que la condujo primero a formar el grupo RENACER en Nueve de Julio, un grupo de autoayuda de Padres que perdieron a sus hijos y los devenires de los acontecimientos la contactaron con una artista plástica de Bragado, Mónica Cossia. Así volvió a su primer amor: la pintura.

“Mónica pinta más abstracto, yo, en cambio, prefiero lo figurativo –se diferencia Gaig-. Parto siempre de un tema y de una historia”, asegura mientras señala a uno de sus cuadros “El Santo Entierro” que exhibe en su casa y forman parte de una serie denominada  La Piedad. “Cualquiera de mis cuadros tiene una historia, siempre parten de un tema en particular. Este es una interpretación, en una combinación entre abstracto y figurativo de La Piedad de Miguel Angel. Los tres tienen una misma temática, la muerte de los hijos, pero interpretado de distintos lugares. Uno sea o no cristiano, la representación más universal de esta pérdida, está en la figura de Cristo. Gaig tiene sus propios gustos a la hora de volcar su creatividad en un lienzo.

Asegura que no usa el color negro y que cuando debe usarlos realiza una combinación de colores o prefiere el gris perla. Varía también, de acuerdo a lo que para ella demande cada pintura, entre óleos y acrílicos. La temática es variada pero siempre llena de simbolismo y con un toque de realismo. Tal es el caso del cuadro del Cristo Crucificado. “En el imaginario popular siempre hay un Cristo rubio, delicado, lindo… pero preferí pintarlo con manos grandes.  No olvidemos que era un carpintero”, califica.

Si bien sus temas son variados, cuenta entre sus obras con una temática recurrente: el cristianismo. Gaig es católica por herencia familiar pero no practicante y asegura que sus pinturas tienen más de realismo y de lo que sucede en una época que de religiosidad. Sin embargo reconoce “que la educación cristiana puede haber influido mucho sobre ella. No practico ninguna religión, las respeto pero no las practico. Pero se nota que influenció sobre mí los catorce años de mi educación religiosa. Pero los temas, los veo más desde el punto social que desde el religioso”.

Así vuelve al Santo Entierro. “Lo pinté durante la Guerra del Golfo y tiene que ver con las víctimas, con las guerras, con las muertes y con el dolor. Toma a Cristo y a María, simplemente como madre e hijo, como valores universales: la representación de la maternidad y la pérdida de los hijos”, aclara.

La pintura fue siempre para mí una vocación – enfatiza- . Es un lujo para mí. Nunca la tomé como una terapia aunque sí, la terapia que realicé logró que me conectara nuevamente con ella”, explica.

Gaig asegura que no puede pintar lo que le piden, sino lo que ella crea, lo que sale de ella. Si bien no critica y respeta a los artistas que pintan de acuerdo a las demandas, ahora muchas veces, más decorativas que artísticas, ella se inclina más por la figuración. “Muchos dicen: Ah, pero vos pintaste tu vida. Y, si por supuesto”, afirma con la convicción de que todo artista pinta consciente o inconscientemente dejando en cada lienzo parte de su mundo interno.  “Hay mucha gente que combina colores y apunta más a lo decorativo. Son como algunos escritores que escriben sobre otros. También es arte pero, en mi caso, no hago arte decorativo. No pinto solo por decoración. Pero cuando pinto un cuadro mío, por trabajo, pongo todo lo que siento y lo que pienso”.

Y qué sucede cuando ve que la gente interpreta sus cuadros en forma distinta con el significado que Ud lo cargó a la hora de pintar. “Me parece extraordinario porque quiere decir que cada uno tiene una historia y una mirada distinta. Cada cual ve la realidad desde su propio cristal, que siempre es diferente. Por eso nunca discuto ni de  política ni de religión ni de nada… Cada cual interpreta la realidad de acuerdo a su educación, a su origen y a su historia personal. Y todas las miradas son enriquecedoras”, finalizó.

Dicen que todos tenemos una misión en la vida. Y Gaig está convencida que es la pintura cuando asegura que se siente culpable cuando no pinta. “Es como que no estoy cumpliendo con algo. Me siento culpable cuando no pinto. Es más, cuando me acuesto a la noche, pienso en las pinturas”, finaliza.

 

 

EPIGRAFE == El Santo Entierro: Cristo yace ante La Virgen, Marta (la hermana de Lázaro) y María Magdalena.