“A nadie se le ocurre poner un tambo para hacer plata”

Por Daniel Aprile, Periodista Agropecuario

 

La frase pertenece a un tambero de Entre Ríos que dijo basta, cansado de luchar contra todo. se dio por vencido y cerró su tambo.

Argentina puede ser un gran productor y exportador mundial de lácteos. Afirmo esto porque por estas pampas hay tradición, conocimiento, clima, genética y fundamentalmente tamberos, con todo lo que eso representa hoy en día: ser sobrevivientes productores que tras muchos años de batallas aún hoy confían e imaginan en sus mentes en un futuro que varios funcionarios prometieron.

Pero ese futuro aún no llega. ¿Qué pensará un productor lechero de Santa Fe o de Córdoba que ha sufrido una inundación brutal en los últimos dos años? Me intriga saber qué pasa por sus mentes cuando escuchan una y otra vez de boca de quienes manejan los hilos de la lechería, que “vamos por el buen camino”.

Si de algo se ha jactado el gobierno en estos dos años fue de lograr correr del centro de la cancha al sindicato que agrupa a los trabajadores de la industria, al tiempo que comenzó a blanquear datos que desde hace tiempo eran poco convincentes o nulos. Pero las mejoras aún no llegan, ni en el sector primario ni en la industria.

Hoy la foto de la lechería pone al descubierto una realidad muy compleja, con la que se arma un combo letal para el tambero: insumos que aumentan como resultado del tipo de cambio flotante, cada vez más altos costos internos, energía por las nubes (combustible, gas, luz) y un precio en tranquera de tambo que se mantiene estancado desde hace casi un año.

A pesar de que algunas variables económicas se están recuperando para la producción de leche, muchos pequeños y medianos tamberos agonizan y las perspectivas a corto y mediano plazo no son alentadoras.

Durante 2016 la producción de leche fluida cayó un 12,5% y cerro el año en 9.895 millones de litros, el peor volumen en 46 años. Los siguientes 12 meses, con las principales cuencas lácteas excedidas de precipitaciones, no lograron revertir esa tendencia y por eso el resultado al iniciar un nuevo año es previsible: más cierre de tambos.

Como si todo esto fuera poco, la recuperación económica sigue esquivando los sectores más vulnerables de la población que son los mayores consumidores de leche y por ese motivo, no hay buenos indicadores si de consumo se trata.

Para ponerle nombre y apellido a esta situación, me permito contar la historia de Horacio Bauer, tambero de Entre Ríos desde hace 44 años. Sus padres comenzaron con un establecimiento en 1973 y desde entonces todos, incluyendo sus hijos, trabajaban en el tambo que en estas horas cierra definitivamente sus puertas.

“HAY QUE SER MUY GUAPO PARA DESENTERRAR VACAS EN EL BARRO Y VER COMO SE TE MUEREN LOS TERNEROS; NOSOTROS PUDIMOS SORTEAR TIEMPOS MUY DIFÍCILES PERO ESTO NOS SUPERÓ”.

Horacio tiene bronca y está cansado de empresarios a los que “les importa un carajo” lo que pasa con el productor. Sufre cuando ve que todos los días aumentan los precios del sachet de leche en los supermercados mientras él recibe los mismos 5 pesos con 50 centavos desde hace casi un año.

El bajo valor que recibe por litro de leche no es el único problema: las usinas bajaron los precios y ahora proponen desdoblar los pagos adeudados en un contexto en el que la asistencia financiera es una misión imposible.

“DEL BANCO NACIÓN NO HAY NADA, PORQUE PARA TOMAR EL MÍNIMO CRÉDITO TENES QUE ESTAR AL DÍA CON TODO Y SI ESTAS EN ESA SITUACIÓN QUIERE DECIR QUE NO ESTAS TAN MAL”.

Etchevehere y Sammartino. Parece mentira que la propia gente del campo dilate las decisiones que debería tomar con más celeridad: el gobierno piensa a muy largo plazo y mientras tanto a muchos tamberos se nos va la vida. No hay una política desde el gobierno nacional para atender las necesidades de los productores y la realidad es que “el que cierra un tambo no lo abre nunca más”.

“TENER UN TAMBO ES UNA CUESTIÓN CULTURAL EN EL CAMPO, A NADIE SE LE OCURRE PONER UN TAMBO PARA GANAR PLATA”.

Horacio proclama que “nuestro tiempo es hoy y las necesidades son hoy, esto no es herencia ni lo que pasó”. Por eso ruega que lo que hoy le toca vivir llegue a oídos de quienes tiene que llegar.

Con las industrias en problemas, sin capacidad de pago y ante la realidad que viven los productores, no hay que esperar demasiado para ver cómo desaparecen los tambos pequeños, como el de Horacio Bauer. Los tamberos de pequeña escala están en extinción y son el eslabón más débil de la cadena: las grandes industrias pagan a largo plazo y a valores contenidos, mientras el sector primario le pone el pecho al clima, a los caminos rurales destruidos y a los altos impuestos. Es una misión imposible y queda claro que la lechería esta en crisis, o peor aún, se trata de un inexorable camino hacia la concentración del negocio donde sólo se benefician los grandes empresarios.

Por ahora, funcionarios, políticos y representantes de productores intentan que una serie de medidas presentadas al propio presidente Mauricio Macri resuelvan la decadencia en la que esta inmerso todo el negocio lácteo en Argentina. Nadie entiende que los tiempos de la política no son los tiempos de la producción, entonces sólo queda saber si se encontrará la cura para un enfermo que hasta ahora, parece terminal.