Xenofobia no, control sí

xenofobia-294x300A la hora de hablar de seguridad, se escuchan, sistemáticamente en la ciudad, declaraciones de funcionarios públicos sobre la cautela, el recelo y hasta las sospechas que infunden todo ciudadano que ingresa a la ciudad y que procede del conurbano bonaerense y/o de grandes urbes como Capital Federal y La Plata.

Generalmente la connotación suena peyorativa y las expresiones generalizadas hieren la sensibilidad de ciudadanos de bien que también proceden de esos destinos y que, eligen a este ciudad, como su nuevo hogar, muchas veces huyendo de la intranquilidad, inseguridad y stress.

Si bien no hay estadísticas, es palpable en el común de la población, que cada vez más son las familias que deciden rescindir un poco de ganancias a cambio de un mayor rédito en calidad de vida para sus hijos. Las solicitudes de ingreso para nuevos alumnos en las escuelas son fieles reflejos de este nuevo movimiento migratorio que, aunque pequeño, es notorio. Muchas de ellas son familias de padres profesionales o trabajadores, ciudadanos de bien que nada tienen que ver con el mundo del hampa, si se permite el término.

Pero las generalizaciones a veces provocan injusticias. Y por supuesto, duelen. Y éstas, que son una moneda común en las manifestaciones públicas, no son una excepción a la regla.

Es cierto que, como contrapartida, existe otro nuevo fenómeno social, aun no investigado por la sociología actual, de estas migraciones de delincuentes acorralados, o saturados sus mercados buscan abrir otros y se trasladan desde las grandes ciudades (o de las que tienen mayores índices de delitos) a otras más alejadas, generalmente también más desprotegidas y por supuesto, más desprevenidas.

Cautela, señores, a la hora de hablar. Las generalizaciones ofenden tanto como aquellos discursos que aseguran que los delincuentes delinquen porque son pobres.