Volando alto

Tomas Irureta Alumno y Roberto Segovia, Instructor.(Por Juan Manuel Jara)

 

 

Planear suavemente entre el cielo y la tierra. Todo lo que hay que saber sobre esta disciplina de vuelo que hoy es el centro de las actividades del Aeroclub de 9 de Julio.

 

 

        Sin dudas que el predio del aeroclub es uno de los lugares más lindos que puede ofrecer 9 de Julio, punto de cita imbatible para la mateada de sábado o domingo por la tarde. Y qué decir para los amantes del vuelo para quienes el aeroclub es su templo de veneración a una actividad que se torna pasión en cualquiera de sus variantes. Pocas experiencias pueden ser tan movilizantes como la del vuelo en planeador. Las vistas, los suaves movimientos y ese momento clave cuando se suelta el gancho del avión remolcador y comienza esa catarata de sensaciones únicas. 

 

Planeando volar

 

        El vuelo a vela o vuelo sin motor es una modalidad aérea que técnicamente consiste en pilotear un planeador recorriendo distancias elevándose solo con los movimientos de las masas de aire. Sus orígenes se remontan a Alemania cerca de 1920, cuando se celebró el primer concurso de planeadores en Wasserkuppe. Hoy mismo, es el país con más pilotos de planeadores en práctica y donde más innovaciones técnicas se producen.

        Es una disciplina que tiene su faz deportiva y que despierta pasiones. Dentro de las actividades del aeroclub de 9 de Julio está muy en auge el vuelo a vela. De hecho, hay una escuela que hoy cuenta con casi 12 alumnos activos y otros dos que están a punto para dar su examen de graduacion. Las edades van de los 18 hasta casi los 50 años.  A partir de los 15 ya se pueden tomar clases. Lo que es fundamental para cualquier curso de piloto es, por supuesto, el examen psicofísico. Y la recomendación es hacerlo directamente en el Instituto Nacional de Medicina Aeroespacial (INMAE). Es simple: sangre, orina, rayos de tórax, audiometría y, claro, vista.

        El psicofísico es fundamental para tramitar cualquier licencia, comercial o privada, y por supuesto, para volar. La diferencia es que un piloto comercial debe renovarla anualmente, mientras que los privados cada tres. En cada aeródromo hay un Jefe que lleva una planilla y controla a quien se le vence el examen y exigirle tenerlo al día. Si no lo tiene, no se puede volar.

        También el aeroclub local tiene el curso de piloto privado, aunque por el momento no se está dictando porque el avión escuela está en reparación. En breve estará nuevamente en condiciones de volar y con ello volverá ese curso.

 

Costos y beneficios

 

        Roberto Segovia es el instructor a cargo de formar a los pilotos de planeador. Es el único profesional activo en la ciudad. El planeador escuela es de origen alemán. Es un modelo viejo, pero es muy lindo para volar, según los mismos pilotos.

        Todo ok, pero…llega la pregunta indiscreta: ¿cuánto cuesta esta movida? Anoten: cada vuelo de planeador en instrucción cuesta $ 600. Hay unos $2.000 que se pagan a modo de inscripción y con ello se le da al alumno la libreta de vuelo -en la cual va a llevar el control de sus horas-, un manual de instrucción y las clases teóricas. Hay que cumplimentar cuarenta vuelos para recibirse, o sea que el costo total sería  alrededor de $ 26.000.-. En el valor de cada vuelo está incluido un seguro total y contra terceros, el instructor y el gasto de combustible del avión remolcador.

Una aclaración: esas cuarenta horas de vuelo obligatorias se pueden cumplimentar a lo largo del tiempo, no sirve hacerlas todas de golpe. Hay un mínimo de seis meses de tiempo y un máximo de dos años.

Esta es la recomendación de los pilotos avezados para todos aquellos que arranquen un poco ansiosos con lograr su licencia en trámite exprés. Lo que se busca es asimilar bien los conocimientos que se van adquiriendo, para que no se diluya el entrenamiento en el tiempo. Y también se ayuda al bolsillo, sin dudas, ya que así el costo total se aliviana en el tiempo.

 

El paseo obligado  

 

        Desde hace casi treinta años que Julio Cesar Mascheroni es asiduo visitante y participe del aeroclub. Viene del aeromodelismo, que es otra actividad que tiene su grupo de seguidores en esta institución. Ahora la comparte con la pasión que le despertó el vuelo a vela y que lo llevó hace dos años a hacer el curso de piloto y hoy, con su licencia obtenida hace unos meses, disfruta de esta modalidad. Además, hoy es el tesorero de la Comisión Directiva del Aeroclub de 9 de Julio.

        “Tengo tanto aprecio por el club que en la semana, después de almorzar, con mi señora nos vamos hasta el aeroclub, charlamos, doy una vuelta y me vuelvo. Yo disfruto de todo, el salir con el planeador, remontar mi modelo de aeromodelismo, los asados, los mates, los viajes, la camaradería, son casi treinta años que voy al club”, cuenta Mascheroni a manera de explicación de su apego sentimental por esta institución.

        En sus comienzos, allá por los años 1920/1930, los planeadores se lanzaban desde lo alto de una ladera ayudados por un sistema de gomas elásticas. Años más tarde se pasó al despegue remolcado por un avión a motor. Actualmente, en el aeroclub no hay mujeres realizando el curso de piloto.  Pero en 9 de Julio esta María Poratti, que es la primera mujer piloto aeroaplicador del país, y es quien hace los remolques en el aeroclub.

 

Llegar lejos…y volver

 

        No hace falta pilotear un avión desde adentro. También están quienes lo hacen sin despegar la suela de sus zapatos de la tierra. Desde hace muchísimos años el aeromodelismo tiene su espacio destacado en el aeroclub. Cada uno tiene su modelo. Y es un gusto poder disfrutar de una actividad también como espectador. Hay modelos simples y otros de buen porte, motores a nafta y electrónica de punta. Un hobby apasionante según sus adeptos.

        Y que pasa con los “nuevos en el pueblo”: ¿los drones? Todo bien, pero ninguno lo pondría dentro del aeromodelismo. “Es un vuelo mas automático”, explican. “Hay unos muy lindos, pero son para otra cosa”. Punto final para el tema.

        Alberto Badano es el actual presidente de la Comisión del Aeroclub local. Piloto avezado, comenta que su momento de disfrute comienza cuando cierra la cabina y empieza a rodar el planeador.

“Me está gustando la deportividad del vuelo a vela”, explica Badano, “que es tratar de mantenerme más tiempo en el aire y hacer la mayor cantidad de kilómetros. Así es el vuelo en solitario. Si querés ir más relajado podés ir en el biplaza”. El biplaza se refiere al planeador escuela que tiene dos puestos, adelante va el aluno y el piloto instructor detrás.

SE- ¿Cuándo es el momento de pegar la vuelta?

AB- Uno tiene que leer las condiciones del clima. Acá se vuela en térmica, el sol calienta el suelo, se generan las térmicas y en base a ello puedo trazar una distancia a un punto determinado. Una vez fui hasta Bragado, y de ahí quise llegar a Los Toldos, pero leí mal las térmicas y tuve que aterrizar en un campo. Y bueno, fue la camioneta con un carro, lo cargamos y listo”. Simple, así lo transmite el presidente. Claro que siempre hay una comunicación con el aeroclub a través de un canal vhf aeronáutico, más el celular, que ayudan para mantenerse en contacto por cualquier eventualidad.

        El vuelo a vela se hace de tarde, la hora mágica para disfrutar de ese momento único de silencio, altura y paz. Una sensación de esas que con contarlas no alcanza, hay que vivirlas. Es un vuelo placentero, suave y una experiencia también para compartir. El aeroclub local está abierto a la Comunidad, algo que destacan los miembros de la comisión directiva: “En el fin de semana estamos desde las 14 horas ahí en el aeroclub tratando de ver como viene el clima. Ahí pueden acercarse y preguntar sin pudores”.