Sigamos fracasando

(Por Agustín Ponissi / Entrenador nacional de básquet / @agus.ponissi)
 
A menudo escuchamos en la tele a periodistas u opinólogos de diversos temas usar la palabra fracasar en frases tales como: “La temporada pasada fue un fracaso”, “su participación fue un fracaso” o aun mas extremista “tal jugador fue un fracaso rotundo”. Es lógico y muy simple el significado de esta palabra, pero los invito a que analicemos un poco más sobre el tema.
Según el diccionario el significado de la palabra fracasar es: “No producir el resultado deseado o previsto.” “No conseguir en cierta actividad lo que se pretende.” ¿Estamos de acuerdo con este significado?
Podemos empezar nuestro análisis haciendo una salvedad importante, la definición puede ser correcta o mejor dicho es esa que se marca. Ahora nosotros utilizamos esta palabra con una connotación la cual me lleva a pensar que no es correcta o la definición o la utilización de esta para señalar ciertos casos que no recaen en el desarrollo y la profundidad de análisis necesaria. Siempre escuchamos a personas que señalan y dice tal o cual es un fracasado o aquel equipo fue un fracaso. ¿Por qué es un fracaso? ¿Por haber perdido todos los partidos o haber quedado muy lejos del objetivo que se buscaba?
¿Dónde radica el fracaso yéndonos al punto más nuclear de la situación? Si un equipo no logra el resultado esperado se puede dar por muchas razones, en primera instancia tenemos que evaluar si el objetivo propuesta estaba dentro de lo posible. Ejemplo, un equipo profesional que cuenta para su armado un presupuesto promedio con jugadores del club de poco rodaje a primer nivel y un entrenador con poca experiencia en la liga. Cuando inicia la pretemporada luego de armar un equipo de nivel medio se proponen como meta mantenerse en el nivel medio de la tabla, esquivar las posiciones bajas que lo llevarían a bajar de categoría o simplemente apuntar a ingresar en las competencias importantes. Se propone un objetivo realizable y sobre todo emparejado a su realidad. A mediados de temporada el equipo tuvo un buen inicio, mejoró su nivel individual y grupal, contó con un buen trabajo del entrenador y la explosión de un jugador que ahora está en boca de todos y es reconocido por su juego. Inicia la segunda etapa del torneo entre los primeros tres equipos, llega a la ultima parte del campeonato segundo con posibilidades de salir campeón si gana el último partido y pierde, queda subcampeón. La prensa titula sus medios con palabras como “hazaña”, “el equipo del pueblo”, etc etc. El equipo pierde este partido cuatro a cero, con su máxima figura (jugador de moda) en un mal partido y con un juego malo. Yo me pregunto: ¿fue un fracaso?, ¿su máxima figura es un fracaso también? Cuando los objetivos se cumplen tenemos que buscar nuevos, pero nunca dejar de tener en cuenta el primero ni tampoco de dónde venimos, de donde partimos. Si tenemos un equipo joven sin experiencia en juego de finales no podemos esperar ganar una final o mejor dicho no podemos tildar de fracaso a nuestro equipo. Poniéndolo al revés, equipo que se armó para pelear la punta con mucho presupuesto y gente experimentada. Los jugadores tardaron en encontrar su química y entender la idea de juego del entrenador, mas algunas lesiones que les jugaron malas pasadas. El equipo pelea las ultimas posiciones y al final juega una final para no irse al descenso, se salvó ganando el partido final jugando bien. ¿Es un fracaso no haber ganado el campeonato? ¿O son héroes por haber ganado una final por el descenso?
Lograr los resultados esperados en un equipo profesional (amateur también, pero sin el atenuante de lo económico) lleva que muchos factores internos y externos se alineen acompañados por el factor suerte. Si nosotros trabajamos bien y tenemos un equipo bien elegido nos acompaña la suerte en las lesiones tenemos mayores probabilidades a conseguir los resultados por los cuales trabajamos.
¿Dónde está lo preocupante en todo esto? Cuando llevamos estos modos o estas palabras hirientes a la formación de jugadores. Si un papá o una mamá, un profe o un dirigente a un chico o chica le responde que fue un fracaso por una mala temporada o por perder una final son un fracaso, ahí radica el problema. Cuando le enseñamos a los chicos que perder es sinónimo de fracasar, ¿realmente entendemos lo que podemos generar en ellos?
A mi me gusta tomarlo desde otra perspectiva, fracasar no es perder o hacer mal las cosas. Para mi forma de entenderlo durante la formación de jugadores y jugadoras perder debe ser sinónimo de aprendizaje y fracasar es ni si quiera haberlo intentado.
Cuando un equipo de jóvenes esta en plena temporada, aprendiendo no solo a jugar un deporte sino también a desarrollarse como personas, como individuos no podemos enseñarle que la vida se mide entre fracasados o no fracasados, como victoriosos o perdedores. Los fracasos vienen de la mano de no buscar resolver situaciones adversar, fracasar viene por el hecho de no querer jugar un partido contra el último campeón sabiendo que podés perder por goleada, fracasar es saber que tenes un déficit en tu rendimiento y no buscar mejorarlo. Perder vas a perder siempre, tarde o temprano en algún momento de la carrera (y de la vida también) vas a enfrentarte ante alguien o algo que te haga perder que te haga caerte. Lo importante es pararse frente a esos rivales, aprender como poder vencerlos y si nos toca perder saber que hicimos mal y porque las cosas no salieron como queríamos.
Argentina pierde la final contra Alemania en el mundial de Brasil, en tiempo extra y habiendo tenido la chance en manos de Rodrigo Palacio de convertir un gol a poco de terminar el partido. Podemos creer que son todos unos fracasados por no habernos traído el resultado, por no haber ganador, podemos destruir toda la capacidad de crecimiento de un grupo levantando el dedo para señalar el error y la derrota o podemos darnos cuenta de que nuestra selección no estaba a la altura del campeón deportivamente hablando y que dentro de sus posibilidades dieron su 100%.
Si les enseñamos a los chicos que fracasar es igual a perder vamos a gestar generaciones de perdedores y fracasados, de personas que envidien el resultado ajeno y que siempre crean que son inferiores al de en frente. Si en cambio les enseñamos que fracasar es sinónimo de no intentar, de no arriesgar, vamos a tener personas valientes y comprensibles que busquen siempre mejorar el error propio para lograr el mejor resultado en conjunto.
 
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