Sea como sea

(por Matias Irigoin – irigoinpowhatan@gmail.com)

Empiezo escribiendo esto a minutos de la finalización del partido, horroroso, que vimos todos los argentinos. Uno piensa y analiza pero sigue sin encontrar una respuesta a lo increíblemente mal que juega esta selección.

 

Trato de medir mis palabras para no escribir algo de lo que después me pueda arrepentir, pero cientos de reproches se me vienen a la cabeza. Aspectos futbolísticos que uno ya sabía que tenían todas las de fallar, incluso antes del partido.

 

¿Dónde quedó esa actitud característica de los equipos argentinos? Cuando podíamos estar haciendo el peor partido de nuestras vidas, pero intentábamos con alma y vida meter la pelota dentro de esos tres palos. Y sí, estoy hablando como si yo también estuviese jugando, porque así como muchísimos, me siento parte de esto. Ellos representan a mi país. ¿Cómo no voy a poder incluirme?.

 

El seleccionado argentino sólo generó peligro en el arco croata en dos o tres oportunidades en todo el partido, algo inaceptable para una selección tan poderosa ofensivamente como la nuestra. Jugamos con tres defensores, lo que te hace imaginar que íbamos a cascotearle el rancho y terminar haciendo por lo menos tres goles. Pero evidentemente no, no tuvimos peso ofensivo ni defensivo y los que nos comimos tres fuimos nosotros.

 

Aún teniendo fe en que todos aquellos resultados que necesitamos que se den, ¿Tenemos equipo para pelearle un partido a las potencias como España, Brasil, Alemania y demás?

Tenemos al mejor del mundo eso no hay dudas, pero aunque las individualidades te puedan salvar un partido, en raras veces te salvan un campeonato y mucho menos si estamos hablando de una Copa del Mundo, donde se reúnen los mejores jugadores del planeta.

 

Lo que me resulta inaceptable, y probablemente le pase a otras personas, es que perdiendo y quedando casi afuera del Mundial no se sentía nada en la cancha, nada en absoluto. Ni tristeza, ni bronca, ni nada, el equipo transmitía la nada misma. Desde el error de Caballero para el primer gol y nadie marcando en el segundo de ellos, hasta el tercero donde se ve a jugadores de muchísima experiencia reclamando un offside sin preocuparse por la continuidad de la jugada.

 

No quiero cargar las culpas en la espalda de solo algunos, porque las equivocaciones vinieron de todos lados, pero el cuerpo técnico tiene una gigante responsabilidad en lo que está sucediendo. Se plantearon mal dos partidos en los que Argentina era ampliamente superior ya desde el vestuario. Contra Islandia se jugó con un doble cinco teniendo casi 80% de la posesión durante todo el encuentro, desaprovechando la ventaja poniendo a Biglia en cancha para que sólo hiciera presencia, y versus Croacia se pensó un planteamiento ofensivo en el que lo que menos hizo el equipo fue atacar.

 

Si las críticas no son constructivas, que no sean. Por eso esto está escrito con la intención de todos los argentinos, que pase lo que tiene que pasar y que Argentina demuestre por qué tuvo a los dos mejores jugadores de la historia, por qué nuestro fútbol fue siempre respetado, por qué fuimos campeones del mundo dos veces y por qué lo queremos ser otra vez.

 

Ahora necesitamos de un milagro, que los creyentes recen sin importar su religión, que los ateos hagan fuerza por los resultados que precisamos y que los cabuleros apliquen todas las técnicas que conozcan para invocar a la suerte. Un país entero pide por este sueño y por más desacuerdos que existan todos queremos el mismo final, a la selección Argentina en el lugar que se merece. Jugando bien o jugando mal, sea como sea.