Salta, La Linda

Muchas veces nos preguntamos si tanta tecnología es buena. A veces pareciera que nos aleja, otras que nos acerca. Cuantas veces andamos mirando el teléfono más de lo que quisiéramos o más de lo que quisieran quienes nos rodean,  pero hoy más que un teléfono la pantalla se convirtió en  una puerta al mundo, donde las distancias se hacen pequeñas y donde la magia de la conectividad nos permite conocer personas que de no existir las redes hubiese sido imposible.

Sergio Parra es un productor agropecuario del Norte de nuestro país, más precisamente de la localidad de Cerrillos, a 15km de la capital Salteña en el hermoso Valle de Lerma.

Cerrillos fue fundada en el año 1822 y allí se firmo el Pacto de Cerrillos, acuerdo entre los Generales Güemes y Rondeau, donde el gobierno nacional reconoce al General Güemes como gobernador de Salta. A muchos les suena el nombre por la letra de una de las zambas más hermosas y conocidas de Los Chalchaleros, La Cerrillana,“Cómo olvidarte Cerrillos si por tu culpa tengo mujer, Morena cerrillana, con alma y vida te cantaré. Todos los carnavales para Cerrillos te llevaré¨ hermosa canción que rinde un sentido homenaje a este típico pueblo salteño y a sus famosos carnavales.

Allí en la provincia denominada La Linda, entre cerros, zambas y vino torrontés, vive Sergio, uno de los tantos anónimos que cultivan la tierra, un emprendedor, de esos que no se cansan de buscar alternativas para poder seguir viviendo como le enseñaron sus antepasados, con un profundo y sincero amor al terruño y a su propia historia que está marcada por las manos agrietadas de tanto tocar el suelo. Historia que cuenta con orgullo, ese orgullo de quienes no renuncian a los sueños ni reniegan de sus raíces, un orgullo que se le nota en la voz cuando me cuenta quien es y que me contagia de esperanza, la esperanza de saber que nuestra argentina no es solo eso que vemos en los noticieros, no es solo eso que nos cuentan en la radio. Hay otra argentina que nunca es noticia, que es silenciosa, pero constante. Esa argentina profunda que  para conocerla hay que ir a buscarla, porque no es primicia ni vende títulos impactantes.

 

Conocí a Sergio, a través de una red social donde hay mucho intercambio de productores de diferentes partes del país. Por medio de sus publicaciones, que sabe complementar muy bien con unas  maravillosas fotos del paisaje salteño, me entere que producía Chía, algo que para mí era una semilla exótica, recomendada de boca en boca por sus beneficios para quienes tienen colesterol. Como tantas de las cosas que consumimos a diario, o nuestras familias, olvidamos que ese producto tiene manos, rostros y nombres de argentinos que se dedican a producirlas. Durante más de un año compartimos comentarios, discutimos de política, nos acompañamos en las malas jugadas que nos hacia el clima, que acá no llovía, que allá no paraba de llover, hasta compartimos noches de luna llena donde a más de mil kilómetros de distancia al mismo tiempo brindábamos por la vida, por la familia y por la tierra.

Por supuesto que cuando arrancamos con esta locura que es Tranqueras Abiertas, Sergio encabezó la lista de las personas a las que quería hacerle una nota, no solo por la amistad lograda, si no porque día a día me mostraba una realidad productiva tan diferente a la bonaerense que por momento parecía que me hablaba desde otro país…. Otro país, que está dentro de este mismo y que sin embargo conocemos tan poco… Así, teléfono y grabador en mano (suena a prehistoria pero todavía existen) entre los dos fuimos armando una entrevista para que en primera persona nos ayude a conocer el mundo de este milenario cultivo andino que poco a poco empieza imponerse, la Chia.

A pesar de que a Sergio le pagan $30 el kilo de semilla lista para la venta y que el precio al consumidor no baja de los $100 llegando hasta los $180 los cien gramos… si, si… cien gramos, lo aclaramos de vuelta, precio al productor $30 el Kg., precio al consumidor de $1000 a $1800 el kg. Pese a eso, Sergio no quiso hacer hincapié en la distorsión de los precios. Ni quiso que publique los problemas por los que atraviesa para producir ya sean impositivos, de rentabilidad o sindicales con la mano de obra diaria. Su mirada apuntó al optimismo que tienen aquellos que se dedican con pasión a lo que les gusta y que proyectan el futuro de sus hijos y nietos de la misma manera que sus abuelos lo hicieron pensando en él.

Fue imposible transcribir toda la charla, a los dos nos gusta mucho hablar y se nos hizo larga entre risas y preocupaciones mutuas. Va la nota y también la promesa de que es solo la primera de muchas más con Sergio y con tantos otros amigos que están encantados con poder contarnos de que hablamos cuando hablamos de campo.