Sal buena

(Por  Juan Manuel Jara)

 

Semanario Extra recorrió las Salinas Grandes en Jujuy, recientemente señaladas como una de las siete maravillas naturales de la Argentina.

               

                Un año atrás, la Fundación “7 Wonders” lanzó una campaña para determinar las siete maravillas naturales de la Argentina. A principios de mayo el veredicto dictaminó que las Salinas Grandes están en esa elite de bellezas naturales de nuestro país. Fallo inapelable, sin dudas. Y hasta allí fue Semanario Extra.

                Las Salinas Grandes se asemejan a un inmenso desierto blanco que se extiende por 12 mil hectáreas, divididas un 70 por ciento en la provincia de Jujuy y el resto en Salta. De Abril a Julio son los meses ideales para visitarlas. El paisaje es imponente y la vista se pierde en un horizonte sin fin.

                La ruta nacional 52 atraviesa las Salinas en su recorridohacia el Paso de Jama, cruce internacional con Chile. Tomamos como referencia de inicio de viaje a la pintoresca localidad de Purmamarca, ya a 2192 metros sobre el nivel del mar. De allí son 66 kilómetros de impecable trazado asfáltico que se enrosca en un trayecto de alta montaña a las entrañas de la Puna jujeña, atravesando la Cuesta de Lipán, con 4170 metros de altura, para luego descender hasta las Salinas Grandes a 3450 metros sobre el nivel del mar.

                Uno puede detenerse en algunos puntos a la vera del camino, navegar en ese mar de sal y entrar en el reino blanco. El cielo turquesa libre de nubes completa la pintura ideal. Caminar, tomarse el tiempo para entender esa inmensidad es indispensable para captar real dimensión de donde uno se encuentra. Y evitar a toda costa perder el precioso tiempo en ese lugar intentando una y otra vez la inentendible foto de moda: la del saltito. Ver gente de todas las edades gastando esos escasos minutos de parada de su bus intentando poses que jamás se le ocurriría hacer en su lugar diario de residencia es para un estudio sociológico.

                Dentro de su extensión, el salar tiene atractivos a los cuales se puede acceder en auto con guías locales.                 Anastasia Castilla lleva tres años haciendo ese trabajo. Ella esde Santuario de Tres Pozos, a 3kilómetros de las salinas. Amable y bien predispuesta, cuenta que “hay días de mucha gente y la temporada alta es en invierno. En verano depende de la lluvia. Abril, Mayo y Junioson meses ideales porque se ven muy blancas. Ya después llegan los vientos con las arenas y se van opacando”.

                Anastasia explica que las salinas son de origen volcánico, datan de unos 10 millones de años. Las aguas de un volcán inundaron la zona,se evaporaron y transformaron en las salinas. Aclara que “son de origen volcánico porque no se encontraron restos fósiles marinos y ademáses sal sin yodo”.

                Uno de los atractivos es el Ojo del Salar, a 3 kilómetros de la ruta, al que se accede en compañía de un guía a un costo de 300 pesos por vehículo. Hasta allí nos llevó Anastasia. Es una suerte de pequeño lago o piletón de agua quieta y transparente. A veces, de las cavidades rocosas de su lecho emanan vapores que lo transforman en una pileta de aguas burbujeantes.

                Este es un lugar sagrado para los lugareños. Como dato curioso, en nuestra visita la guía nos marcó un moderno celular descansando bajo el agua transparente. Caro traspié para quien haya sido su dueño. El móvil descansa aún ahí porque “la salina es como una madre para nosotros” explica Anastasia. Supersticiosa, indica que “ese celular debe quedar allí o, en su defecto, hacerle otra ofrenda al salar”. No quisimos indagar a qué tipo de ofrenda se refería nuestra guía y el celular siguió bajo la transparente mirada de las aguas del ojo del salar.

               

 

                En ese inmenso paisaje también se aprecian distintos puestos de trabajos y el transitar de algunos camiones. Gente trabajando, maquinaria. Son puntos a los que se puede acceder porque allí el suelo es lo suficientemente grueso para soportar el paso de vehículos. Recordemos que debajo hay agua.

                La principal actividad, además de la turística, es la extracción de sal. “Somos una cooperativa formada por tres comunidades de la zona, y es nuestra fuente de trabajo”, cuenta Anastasia mientras nos traslada hasta una serie de piletonesque son rectángulos de 5 metros de largo por un metro de ancho y unos 50 centímetros de profundidadintercalados a intervalos en la superficie.

                “Son piletas de cristalización en donde se obtiene la sal de primera calidad que es la más limpia, lamás pura, la que se refina para consumo humano. Al hacer el piletón empieza a surgir el agua, que es muy salada, y que a través de los rayos solares se evapora y se va cristalizando una capa sobre el agua, llamada flor de sal y se va a asentando. Es un proceso que lleva de 10 meses a un año en cristalizar toda la sal y se transforma en sal gruesa”, explica nuestra guía.

                ¿Cómo es el proceso? “A la hora de cosechar se obtienen unos 2500 kilos de sal de estos piletones, unos diez. Luego se seca, se embolsa y la despachamos.Acá vendemos la materia prima a las empresas que luego se encargan del refinamiento de la sal para el consumo humano”.

                Todo el salar no es igual. Los piletones se hacen en sectores firmes a los cuales luego pueda llegar un camión. También es común divisar montañas de sal, que es otra calidad.“Esa es sal del año anterior que se cosechó de segunda calidad que es la sal en arrastre que se cosecha de la superficie del salar. Se va raspando la superficie con un tractor con pala.Se usa mas para industrias y curtiembres.La de tercera calidad serían los panes que se obtienen de forma manual de las orillas del salar. Vamos cortando los panes. La usamos para alimentación animal y los artesanos para sus trabajos que vendenen los puestos linderos”, explica Anastasia.

                Momento inolvidable con el cielo pintado de azul de altura contrastando con el reflejo blanco inmaculado de la extensión del salar. Los anteojos de sol son indispensables. Y también tomarse el tiempo para, antes o después de adentrarse con un guía, caminar, mirar, tocar, sentir el viento o simplemente tomarse unos mates sentado en ese entorno imponente. Una maravilla. No una más. Una de las siete. Merecido lo tiene.