¿Qué votamos cuando votamos?

desorientado
¿Desorientados?

Ciudadanos desorientados…  “El peor analfabeto es el analfabeto político. Él no oye, no habla ni participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas dependen de las decisiones políticas.

El analfabeto político es tan animal
que se enorgullece e hincha el pecho
al decir que odia la política.
No sabe el imbécil que
de su ignorancia política proviene
la prostituta, el menor abandonado,
el asaltador, y el peor de los bandidos,
que es el político aprovechador,
embaucador y corrompido,
lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Bertold Brecht

 

A pocos meses de las PASO en la provincia de Buenos Aires se ciernen muchas incertidumbres no sólo sobre las definiciones de algunos candidatos sino sobre todo, sobre qué votamos los ciudadanos cuando lo hacemos.

Desde hace unos años se habla en el mundo del ocaso de las ideologías quizás bajo el efecto arrollador que han tenido los partidos políticos denominados atrapatodo (en inglés catch all party), que han dejado a un lado las convicciones ideológicas para captar a un amplio espectro del electorado.

Este fenómeno comenzó a tener mayor ímpetu a finales del siglo XX, cuando luego de la segunda y devastadora Guerra Mundial apareció una sociedad de bienestar acompañada de una poderosísima herramienta para atraer al electorado: los medios de comunicación de masas. Fue entonces cuando la política cambio la concepción de su mundo y los partidos políticos de masas se convirtieron en partidos atrapatodo donde ya no importan la calidad de sus miembros sino la cantidad. De este modo diluyen su carga ideológica y la envuelven en valores más universales , de fácil asimilación, entendimiento y captación en el común de los mortales. Por estos lares, Argentina, y particularmente Nueve de Julio se puede ejemplificar con los caballitos de batallas que enarbolan los partidos mayoritarios: el agua potable, la inseguridad, etcétera, etcétera. En criollo: las posiciones ideológicas se reducen significativamente y se deshacen para la busqueda permanente del electorado y el acercamiento a grupos de interés que apoyen las candidaturas y sostengan económicamente las campañas.

Es así como aparecieron los frentes, los movimientos y las “inconcebibles” alianzas (al menos para el común de los ciudadanos). El primero de ellos, y  con muy malos resultados,  fue el FrePASO (cuyo recuerdo aún duele a los argentinos…).  Ahora hay otros aggiormientos como el Frente Para la Victoria, el Frente Renovador, UNEN, GEN FAP, etcétera, etcétera….

Estas alianzas o “negociaciones” políticas (una palabra por demás peyorativa que tendría que erradicarse de cuajo del vocabulario político), hace que los ciudadanos, al menos aquellos que no están empapados en la cosa pública les genere cada vez más desconcierto.

Antes parecía estar todo claro: el peronismo representaba a los trabajadores, el radicalismo a la clases medias (que eran fuerte y existían en su momento) y el conservadurismo (algo similar a lo que podría ser hoy el PRO) a la élite. Pero hoy los límites están difusos y los electores, muchos al menos confusos. Ven alianzas que van y vienen,  enemigos que se hacen amigos y amigos de antaño que se convierten en contrincantes. Entonces qué pasó? Justamente eso  un fenómeno que es simple pero también universal: aparecieron los partidos atrapatodo.

Es común escuchar entre los ciudadanos el grado de incertidumbre, ideológicamente hablando, que genera este fenómeno:  ¿Qué diferencia hay entre un radicalismo que nuclea a sectores desde extrema derecha a extrema izquierda, al igual que un peronismo, devenido en Frente? Mitos y más mitos que el común de los ciudadanos aun no alcanzamos de comprender: cómo una derecha PRO puede aliniarse con una izquierda radical? ¿Cómo en el peronismo hay sectores también de todos los colores?. Ya dijimos la respuesta. Pero ello no deja de crear incertidumbre.

Hasta hace unas décadas , el analfabetismo político de la época y un sistema con alta militancia partidista, hacía preveer cómo era el comportamiento del “fiel” electorado. Se apelaban a las estampitas: Perón, Evita y quizás también Illia e Yrigoyen… Ahora no y el efecto es desvastador aún para gran parte del electorado que desconcertado no sabe qué vota ni a quién… Gran parte sigue apelando a las estampitas… Otra  mira quién cumplió y quién no sus promesas.  Lamentablemente aquí entra de nuevo el analfabetismo político, que bien lo supieron fomentar los partidos mayoritarios: la mayoría confunde aún populismos con buenos gobiernos y pseudo resultados “positivos” a corto plazo en detrimento de buenas políticas a largo. ¿Cabe recordar la era menemista?. Uy se dice el pecado pero no el pecador…

Hoy la incertidumbre es grande y muchos ciudadanos se sienten como un rebaño de ovejas que danzan entre lobos. No saben qué ni a quién votar ni quién es más confiable que quien en esta gran incertidumbre de la incredulidad en la política y en los políticos. ¿Cómo guiarse si no está la brújula de la ideología ni de las políticas públicas que nos hayan dado una buena calidad de vida a todos los argentinos?. Quizás la razón, independientemente del bolsillo y del corazón, nos permita comprender que hay valores universales que son inajenables. El  Derecho a la vida (y por ende a la seguridad); a una vivienda digna, a la libertad, al agua potable, etcétera etcétera, son algunos de ellos. Más allá de los discursos, habrá que tamizar cuáles son los candidatos que con mayor integridad y honestidad los defiendan. Y por supuesto, hacerlo independientemente d elas ideologías que aún hayan sobrevivido.