¿Qué pasa con el trigo?

(Por Adrián Gutiérrez Cabello/Agustina Ciancio)

 

La eliminación de los derechos de exportación al trigo provocó un crecimiento acelerado en su producción, logrando cosechas récord en las últimas campañas. En consecuencia, se produjo el aumento en la superficie sembrada que, acompañado por la presencia de condiciones climáticas favorables, contribuyó al fuerte incremento en la producción triguera.

En la campaña 2017/18, la producción de trigo alcanzó los 18,7 millones de toneladas, más de un 60% mayor al volumen cosechado en el período en el que se encontraban vigentes las retenciones.

En este contexto, el trigo candeal[1]representó menos del 1% del total producido y del 5% del volumen destinado a molienda. Es importante resaltar que esta variedad del cereal es utilizada casi con exclusividad por la industria fideera.

Esta mayor disponibilidad de trigo abre la posibilidad a un incremento en su industrialización y posterior exportación en forma de harina y derivados. En este sentido, es preciso destacar que a medida que el trigo avanza hacia adelante en la cadena productiva, mayor es el valor agregado que pueden incorporar los productos farináceos. En particular, la producción de pastas frescas y secas, panificados y galletitas permite multiplicar varias veces su valor.

Si las etapas finales a las que provee la industria molinera concentran sus esfuerzos en la elaboración de productos diferenciados con alto valor agregado destinados a la exportación, la actividad económica recibiría importantes impactos positivos. El mayor valor de producción, la creación de empleo, la recaudación fiscal y el ingreso de divisas son sólo algunos de los aspectos que se contemplan en el siguiente informe.

Es preciso destacar que, para las estimaciones realizadas, se tienen en cuenta los precios vigentes a julio de 2018.Asimismo, se consideran coeficientes técnicos que permitan definir el factor de conversión entre el trigo (o la harina de trigo) y sus productos derivados, con el fin de calcular la manera en que se multiplica el valor de exportación a medida que se avanza en la cadena productiva.

A modo de ejemplo, se supone que el factor de conversión entre el trigo y la harina es de 0,75. Esto indica que se requieren 1,33 toneladas de trigo para obtener una tonelada de harina. La diferencia de productividad puede advertirse a través de la presencia de subproductos como el afrecho.

 

Impacto Económico

La industrialización de la producción de trigo con miras a la exportación abre una importante posibilidad no sólo para el sector triguero sino también para todo el conjunto de la economía. En consecuencia, el mayor valor agregado que se genera a través de estos eslabonamientos trae aparejados múltiples impactos positivos.

Entre los principales productos farináceos se encuentran los cereales, las galletitas dulces y saladas, los bizcochos, panificados, pastas y prepizzas. En el caso particular de la transformación de trigo candeal, es preciso señalar que se destina exclusivamente a la industria fideera.

El consumo doméstico de harina de trigo alcanza cifras superiores a los 86[2] kilogramos per cápita, y se distribuye en diferentes productos a lo largo del día, desde panes y galletitas hasta pastas alimenticias. Estos alimentos poseen una gran importancia en la dieta de los argentinos ya que, por ejemplo, su consumo es un 50%[3] mayor que el correspondiente a la carne bovina, en términos per cápita.

Asimismo, es preciso mencionar que el comportamiento de los consumidores locales se encuentra en permanente evolución. En los últimos años, los panificados fueron cediéndole terreno al consumo de otros productos farináceos como las galletitas.

En el año 2017, Argentina se posicionó como el cuarto exportador de harina de trigo a nivel mundial, con más de 700 mil toneladas. Dicho flujo comercial contabilizó una suma de 196,6 millones de dólares.

Es importante aclarar que la producción de trigo de Argentina es similar a la de Turquía. No obstante, este país es el principal exportador de harina ya que cuenta con un importante mecanismo de subsidios, que le permite posicionarse y liderar el mercado mundial.

De esta forma, el desafío para la agroindustria es incrementar la generación de valor agregado de los productos primarios, entre ellos el trigo. En consecuencia, se plantearán escenarios de incremento en el comercio mundial de cada bien anteriormente mencionado.

En el caso de la harina de trigo, se considerará que nuestro país desea alcanzar el millón de toneladas destinadas al comercio mundial. Esto le permitiría superar el desempeño alemán y erigirse como el tercer exportador de este producto a escala global.

Argentina cuenta con condiciones climáticas ventajosas para la actividad agrícola. Históricamente, el trigo ha sabido mantenerse como uno de los principales cultivos del país.

Su importancia no radica únicamenteen las exportaciones que genera en su producción primaria sino también por ser el insumo clave de la industria molinera,que provee a otras en el sector alimenticio.

El incremento de la producción de trigo – con un consumo doméstico que aumenta a tasas muy bajas– abre la posibilidad para el incremento de las exportaciones de este cereal y sus productos derivados.

Es preciso destacar que conforme el trigo avanza hacia eslabones industriales más sofisticados, el valor generado en la cadena triguera se multiplica cada vez más. En particular, las exportaciones de galletitas y panificados determinan un fuerte incremento en la obtención de divisas por exportación, comparándolo con el trigo en su forma primaria.

La utilización de una tonelada de trigo en eslabones industriales permite multiplicar su valor de exportación, teniendo en cuenta los coeficientes técnicos para la producción de sus derivados. Por ejemplo, si bien la tonelada de trigo se comercializa a 261 dólares, si se exporta ya transformada en 750 kilos de harina, el valor de exportación asciende a 270 dólares.

En este caso, se compara con respecto a la harina de trigo, las pastas secas[4], el total de las pastas[5], las galletitas[6] y los panificados[7]. Para dicha estimación se utilizan los precios promedio de exportación por tonelada para julio de 2018.

En forma análoga, se puede extender el análisis precedente teniendo en cuenta cómo se multiplica el valor de exportación de una tonelada de harina de trigo, considerando sus productos derivados y los coeficientes técnicos que operan en los diferentes procesos de elaboración. 

Asimismo, la elaboración de productos derivados del trigo no sólo genera más valor a medida que se agregan eslabones industriales sino que, al mismo tiempo, impulsa la creación de empleos y la recaudación de impuestos.

 

El aumento en las exportaciones de harina, pastas, galletitas y panificados determina un incremento mayor a los 15.600 puestos de empleo, considerando los efectos directos e indirectos que se producen en toda la economía. En este mismo sentido, dicha mejora en el desempeño comercial determina un crecimiento del PBI del 0,122% sobre el proyectado para el año 2018.

 

Los aportes y contribuciones realizados por los nuevos asalariados formales que se generarían por el impacto positivo del aumento en las exportaciones del sector triguero se estiman en 1.508 millones de pesos. Esta recaudación permitiría pagar más de 14.300 jubilaciones mínimas (incluyendo el aguinaldo) durante un año entero, teniendo en cuenta los valores vigentes a junio de 2018.

El incremento de la mano de obra implica un crecimiento en el consumo de 8.800 millones de pesos. Esta cifra implica un aumento adicional de 2.600 millones de pesos en la recaudación fiscal.

[1] Se lo conoce también por la denominación de trigo duro.

[2]Dato suministrado por FAIM para 2016.

[3]Dato suministrado por el Ministerio de Agroindustria para 2016. El consumo per cápita de carne bovina fue de 56,46 kilogramos para dicho año.

[4] Se incluyen bajo esta denominación las pastas alimenticias sin cocer ni rellenar, excluidas las que contengan huevo. Es preciso destacar que este producto representa màs del 90% del volumen comercializado de pastas fuera de las fronteras.

[5] Se incluyen todas las pastas alimenticias comprendidas en la posición 19.02 (NCM).

[6] Se incluyen las galletitas dulces, los barquillos, las obleas y las galletas.

[7] Se incluyen los panes de especias, los panes tostados, los panes de moldes y el resto de los productos de panadería y confitería (tortas, pre-pizzas, etcétera).