Oslo, tierra de vikingos

(Por Cecilia Lastiri – Extramuros)

La capital de Noruega, rodeada de fiordos y leyendas vikingas, es una elegante ciudad en la que abundan edificaciones históricas e interesantes museos, y que cuenta entre sus atractivos con uno de los más pintorescos recorridos en tren del mundo. Por sus pequeñas dimensiones, es posible desandarla a pie.

Rodeada de cerros y montañas, con 40 islas dentro de sus límites, la capital noruega, fundada en 1048, está situada en el sector más profundo del fiordo de Oslo, en la desembocadura del río Aker. Comparada con otras ciudades europeas es relativamente pequeña; tiene unos 650  mil habitantes y puede ser tranquilamente recorrida a pie.

El itinerario bien puede iniciarse en su calle principal, la Karl Johans Gate, donde abundan los locales comerciales y músicos que brindan shows en las esquinas. Además, uno de los barrios más populares –y también por eso uno de los primeros que eligen los visitantes– es Grünerlokka, algo así como el equivalente escandinavo del Greenwich Village neoyorquino. Este distrito de aires bohemios se caracteriza por la variedad de grupos étnicos que lo eligieron para vivir, con una diversidad que se suma a la que aportan gran cantidad de bares, cafés, restaurantes y tiendas de antigüedades.

Después de recorrerlo hay que organizar un itinerario para conocer los principales atractivos de la urbe. Se puede empezar por la fortaleza de Akershus, un castillo medieval construido en el siglo XIII que conserva las mazmorras donde se encerraban a los prisioneros, las felpas que ornamentan los pisos superiores, las salas de banquetes, los salones donde se discutían las cuestiones de Estado y una capilla en la que actualmente se realizan eventos reales. En el interior de la fortaleza, que por las noches refleja con elegancia sobre el agua su maciza silueta iluminada, funciona el Museo de la Resistencia y se conservan las tumbas de los reyes Haakon VII y Olaf V. En tanto, el viajero con inquietudes artísticas no debe dejar de visitar la Galería Nacional: la colección del museo estatal noruego incluye a los pintores locales más destacados, pero también cuenta con obras de Cézanne, Picasso, Manet y Matisse. En este contexto, uno de los grandes atractivos de Oslo es el Museo de Munch, célebre autor de “El grito”, robado en 2004 de estas instalaciones y recuperado al poco tiempo (las versiones de esta obra son cuatro; la más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Noruega). El establecimiento alberga algunas de sus obras más famosas y todos los años repone la muestra “Edvard Munch by Himself”, completamente dedicada a sus autorretratos.

Otro lugar imperdible es el Museo Folclórico Noruego, contiguo al Museo de los Barcos Vikingos y formado por 170 casas históricas provenientes de distintas regiones del país. Cada una de ellas tiene el mobiliario y la vajilla típica de su lugar y su época.

Continuando con los museos, pero en este caso con la combinación de arte y espacios verdes, elParque Vigeland es una alternativa ineludible. Sobre su extensa superficie están expuestas 170 estatuas de granito y bronce del escultor Gustav Vigeland.

Asimismo, si la intención es conocer más de la rica historia noruega, lo aconsejable es visitar dos museos situados en Bygdoy, la península que se encuentra enfrente del puerto de la ciudad. Dedicados a la Kon-Tiki, el Fram y los barcos vikingos, aquí se exponen las embarcaciones utilizadas por los marinos noruegos a lo largo de la historia. La colección de barcos vikingos recuperados del fiordo de Oslo es asombrosa y se complementa con la exhibición de remos, lanzas, cuchillos, cascos y vajilla utilizados por aquellos audaces navegantes.

Volviendo a la ciudad, no hay que dejar de visitar la Catedral, la Domkirke, construida en el siglo XVII y restaurada 150 años después. En 1910 le fueron agregados vitrales que completan su sobria arquitectura.

Para concluir la jornada nada mejor que recorrer las calles del centro, donde abundan las tiendas con productos típicos, que también pueden conseguirse en las grandes tiendas Glasmagasinet, famosas por sus cristalerías, en Steen & Strom o en el centro comercial Paleet.

Desde principios del siglo XX, Oslo está asociada a la entrega del Premio Nobel de la Paz, un resabio de los tiempos en que Noruega y Suecia estaban unidas. En ese sentido es posible visitar el Nobel Peace Center, sede de la ceremonia anual de entrega del galardón (el único que se da en Oslo, ya que los demás se entregan en Estocolmo).

También hay que conocer el Palacio Real, la rampa y el Museo de Esquí de Holmenkollen, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1952; el centro artístico Henie-Onstad y el Parlamento. Durante las caminatas, los más de 340 lagos de la ciudad deleitan la mirada de los turistas que, en invierno, no dejan de realizar un paseo en los trineos tirados por perros que recorren los bosques de los alrededores.

Un atractivo de gran interés es la fortaleza Akershus, cuyo origen se remonta a finales del siglo XIII. En sus instalaciones hay un castillo, varios museos, grandes jardines y altas terrazas desde las cuales se obtienen buenas vistas del fiordo de Oslo.

La gran edificación se encuentra entre la Ópera de Oslo y el muelle cercano al Ayuntamiento. Durante el recorrido se visita el Museo de la Defensa, el Museo de la Resistencia y el castillo. Este último, de origen medieval, fue convertido en palacio renacentista en el siglo XVII. Además, según la época del año, también se pueden presenciar conciertos, espectáculos de danza y representaciones teatrales.

Tranquila, ordenada y moderna, Oslo representa un inmejorable destino para aquellos viajeros que ya conocen los sitios tradicionales de Europa pero quieren seguir descubriendo otras ciudades e historias.

 

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