Opinión

escritorHACIA UNA ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL EFICIENTE: Tolerancia cero a la defraudación pública. La detención el martes por presunta defraudación a las arcas públicas de un empleado municipal es una muestra clara de que el gobierno local de Cambiemos busca eficientizar los recursos pero sobre todo transparentarlos. Y que lo hará, por lo menos por ahora, con tolerancia cero. A los seis meses de la gestión del nuevo jefe comunal, Mariano Barroso, funcionarios salieron a informar  que habían logrado un ahorro importante a través de la

eficientización de la administración pública. A principios de agosto anunciaban que habían ahorrado 650.000 pesos en la ART para los empleados y redujeron el gasto de la telefonía móvil en un 50%. Entre los anuncios aseguraban además que habían reducido en un 30% la deuda flotante sin comprometer

el presupuesto de este año. Todo ese ahorro, había permitido en ese mismo periodo, por ejemplo, adquirir tierras, maquinarias, vehículos y una millonaria suma en ropa de trabajo. Muchas cosas que se pudieron hacer, no solicitando más recursos sino optimizando los existentes. Es que administrar un municipio, en términos globales, no es tan diferente a hacerlo en una empresa o en un hogar: los números deben dar positivo, hay que tener dinero para las cuestiones imprescindibles y evitar gastos innecesarios. También invertir y gastar nuestro dinero nada más ni nada menos con lo que dicta el sentido común.

Luego surgieron otros anuncios de ahorros y también reconocimientos de que aún faltan muchos lugares sensibles por continuar transparentando sectores de la municipalidad que siempre han dado de qué hablar. Ejemplos hay miles: desde materiales de construcción hasta el combustible.

A fines de agosto la denuncia de que un empleado habría utilizado fondos que ingresaron de pago de tasas municipales para gastos personales provocaron el repudio y la indignación de la comunidad. Pero también el beneplácito de otros empleados municipales que veían impotentes lo que sucedía desde hacía tiempo.

El monto inicial de la sospecha que rondaba en unos 158.000 pesos,  trepó entre en pocos días a unos 750.000 para luego bajar a unos 400.000. Mucho dinero, para una sola práctica. Mucho dinero, en muy poco tiempo: apenas seis meses.

El municipio realizó la denuncia correspondiente, lo que desembocó el martes por la tarde que el empleado sospechado fuera detenido y se allanase su domicilio. “No vamos a tener contemplaciones”, había asegurado en algún momento Barroso. Quería decir que habría tolerancia cero para este tipo de prácticas. De hecho, allegados, aseguran que estaría dispuesto a ir dispuesto a ir hasta el fondo de la cuestión. Lo que se traduce en que habría más implicados y hasta se dan, con un poco de pudor y con mucho de certeza, algunos otros nombres. Se especula que “la maquinaria de defraudación no pudo hacerla una sola persona” y que era tan alevosa que no comprenden cómo nadie la había detectado… ¿O no habían querido hacerlo?.

Dicen, las malas lenguas, que la detención de este primer sospechoso de defraudación es la punta de un iceberg. Y como todos saben, lo que se ve es solo una parte ínfima de lo que está oculto. Barroso parece estar decidido ir hasta el fondo. Es que a la idea de eficientizar los recursos no se puede dejar de lado el control. Ese control que cuando no está, por error involuntario o deliberado, es como un enorme río revuelto. Da ganancia a los “pecadores”.