Odisea burbujas

Bucear en 9 de Julio. Suena raro. El buzo local Martín Márquez hace realidad la posibilidad de adentrarse en esta disciplina a metros de la Plaza Belgrano. Opciones e historias de vivir bajo el agua. 

(Por Juan Manuel Jara)

 

         “Me gustaría estar bajo el mar en un jardín de pulpos en las sombras” cantaba Ringo Starr en “Octopuses Garden” uno de los temas del mítico Abbey Road, el real último disco de The Beatles. Claro que para cumplir su deseo, el baterista de los anillos tendría que haber hecho un curso de buceo. Adentrarse en el mundo submarino, sea en el mar, en un río o lago, incluso en una pileta, es una experiencia fascinante y apasionante que requiere un conocimiento y la guía de un experto en el tema, como Martín Márquez, instructor de buceo, que por estos días se prepara para un desafío: enseñar esta disciplina en su  9 de Julio.

         Nos recibe en la pileta del gimnasio Carpe Diem, sede de las prácticas del inminente curso. Alrededor están los equipos preparados. Tanques de oxígeno, máscaras, coloridas aletas, cinturones con plomos y el agua, claro. Una invitación irresistible.

 

Deportivo y Técnico

 

         En 2012 Martín Márquez se enamoró del buceo. Allá por marzo de ese año realizó el curso de Open Water. Hoy es buzo deportivo y buzo técnico. Martín explica que de allí en más “seguí capacitándome y realicé viajes para ganar experiencia. Primero fuí a Cabo Frío, en Brasil. Después a Puerto Madryn, Tahilandia, Bahamas, distintos escenarios para ganar experiencia y estar capacitado para enseñar”.

         La capacitación tanto teórica como práctica es fundamental. “Esta bueno que mas allá de la teoría tengas la práctica para saber transmitir que hacer en determinadas situaciones“, nos cuenta Martín mientras hace los ajustes y el chequeo del equipamiento.

         Alrededor del mundo hay muchos naufragios. Y zonas en las cuales se hunden barcos a propósito para ser escenarios de esta actividad. Otro atractivo es bucear con animales, tiburones, ballenas, todas experiencias fascinantes. Así es el buceo deportivo. “A priori uno puede suponer que sabiendo bucear la experiencia es similar en todos lados’, relata el maestro buzo, “pero cada lugar tiene una particularidad que lo hace único para el buceo. Por ejemplo, en el Mar Rojo hay un barco hundido por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial que fue descubierto por el mítico oceanógrafo y buzo francés Jacques Cousteau, y allí uno bucea entre jeeps, cañones, armas que se conjugan con la vida marina. Se generó un coral artificial y es algo único”.

         El buceo técnico es un nivel más alto que permite mezclar gases. ¿Como es esto? En el buceo deportivo uno utiliza aire tal como lo respiramos en la superficie, pero comprimido en el tubo. El límite de profundidad para esta disciplina son los cuarenta metros.

         “En el técnico”, explica Martin,” bajás con una mezcla de 18% oxígeno, 30% helio y el resto nitrógeno. Esto te permite bajar en el Blue Hole, en Dahab, en Egipto. Allí pude bucear hasta los sesenta metros durante quince minutos, pero después estuve casi dos horas descomprimiendo. Bajamos con cuatro tanques. Tenés que subir despacio e ir cambiando el aire, la mezcla, hasta volver a respirar aire puro.  Pero fue algo muy lindo”.  

         El carnet de buzo deportivo te habilita a bucear hasta 18 metros, una profundidad más que aceptable teniendo en cuenta que la mayoría de la vida marina se desarrolla entre los diez y los veinticinco metros y entonces se puede apreciar fácilmente. Después, está en los desafíos que cada uno se imponga y la preparación que se requiera para lograrlos.

 

Prueba de tanques

 

         De pie al borde de la pileta comienza el ritual de iniciación: ponerse el equipo completo. Primero el cinturón con los pesos. Luego, ya en el agua, las aletas. Chequeamos la correcta visibilidad a través de la máscara y, por último, calzarse el tubo de oxigeno. Hoy es una pieza integrada a un chaleco fácilmente inflable y desinflable que ayuda a compensar en el agua el peso del tanque en la espalda, además de regular la flotabilidad tanto abajo como en la superficie.

         Respirar para vivir, en tierra y bajo el agua también. Clave es amigarse con el sostén de vida que cada buzo lleva en sus espaldas: el o los tanques de oxigeno. El sistema que hoy se utiliza es la versión mejorada del gran aporte que le hizo al buceo Jacques Cousteau, junto con Emile Gagnan: el regulador de aire comprimido. ¿Cómo funciona? Este regulador permite reducir la alta presión de una reserva de aire comprimido a la presión del agua que rodea al buceador, de tal modo que pueda respirar con normalidad. Sencillo, confiable, liviano y fácil de transportar, cualidades que hacen de este aparato ideado allá por 1943 y que con algunas mejoras aun hoy es el sistema utilizado en las inmersiones.

         Después de unas explicaciones, Martín Márquez nos indica que llegó el momento: vamos para abajo. Máscara en su lugar, regulador en boca, primera bocanada de un aire que se siente puro, fresco, distinto. Nos sumergimos y pasamos a disfrutar de ese otro mundo, el que vemos a través del visor de la máscara, en donde todo tiene otro ritmo. Y solo dos sonidos son los que se escuchan: la bocanada de aire a través de la boquilla del regulador y luego las burbujas que acompañan cada exhalación. Movimientos suaves, y alguna explicación subacuática a cargo del Maestro Buzo Márquez, con señas, porque bajo el agua es muy importante hacer las señas precisas. No vayas a hacerle el gesto de pulgares arriba si queres avisar que todo está bien porque bajo el agua eso significa “tengo que subir”. El correcto sería el “gestito de idea” marca registrada de Carlitos Balá.  

 

El curso

 

         En días más está planeado el inicio de estos cursos que Márquez va a dar en el gimnasio Carpe Diem. Seis clases. Seis sábados. Por la mañana la teoría y por la tarde la práctica en la pileta cubierta. Los cursos serán de hasta cuatro personas. Cualquiera puede bucear, pero es esencial tener un buen estado físico. Igual, previamente se debe llenar un formulario en el cual se informa sobre los impedimentos para realizar esta actividad. Todo el equipamiento necesario para realizar el curso es provisto por Martín a cada uno de los alumnos, además del material teórico on line al cual se tiene acceso con la inscripción.

         Al final del curso, un examen múltiple choice de 50 preguntas y luego el check out, “la salida”. La certificación final del curso 9 (o sea, que te den el carnet) se realiza en una salida de aguas abiertas que usualmente se organiza un viaje a una cantera en Salto (Uruguay), o a otra en Brandsen, o inclusive a Puerto Madryn. También si uno tiene planeado un viaje a un lugar costero donde se practica buceo, Martín se contacta con colegas de ahí, lo referencia y uno puede hacer la certificación ahí mismo. El costo del check out no está incluido en el curso.   Para consultas o informes en el mail  martin@rangiroa.com.ar el instructor nuevejuliense saca cualquier tipo de dudas.

        

 

 

 

 

         La sensación de paz que se experimenta bajo el agua es adictiva. Imagínense si pasa esto en una pileta, lo que será en un entorno natural donde además está la vida subacuática con sus colores y sus habitantes. “No es algo complicado, depende de cada uno, pero la idea es que todos puedan aprender”, dice Martín cuando ya a regañadientes salimos del agua.  Aspira a amigar a la gente con el buceo. Recuerda que el comenzó con un compañero que le tenía fobia al agua, y que a pesar de ello, hizo el curso, certificó y hoy es instructor. “Siempre tenés que bucear con un compañero”, cuenta Márquez, ”cada uno es responsable de la seguridad del otro. Por eso se generan lindas amistades”.

         Cuando ya la pileta recupera su calma y el equipo de buceo escurre sus últimas gotas, Martín Márquez asegura que “cualquiera que tengas ganas lo va a lograr”. El buceo es una actividad muy sana, que no es imposible y una de esas cosas de las que uno nunca se va a arrepentir haberlas experimentado.