Menopausia y obesidad

Por las Dras. Laura Maffei (MN 62441) y María Jimena Coronel (MN 129794))
 
Esta etapa en la vida, la mujer requiere de una atención particular para cuidar el impacto metabólico que implican los cambios hormonales. Abordar el diagnóstico de sobrepeso y obesidad es clave para delinear el tratamiento adecuado que en algunos casos puede incluir ayuda farmacológica, cambios de hábitos tendientes a una alimentación saludable, realización de actividad física acorde a sus gustos y posibilidades para generar cambios sostenibles en el tiempo sin imponer dietas ni prohibiciones.
 
La menopausia marca el fin de la capacidad natural de la mujer para concebir. Es un proceso normal en su vida y se presenta en diversas edades aunque en promedio ocurre a los 52 años y prácticamente todas las mujeres lo han completado hacia los 58 años.
En términos técnicos la menopausia ocurre cuando ha pasado un año desde la última menstruación y está precedida por una etapa llamada climaterio durante la cual los ovarios disminuyen su función y se hacen presentes otros cambios. A partir de ese momento se produce un descenso de los estrógenos, hormona femenina por excelencia producida por los ovarios lo que impacta en otros sistemas hormonales y en el metabolismo femenino en general. El climaterio y la menopausia son instancias de alto impacto hormonal en la mujer: es sin dudas una etapa de crisis vital y replanteos que suele coincidir con el llamado “síndrome del nido vacío”, ya que los hijos se independizan y comienza a disponer de una gran libertad para desarrollar otras actividades.
Los cuidados médicos actuales contribuyen a sobrellevar esos cambios. Las hormonas femeninas tienen una amplia acción protectora cardiovascular, ósea y neuronal e impactan en el metabolismo. Por ende, su pérdida (además de los conocidos bochornos, sofocos o calores) puede alterar el funcionamiento de estas áreas. Diversos estudios han demostrado una asociación entre la menopausia y la redistribución de la grasa corporal en las mujeres, con predominio en el área peri-abdominal (aumento del perímetro de la cintura). Esta situación produce un aumento del riesgo cardiovascular ya que la grasa abdominal se considera un tejido endocrino capaz de producir sustancias que se relacionan con el desarrollo de condiciones tales como resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. En efecto, el aumento de grasa en la cintura, la hipertensión arterial y las grasas en sangre sin los cuidados adecuados remiten a que el síndrome metabólico progrese hacia una diabetes.
En este período también se produce una disminución de la masa muscular y del gasto metabólico, que se encuentra en reposo. Además, puede modificarse el patrón conductual de la ingesta alimentaria por diversos factores. En esta etapa de la vida es posible una mayor reactividad al estrés con lo cual aumenta la hormona llamada cortisol que influye en el aumento de la ingesta de comida y ansiedad. Si la actividad física disminuye y se desarrollan cambios en los ritmos circadianos con menos horas de sueño, la conducta alimentaria suele derivar hacia una mayor ingesta.
Esta etapa en la vida, la mujer requiere de una atención particular para cuidar el impacto metabólico que implican los cambios hormonales. Es de suma importancia la actividad física para optimizar cerebro y corazón. Por otra parte, los estudios demuestran una mejor función cognitiva y menor impacto en la redistribución de la grasa corporal en mujeres tratadas con terapia hormonal de reemplazo (con el debido control) versus las no tratadas. Además, si hay sobrepeso previo al inicio de la menopausia se estima que tendrá un efecto sustancial en la magnitud de los cambios hormonales experimentados y también una exacerbación de los síntomas.
En la actualidad, el sobrepeso y la obesidad constituyen un problema importante de salud debido a su aumento progresivo en los últimos años y la prevalencia del 26%, según la última Encuesta nacional de Factores de Riesgo en la Argentina. Por lo tanto, es preciso abordar junto a las pacientes en la práctica clínica el diagnóstico de sobrepeso y obesidad; delinear el tratamiento adecuado que en algunos casos puede incluir ayuda farmacológica, cambios de hábitos tendientes a una alimentación saludable, realización de actividad física acorde a sus gustos y posibilidades para generar cambios sostenibles en el tiempo sin imponer dietas ni prohibiciones. De esta manera se podrá generar un impacto positivo en la salud durante esa etapa tan importante en la vida de la mujer.