Marchas y contramarchas

Gorza para nueva entrada(Por Patricia Gorza)

Como nos suele suceder con tantos temas a los argentinos, las marchas, piquetes, protestas y manifestaciones pasaron a ser parte del paisaje diario, con mas concurrencia y cobertura mediática en la Ciudad de Buenos Aires por razones obvias (Dios está en todos lados pero atiende en Bs.As), pero también con réplicas en el interior de todo el país sobre todo en las capitales provinciales aunque de eso los medios mucho no hablen.

Como todo lo que se hace crónico se termina naturalizando las marchas no son la excepción. Estamos tan acostumbrados a la protesta que ya no importa cuanta gente participa de una movilización, que están pidiendo, si tienen razón o no, lo naturalizamos. Lo que en algún momento fue una práctica efectiva para visualizar y resolver un reclamo o para concientizar sobre la situación de un sector específico hoy termina siendo un sistema de catarsis colectiva sin mucho contenido más que la efervescencia del momento. No con esto estoy diciendo que los motivos de los reclamos sean superfluos, o estén carentes de argumentos, al contrario, si algo sobran en general son argumentos. La protesta dejó de ser exclusiva de la clase obrera y en los últimos años se convirtió en la herramienta de toda una sociedad a la hora de comunicar lo que le pasa.

La falta de representatividad política e institucional, llevó a los ciudadanos a tener que arreglárselas por sus propios medios y ahí es donde marchar, cacerolear o cortar una calle o ruta se convirtió en el modus operandi  para resolver situaciones, desde los cortes de luz a la inseguridad, desde un reclamo salarial a una inundación, desde la muerte del fiscal Nisman a Ni una Menos todo pasa por la protesta en las calles. Claro está que este sistema naturalizado que muchas veces está al límite de rozar  lo extorsivo, funciona. La pregunta es ¿esta es la forma en la que queremos resolver nuestros problemas? ¿Puede un país salir adelante con una sociedad que la única forma que encuentra para expresarse es la marcha? ¿Es el método por el cual vamos a fortalecer la institucionalidad?

El diagnóstico de porque llegamos a esta situación lo tenemos bastante claro, el principal responsable de esta regresión social ha sido un Estado ausente a la hora de desempeñar sus funciones esenciales, como ser: prestar servicios públicos de calidad, administrar justicia y resolver los conflictos sectoriales que son inherentes de la vida en sociedad. Eso ya lo sabemos. Y también sabemos que reconstruir esa degradación en la cual estamos empantanados no es fácil ni tiene recetas mágicas ni mucho menos va a suceder de un día para el otro si es que sucede, porque para que suceda en primer lugar debemos asumir que somos parte activa de que no funcione.

Manifestarse, hacer paros, marchas y contra marchas es un derecho adquirido que debe ser respetado. Es la libertad de expresarnos que nos costó mucha sangre sudor y lágrimas a lo largo de nuestra historia y en honor a quienes les costó la vida que hoy podamos vivir en democracia tenemos el deber de darle a esos derechos las obligaciones que le corresponden en nuestro presente y por sobre todo para nuestro futuro. Transitamos un momento de la historia donde aún estamos a tiempo de transformarnos, de mutar toda esa carga autodestructiva que arrastramos como una pesada mochila que cada vez pesa más.

El Martin Fierro nos decía textualmente: “Los hermanos sean unidos/ porque esa es la ley primera/ tengan unión verdadera/ en cualquier tiempo que sea/ porque si entre ellos pelean/ los devoran los de ajuera”. Deberíamos leer más seguido el Martin Fierro, y entonces las marchas dejarían de ser a favor de uno o en contra de otro. Tal vez es solo una expresión de deseo, un sueño, una utopía pero sinceramente voy a seguir soñando. Déjenme soñar que en algún momento la marcha la vamos a hacer todos juntos con una sola bandera, la celeste y blanca que es la que nos cobija a todos, aunque a muchos eso no les guste.