Máquina de carne y hueso

(por Prof. Fernando “Cocó” Maineri) 

En el fondo somos una especie de máquina de carne y hueso, con mecanismos de palancas, motores, bisagras, tuberías, filtros, depósitos y un procesador central que lo controla todo. Pero una de las diferencias de los humanos con las máquinas es que nosotros mejoramos sin que nadie nos tenga que poner piezas nuevas más modernas para ello. Tanto nuestros músculos como nuestros huesos y nuestros órganos, se adaptan a las circunstancias para optimizar su rendimiento.
De hecho cuando te sometés a un entrenamiento regular de running vas a obtener estas adaptaciones que van a suponer mejoras como corredor, atleta, deportista. Aquí tienes algunas de las más significativas:
Aumento del volumen de sangre: así tenés más cantidad de glóbulos rojos para suministrar oxígeno a tus células.
Disminución de la frecuencia cardíaca de reposo: de esta forma el corazón trabaja menos cuando corres a la misma velocidad que cuando no estabas entrenado.
Aumento de la fuerza muscular de tus piernas: con más fuerza en tu tren inferior ganarás en velocidad principalmente y te resultará más fácil moverte por terrenos con desniveles.
Aumento de la densidad de capilares en los músculos: los nutrientes llegan mucho más eficientemente a cada célula.
Aumento de la densidad de las mitocondrias en la musculatura de las piernas: las mitocondrias son los hornos celulares que transforman los nutrientes en energía, cuantas más tengas más energía puedes obtener de los alimentos.
Mejora la capacidad de transportar el lactato a las mitocondrias: como subproducto del metabolismo muscular se genera el famoso ácido láctico. El entrenamiento enseña a tu cuerpo a transportar esa sustancia a las mitocondrias, donde se recicla usándose como combustible para producir energía.
Ten en cuenta que por la ley de especificidad del entrenamiento, si solo haces rodajes largos no vas a mejorar mucho la velocidad y por el contrario, si solo haces series y cambios, te va a costar acabar las carreras con más kilómetros.
Siempre hay cierta transferencia de un tipo a otro de entrenamiento pero el factor especificidad manda. Tu musculatura tiene diferentes tipos de fibras, las fibras musculares tipo I o rojas, de contracción lenta, y las fibras musculares de tipo II o blancas, de contracción rápida. Según el tipo de entrenamiento que hagas y según tu genética, tendrás mas potenciadas la de un tipo que del otro.
Hay un principio, el de la supercompensación, que le ha permitido a tu cuerpo adaptarse cada vez mejor a los esfuerzos de la carrera a pie, del entrenamiento. ¿Y qué quiere decir ese principio? En esencia, que tu organismo responde al estrés que supone la carrera con una pérdida de rendimiento inicial (tras acabar de entrenar tienes un periodo en el que estás más cansado de lo que empezaste) y que tras esa bajada de rendimiento se dan adaptaciones que suponen una eficiencia mayor que la inicial. De la sucesión de las cargas y los descansos se produce la mejora, siempre y cuando se acoplen de la forma adecuada.
Pueden ocurrir tres casos: 1. Que introduzcas la siguiente carga antes de la recuperación o que sea una carga demasiado intensa, de forma que el rendimiento en vez de mejorar va bajando, te agotas o sobreentrenas.
2. Que la siguiente carga se introduzca tras la recuperación pero no sea de la intensidad suficiente o esté demasiado separada de la primera, en cuyo caso mantienes la forma pero no mejoras.
3. Que la carga se introduzca tras la recuperación y sea de la intensidad adecuada, no excesiva, en ese caso tu rendimiento irá mejorando.
No te desequilibres. Estos son unos ejercicios para tonificar, estabilizar y evitar lesiones.