Los 7K desde adentro

(Por Guillermo Merlino)

 

Filípides, héroe de la antigua Grecia, recorrió el camino desde Atenas hasta Esparta para pedir refuerzos, lo que serían unos 225 kilómetros. Aun así, el mito ganó mucha trascendencia sobre lo que realmente sucedió y, en honor a este, se creó una competición con el nombre de “maratón”, que fue incluida en los juegos de 1896 de Atenas inaugurados por el Barón Pierre de Coubertin. Los 42.195 metros por los que hoy día conocemos el Maratón, datan del año 1908, cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Londres y la reina estableció, sin quererlo, esta distancia como la distancia oficial de la carrera de resistencia por antonomasia. Esta distancia es la que separa la ciudad inglesa de Windsor del estadio White City, en Londres. Los últimos metros fueron añadidos para que la final tuviera lugar frente al palco presidencial del estadio. La distancia quedó establecida definitivamente como única oficial en el congreso de la IAAF celebrado en Ginebra en 1921, antes de los Juegos Olímpicos de París 1924.

En mi caso, comencé a correr hace 4/5 años por una cuestión de salud, y además porque me daba libertad de la rutina diaria y me ponía en contacto directo con el espíritu y la naturaleza. Luego de un tiempo de inactividad por una lesión, volví a sacudir el alma sobre mis Nike Pegasus Nº 43 gracias a la grata compañía de mi pareja. Con el aliento de ella, entre otros amigos, el pasado domingo me animé a competir en los 7K organizados (impecablemente) por la Municipalidad de 9 de Julio, a través de la Dirección de deportes.

Ese domingo, la felicidad y la alegría (contagiosa) se respiraba desde las 8 de la mañana cuando Tatoo (el DJ) comenzó a hacer rugir los grandes parlantes ubicados en la esquina de la plaza de Mitre y Libertad.

Pude observar -por primera vez- la preparación de los atletas que iban a recorrer la distancia preparada para ellos: 21 kilómetros(media maratón)  y mi admiración fue muy grande, principalmente porque la mayoría eran conocidos, amigos, vecinos, esposos, padres, comerciantes, empleados, hijos… “Es un mundo aparte” pensé.

Poco a poco, los corredores nos fuimos congregando cerca de la largada, algunos más ansiosos que otros. En mi caso, algo de nerviosismo se sumaba al combo.

Las chicas de “Del sol Gym” hicieron una excelente y divertida coreo para el precalentamiento mientras algunos matrimonios llegaban apurados, habiendo dejado sus pequeños hijos en casa de un familiar… a las corridas… y todo sea por correr.

El público comenzó a concentrarse en las inmediaciones del banco provincia y, en un momento, los participantes escuchamos “¡A prepararse!”.

La adrenalina comenzó a hacerse presente, en distintas medidas, en cada cuerpo preparado para la ocasión. Algunos tras varios días de un duro entrenamiento, y otros con una preparación menor –tal fue mi caso-, pero con el objetivo claro: llegar sin importar la posición ni el tiempo empleado.

Largamos en el medio de un clima de euforia, tensión y mucha adrenalina.

Los que mejor se prepararon, con mucho tiempo de anticipación, se los veía “pasear” por la carrera, mientras que otros comenzaban a dudar si los gemelos aguantarían, si la respiración era la correcta, si el bazo dolería o si el organismo se revelaba de alguna manera.

Ya en carrera, los atletas de los 21 K siguieron su camino por la avenida Compairé hacia el aeroclub mientras que nosotros, los competidores de los 7K, doblamos en la calle Mendoza para encarar el tramo final, escuchando a cada paso gritos como “¡Se puede, vamos que falta poco!” de gente que, sin conocerte, te daba fuerzas para acelerar el ritmo.

La llegada fue una de las experiencias más emocionantes vividas. Entrar a la meta por un enorme túnel humano cargado de gritos de aliento y entusiasmo fue algo verdaderamente maravilloso. Cruzar la meta bajo el arco significa muchas cosas… no solo llegar. A partir de ese momento la satisfacción de haber cumplido el gran objetivo propuesto hace poco tiempo, hacía olvidar algunos dolores musculares o el cansancio. El promedio por kilómetro fue de 6:53, buena marca para un novato.

La medalla, el abrazo con los amigos, las fotos, el powerade y el sentimiento de “misión cumplida”, con la pregunta rondando en mi cabeza… ¿Cuándo será la próxima?