Justicia por mano propia

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TN y la gente.

Cuando la justicia calla, la violencia grita…

 

                                         “La justicia se defiende con la razón y no con las armas.No se pierde nada con la pazy puede perderse todo con la guerra.”

PAPA JUAN XXIII

 

 

La necesidad de seguridad es una de las más primarias del ser humano y su satisfacción es lo que lo llevó a realizar ese famoso contrato social a través del cual las normas establecieron los límites para que el instinto agresivo se aplaque y sea posible la convivencia en comunidad.

Otra de las necesidades primarias de las personas es  la justicia. Pero es sabido que cuando ésta falla, tarde o temprano el pueblo la toma por sí mismo.

Esta semana la ciudad fue testigo de un caso de “justicia por mano propia”, que excede toda fantasía. El lunes a las cinco de la mañana le robaron la moto a un familiar de una  famosa karateca de la ciudad. Ella decidió no quedarse de brazos cruzados entonces tras realizar una convocatoria por facebook en busca de datos aunó a un grupo de sus alumnos y salió tras el ladrón. Hizo su propia tarea de inteligencia e investigación y en pocas horas logró saber quién era el delincuente, quiénes eran sus parientes, donde vivía y qué lugares frecuentaba…En una persecución digna de una película hollywodense (y que ella misma narró en su facebook) , lo capturó y aplicó sus conocimientos de artes marciales. El ladrón no la pasó nada bien: fue a parar al hospital. Ella tampoco. La llevaron a la comisaría. A raíz de este hecho, curiosamente, la policía pudo esclarecer varios robos más…

Este suceso, es una inequívoca muestra de justicia por mano propia, la antítesis de la justicia. Y que aparece con el aumento de la inseguridad y la ineficiencia de la Policía y de la Justicia para hacerles frente.

 

Lamentablemente  la realidad muestra cómo cotidianamente las personas reaccionan directamente contra quienes consideran culpables de la comisión de delitos ante el ausentismo del Estado. Es cierto que los hechos delictivos generan ira y frustración, sobre todo si ello va acompañado de una respuesta institucional lenta o si el auge delincuencial rebasa la capacidad del Estado para enfrentar el fenómeno. De allí que surge una especie de escepticismo en las fuerzas de seguridad y una impotente sensación de desprotección.  Ante estos vacíos entra en escena una falsa deidad: la justicia por propia mano que, lejos de protegernos, se convierte en una amenaza para toda la sociedad.

 

Es cierto que los ciudadanos tenemos el derecho de adoptar medidas en defensa de su integridad. Pero no debemos confundir “la defensa propia” con “la justicia por mano propia”. Entre una y otra hay un abismo irreconciliable. Si alguien en defensa propia, cuando el crimen se está perpetrando, hiere al agresor allí su acción está justificada. Sin embargo, después de los hechos ya no es “defensa propia” es simplemente un crimen.

La justicia por mano propia es un delito y es castigado por el derecho penal. Justamente este es una limitación de la venganza privada. Además en un acto de justicia propia los roles se invierten: el perjudicado  se convierte en agresor y el delincuente en víctima.  Por eso esta forma de justicia es la forma más cara de combatir la delincuencia: nos puede costar la vida. O la libertad.

Cuando el estado falla en uno de sus servicios indelegables como es la seguridad  son los ciudadanos que deben reclamarlo y exigirlo con firmeza, siempre dentro del marco de la legalidad. Además de reclamar una Policía profesional capacitada para prevenir y actuar frente a la actividad delictiva.

La administración de justicia no puede estar fuera de las instituciones de la república. Sólo a través de la exigencia y a través de su eficiencia, podrá volver a gritar la justicia, para que la violencia calle.