Importada de Alemania

Alina Hallemann, alemana de nacimiento y nuevejuliense por elección. Conocé por qué cada vez que puede vuelve a nuestra ciudad. Contrastes e intercambio.

 

(Por  Juan Manuel Jara)

 

                Dice ser alemana,pero cuando Alina Hallemann habla, su español es tan fluído que genera la duda si en realidad no es una argentina con acento germánico. El idioma lo aprendió viviendo con su familia anfitriona en 9 de Julio, los Thurler, Cintia y Pablo, según ella “sus segundos padres y padres acá en Argentina”.  Fue durante el año de intercambio que hizo entre 2012 y 2013. Desde entonces, cada dos años deja su pueblo Wietze (“mas chico que 9 de Julio”, aclara) cerca de Hamburgo, y se hace una escapada al oeste bonaerense . Extraña la gente y las costumbres que ya tiene incorporadas.

                Hoy, con sus 23 años, Alina explica que “en Rotary Internacional hay un plan de intercambio para jóvenes, es algo sencillo, se pueden anotar a partir de los 15 años y hacer un año de intercambio en una escuela de otro país. Viene un alumno de ese lugar y mandamos uno para allá. La familia de cada uno recibe al otro”.

                Recuerda la suya como una linda experiencia que duró desde septiembre de 2012 a junio del año siguiente, y estuvo cursando en el Colegio San Agustín. Recuerda que lo primero que aprendió en la escuela fue una “puteada”, el célebre “boludo”, que ahora  ella “lo usa como acá, con ese dejo cariñoso”.

                SEMANARIO EXTRA: ¿Por qué volviste?

                ALINA HALLEMANN: Porque me encantó Argentina y además extraño a mi familia de acá, a mis amigos, la vida que tuve en 9 de Julio, que es una parte mía que en Alemania no puedo vivir.

                SE: ¿Cómo es tu pueblo?

                AH: Nada que ver acá. Hay un montón de pueblos chiquitos. No te podés juntar con tus amigas como acá, salvo en la escuela y quizás los fines de semana. Acá para mi es relindo porque uno está todo el tiempo con sus amigos. Es más familiar.

                SE: ¿Qué te gustó? ¿Cuáles fueron las primeras impresiones?

                AH: Lo primero fue la gente, los argentinos son re-amables, re-tiernos. Cuando volví a Frankfurt pregunté algo a una mujer que trabajaba ahí en el aeropuerto y me contestó mal. Llamé a mi madre y le dije que me quería volver a Argentina.

                SE: Y antes del viaje de intercambio ¿qué sabías de nuestro país?         

                AH: Sabía poco de Argentina, salvo lo que me contó un pariente que había estado. Pero muy poco. Suena duro, pero Argentina no es un país importante para Alemania.

                SE: Lo sabemos(risas)… ¿Qué le diríasa aquellos que pueden hacer la experiencia del intercambio?

                AH: Es una experiencia única. Tenía miedos, yo no quería, pero mi mamá y mi tía me dijeron que lo tenía que hacer.Pensá que era un año fuera de mi casa, sin mis amigos. Pero me anoté. Teníael miedo de perder algo en Argentina, pero en realidad ganás, como yo que gané una familia, amigos, es algo re-lindo.

                SE: ¿Seguís siendo parte de Rotary?

                AH: Soy parte de Rotex, que es la división de los jóvenes de Rotary.

 

                Alina estudióAdministración de Empresas y ahora está por hacer el Master en Comunicación y Marketing.Conoce la Argentina porque parte del intercambio es recorrer el país que uno está.Se tomó un mes para volver por cuarta vez a nuestro país.Su familia es de Hamburgo pero ahora viven en Wietze.Después de su año de intercambio, cuando volvió, imaginó que iba a tener que contar muchas veces sus experiencias de viajes, así que armó un blog donde volcó esas vivencias.

                ¿Costumbres argentinas? Varias y muy arraigadas: el mate, la Cremona, el Gancia, el Fernet. Sabe que la cerveza alemana es mejor pero le gusta la Quilmes. En futbol hincha por Hamburgo, nunca por el Bayern Munich, club al que “odia” y, pese a que su familia argentina es de River Plate, pero por los colores, Alina dice “ponele que soy de boca” sin mucho convencimiento. Su fanatismo está puesto en el alfajor “Guaymallén”, algo que varias de sus amigas no logran comprender.

                Anécdotas de tránsito. Manejar en 9 de Julio con las costumbres alemanas le implicó algún que otro bocinazo por ir frenando en cada esquina. Pero ningún incidente tan grave como para que Alina tuviera que bajar  vidrio y lanzarle un“boludito” con acento germánico a quien le tocaba bocina.