Grupo Halcón: Solo dos oficiales alcanzan cada año a cruzar la meta

La sección más especializada de la policía de la Provincia de Buenos Aires es convocada en unos 50 operativos mensuales.

Una buena parte de los aspirantes no resiste el primer día de adiestramiento. Y solo el dos por ciento completa el curso más exigente de la policía. Apenas el 0,1% de la fuerza de seguridad provincial tiene lugar en su unidad de élite: el Grupo Halcón. Sorpresa y velocidad, son las dos claves del éxito en la mayoría de las intervenciones de la sección. En menos de un minuto entre 8 y 12 oficiales del Grupo Halcón pueden controlar cualquier situación de riesgo en las 50 intervenciones que realizan, en promedio, cada mes. Esos operativos incluyen allanamientos por narcotráfico y negociaciones en tomas de rehenes.

A metros de la entrada principal de la Escuela Policial Juan Vucetich, ocho oficiales del Grupo Halcón se preparan para una práctica. El entrenamiento se realiza en una estructura construida con tablones de madera que asemeja una casa que será el blanco del equipo. En forma sigilosa, se dirigen hacia la puerta de entrada, que en pocos segundos se fragmenta, y las soldaduras de metal que la sostenían son destruidas. Una vez anulada cualquier amenaza al grupo, con la ayuda de un sniper, que en general estará escondido a unos 1000 metros, el equipo se desplaza en secciones pequeñas que despejan las habitaciones para controlar la situación.

“Nos encontramos con situaciones completamente impredecibles, por ejemplo, hace años que detectamos que los delincuentes colocan las puertas al revés, para que se abran de adentro hacia afuera, algo que atrasa a los brecheros unos 30 segundos”, explicó el comisario general Sergio Moreno, jefe de operaciones de la policía bonaerense, durante un entrenamiento del Grupo Halcón en la base de Berazategui.

Alrededor de 75 solicitantes se anotan cada año para entrar en el Grupo Halcón, el 10% se va en el primer día, y únicamente dos aspirantes se reciben. Solo el 0,1% de la Policía de la Provincia de Buenos Aires pertenece a esa unidad élite. Este equipo de acción especial policial debe responder a los requisitos más exigentes, sin lugar para errores.

Desde su creación en el año 1986, el Grupo Halcón se ha capacitado en distintas unidades del mundo, como en la Drug Enforcement Administration (DEA), el Hostage Rescue Team (HRT) del FBI y el SWAT de Los Ángeles. También se realizaron cursos de Táctica y Negociación en la República Federal Alemana con el Spezial Einsatz Kommander (SEK) de Dusseldorf y entrenamientos con la academia israelí IMI.

“Tienen que estar listos todo el tiempo”, dijo Osmar Díaz, el jefe operativo del grupo a LA NACION, también conocido como el ‘Mudo’. Todos los días hacen diferentes prácticas, como arrastrarse por el bosque durante casi un kilómetro, sin ser detectados por el objetivo, simulando actuar en situaciones donde una persona amenaza con suicidarse o entradas riesgosas en allanamientos a bandas criminales.

Velocidad y sorpresa
La planificación de los operativos se centra en la sorpresa, por eso muchas veces actúan cuando los objetivos están dormidos. En ocasiones usan un ‘Caballo de Troya’, un móvil no identificable que se acerca a solo metros del sitio donde tienen que entrar. Pueden llegar también en helicóptero y descender hasta unos 20 metros en cuestión de segundos, también han ingresado por los arroyos a las villas de La Matanza con equipamiento de buzos y pueden escalar edificios.

“Todos en cualquier momento están preparados para ser buzos, y paracaidistas, un hombre Halcón tiene seis meses de entrenamiento básico e intensivo y dos años de preparación, además se capacitan en la base naval con la Armada, para prepararlos en buceo y con la Fuerza Aérea en paracaidismo militar”, explicó el ‘Mudo’. “Buscamos que se integren al trabajo de equipo, que sepan resolver situaciones extremas, y para eso les quitamos el estado de confort, comenzando con el celular”, continuó.

El tipo de asalto táctico, según el manual, lo define la máxima jerarquía policial presente en el lugar una vez que la Justicia da la orden para actuar. La forma de la irrupción es definida por las oportunidades que presente cada objetivo. No se habla de protocolo, porque no existe uno escrito con entidad, como lo hay en casos de secuestros extorsivos, por ejemplo. Una vez que le dan intervención al Grupo Halcón, ellos definen con qué táctica van a realizar el operativo, si tienen que romper una puerta para entrar en un allanamiento complicado o iniciar la negociación en una toma de rehenes.

Como parte del entrenamiento se fomenta en ese grupo policial una fuerte dinámica de grupo. Las preocupaciones y charlas que comparten a diario giran en torno a problemas familiares, de pareja, de salud, entre otros. La preparación es extrema, tienen que saber lidiar con todas las situaciones que se puedan presentar y no hay lugar para fobias, temores y errores. Cualquier recaída, por más leve que parezca es razón para salir del equipo. Son muy pocos los oficiales operativos y deben depender de un estado psicofísico al 100% las 24 horas. La prioridad es el equipo, algo que dejan claro desde el primer día, cuando les quitan los celulares a todos para enseñarles que deben lograr enfocarse en el entrenamiento y los operativos diarios.

Los oficiales seleccionados para esta unidad no solo deben ser evaluados por su destreza para manejar armas y condiciones físicas. También son examinados para asegurarse de que están eligiendo a personas que tienen una mentalidad correcta para el trabajo. En general, cuanto más entusiasmados están por romper puertas, aumentar sus niveles de adrenalina y disparar ante cualquier oportunidad, menos lugar tendrán en el Grupo Halcón.

Prácticas constantes de tiro
“La capacitación permite que los oficiales tomen decisiones tranquilas y racionales cuando enfrentan situaciones de alto estrés”, indicó Moreno. Para el titular de la unidad, la experiencia y el entrenamiento le permite perfeccionar el desempeño de los oficiales. Por ejemplo, los parámetros de la frecuencia cardíaca le dan una pauta a los francotiradores del grupo de élite, que entienden que la pausa respiratoria es óptima para un disparo certero.

“Ser sniper es una habilidad natural que tiene una persona, somos sumamente analíticos y podemos controlar muy bien nuestras emociones, una de las bases de la especialidad”, contó a LA NACION uno de los tres snipers del Grupo Halcón y que además participó del entrenamiento. “En la mayoría de las situaciones críticas, se tiene una sola oportunidad para hacer un disparo, por eso decimos que hay que mantener el temple para poder hacer este trabajo”, continuó.

La mayoría de los francotiradores hicieron previamente tiro de caza o tiro deportivo de larga distancia; en general hay muy pocas posibilidades de aprender esta técnica de adultos. Los tiradores practican todos los días durante sus guardias. “El rifle responde de una manera en junio y de otra muy distinta en diciembre: el calor y el frío cambian el aire por donde vuela el proyectil; por lo tanto, cuanto mayor sea la distancia del disparo, más se verá afectado el proyectil por los factores ambientales”, concluyó el sniper.

Los francotiradores solo se desempeñan en unidades especiales y pasan varias horas camuflando sus uniformes y rifles. En el Grupo Halcón están equipados con el fusil M-24, que garantiza un tiro de hasta 1200 metros. Más allá de las herramientas, los oficiales de esa unidad se apoyan en un entrenamiento exigente y cotidiano.

Crédito: Soledad Aznarez