Entrevistas: Mujeres Rurales por elección

Carolina Peñaloza, Coronel Moldes, Sur de Cba. / Productora tambera.

Tranqueras Abiertas: Primera generación de productores. ¿Cómo se dio eso?

Carolina Peñaloza: ¡Sí! Primera generación de productores.  Yo no vengo de familia agropecuaria y en el caso de mi esposo, su familia tampoco se dedicaba al campo, pero él desde chico sabía que se quería dedicar a la agricultura y ganadería. Nos pusimos de novio cuando él estudiaba agronomía. Yo trabajaba en una empresa que vendía partes industriales, daba clases de inglés, tenía una vida totalmente paralela y opuesta a lo que es el campo. Cuando decidimos juntarnos a él le había salido un trabajo en Miramar como asesor de una cooperativa tambera en ese momento de Sancor, y ahí fue el momento que dijimos o nos juntamos o nos separamos, llega un momento en que tenes que tomar la decisión. Renuncie a mi trabajo y me fui con él a vivir al costado de la laguna Mar Chiquita, conseguí trabajo como profesora de inglés a 40 km, me tomaba el colectivo en la terminal… yo siempre en función del lugar pero lejos del campo pero toda la gente que me rodeaba estaba relacionada, toda esa trasmisión hace que una vaya aprendiendo a amarlo.

Después nos fuimos a vivir a EE.UU. Una de las razones por las cuales quería volver es porque es un país que adoro pero no es un país para criar hijos, yo quería  que estuvieran cerca de la familia, los abuelos, los primos, que vivieran esas cosas que cuando sos grande recordás, de tus abuelos  y las cosas maravillosas que viviste en casa de ellos. Yo quería eso, esa cercanía.

Ahí decidimos venirnos acá (Coronel Moldes). Mi esposo llegaba recién de terminar una maestría, con todas las ganas, teníamos un bebe muy chiquitito, elegimos vivir en el pueblo, al campo no, la verdad es que yo tenía mucho miedo, yo vengo de la ciudad de Córdoba y después EE.UU. Cuando llegue acá imagínate, todo quedaba lejos, el campo a 17km del pueblo más cercano, lejos el hospital, no había pediatra en esa época, me generaba mucho miedo irme al campo, los alacranes, las víboras, por suerte no hay nada de eso acá. Era el miedo que yo sentía.

TA: en ese principio ¿pensaste en volver a la ciudad?

CP: Y yo me plantee… ¿y si no me gusta? Y bueno si no me gusta me vuelvo. Y dije, si pude en Miramar, pude en EE.UU.  ¡Cómo no voy a poder en Moldes! Y me dije a mi misma, nos capacitamos para poder trabajar donde sea. Como no vamos a poder. Y si nos va mal bueno, empezaremos en otro lado. Y así fuimos creciendo nosotros y la empresa también, yo apoyo con mucho cariño, creo pasionalmente que esto que estamos haciendo es lo correcto.

Al poco tiempo yo empecé a trabajar, eso me sirvió para mi adaptación para decir no  me vuelvo más. Llega un momento en que estas sola con un bebe, tu marido está todo el día en el campo vos no tenés trabajo, ni amigas ni a la familia, no tenés a nadie y si… al principio fue un poco duro. Las vecinas venían y te abrían la puerta directamente para ver si necesitabas algo, para darte la bienvenida, yo me quería matar, en el sentido de que sentía que era todo raro. Esas mismas vecinas me propusieron si me animaba a dar clases de inglés porque querían viajar, querían aprender, en ese momento todas tenían más de 40 así que empezamos con un grupo de 9 mujeres que con el  correr de los años nos hicimos amigas, generamos un vínculo muy lindo. Una ayudaba al esposo en una empresa de aviones pulverizadores, la otra en un criadero de cerdos, otra ayudaba en una sucursal de agropecuaria San Francisco, la otra trabajaba con el marido, dueños de la estación de servicio, entonces como que también me empezaba a empapar en esta sub cultura donde  parece que las mujeres vamos a la peluquería nada más, en los pueblos sos siempre  la esposa de, entonces te das cuentas que al final las mujeres estamos 8 hs, 10hs trabajando a la par del esposo, por ahí no físicamente  pero si trabajando mano a mano juntos y de a poco te vas involucrando  y de pronto te convertís en la mano derecha de una empresa que sin querer depende de vos para un montón de cosas.

Yo tengo 2 hijos varones, el pueblo no te da muchas opciones educativas, hay 4 escuelas públicas, los chicos terminan yendo al colegio que te dicen que más o menos anda mejor, no hay opción de escuela bilingüe o de deportes.

TA: Ya instalados un Coronel Moldes, y el tambo…

CP: Y llego el momento y el tambo… Nosotros empezamos en esta actividad con un tambo alquilado que estaba en bastante mal estado. De a poco la empresa empezó a crecer pese a todas las crisis que pasamos, con el tiempo nos dedicamos exclusivamente a mejorar el campo, a hacer una trasformación que implico muchísimo sacrificio familiar, ya que somos socios con mi cuñado y mi suegro. Hubo todo un empuje de familia con todo lo que lo conlleva, malos entendidos, discusiones por suerte siempre se llegó a buen puerto, entonces se facilitaron las cosas para que no haya conflictos familiares con respecto a la toma de grandes decisiones de la empresa y eso lo hizo más llevadero.

TA: Como fue elegir, volver a la argentina, a un pueblo y dedicarse al campo…

CP: Creo que tiene que ver con el amor, el cariño y la pasión que te trasmiten las personas que se dedican a producir.

TA: ¿Te considerás una mujer rural?

CP: Si, me considero una mujer rural, soy como una hibrida, pero sí. Mi elección de vida esta acá, producir. Estoy orgullosa de haber elegido a una persona que produce alimentos y hoy ser yo parte de eso.

TA: ¿Te costó mucho que te reconozcan como una mujer de campo?

CP: No para nada, de hecho tengo gente amiga que tienen  conocidos que ha heredado un  tambo y los mandan a hablar conmigo. No me costó para nada, al principio era la chica que enseña inglés, la chica que no es de acá, pero ahora todos me asocian a la lechería, el lugar también me ayudo, en esta zona las mujeres tienen importancia en el trabajo familiar. El veterinario se puede comunicar tanto con mi esposo como conmigo. Vengo de una familia donde la mujer tiene un rol importante casi casi te diría que es un matriarcado, somos tres hermanas y hacemos de todo, desde hacer un yogurt, saber tejer, saber cocinar, saber bordar hasta arreglar el enchufe o cambiar la cubierta del auto. Mi abuela siempre decía ¨querida, lo que no podes comer lo tenés que saber hacer así que siempre tenés que saber hacer de todo¨

TA: pasada toda esa etapa de adaptarse, convertirse en una mujer de campo, vienen los proyectos futuros desde otro lugar. ¿Cuáles son esos proyectos?

CP: En este momento estamos en obra con un tambo nuevo, se hizo una inversión muy importante porque compramos robots, se cambia totalmente la mirada tradicional de hacer tambo, pasamos a la robotización, y la gente que estaba en el tambo pasa a trabajar en otra área, pasan a cubrir otros roles. La idea es una fábrica de queso, es decir procesar la leche y darle valor agregado en el mismo predio y ya no depender de una usina que nos compre la materia prima. Las veces que pensamos en hacer otra cosa fue por problemas con la usina como cuando no pagan o te pagan a 190 días, no te aumentan  el valor del producto, la usina te tiene agarrado de rehén y vos tenés que manejarte como podes. Así que hicimos un click y dijimos tenemos que hacer otra cosa, buscarle la vuelta y  darle un valor agregado a la producción primaria. Ya está toda la maquinaria comprada, al tambo le falta terminar los corrales. Tomamos la decisión de vender los animales que estaban en ordeñe por una necesidad de caja para poder terminar la obra, entonces se dejaron las vaquillonas y las terneras que ahora se están inseminando para que empiecen las pariciones en proceso de ordeñe directamente con los robot. Falta poco, pero los tiempos para un productor chico son más largos. Vamos a empezar con queso Sardo, proyectamos hacer de todo, pero de todo al principio no se puede así que vamos a empezar de a poco para ir generando experiencia, formar el mercado… Nosotros queremos un punto de venta directo, apuntamos a un producto de calidad, rico, bien hecho. De la vaca al punto de venta.

TA: el recorrido hasta convertirte en primera generación de productores junto a tu marido, transformar el tambo en una usina láctea que va a vender un producto al consumidor, todo eso recorrido en no tantos años… ¿cuál es el mensaje para todos aquellos que quieren emprender algo nuevo?

CP: Primero abrir la cabeza es fundamental. Eliminar el miedo a equivocarse. Hay que animarse, el que no se anima no pierde ni gana nada. Yo sé que es un país difícil pero no hay ningún país que sea fácil. Asesorarse, investigar, estudiar, ver otras experiencias y no escuchar tanto a los detractores… siempre hay gente que cree que te vas a fundir, que te va a ir mal, que tu mujer te va a dejar, no hay que escuchar a esa gente. Si te fundís es porque te administraste mal porque no te animaste a innovar, equivocarse es una opción. Tener la convicción es importante, canalizar la energía y mandarse. Sacarse los mandatos, yo acá aprendí muchísimo sobre la posesión de la tierra, y como la gente está aferrada a eso y los gringos que vinieron de la guerra ya no están más, la mayoría alquila los campos… hay un mandato de, voy a heredar y voy a cambiar el auto y arreglo el frente de a casa y alquilan… y no! Hay que ver qué valor podemos agregar, qué más podemos hacer y meterle.

El que tiene la tierra, tiene el capital y tiene que ver como explotar eso, que se yo ¡cultivá frutillas y hacé mermelada! Hay que darle valor a lo que se tiene y salir de esa cultura que se gestó de no generar y no hacer.

Convicción, pasión, meterle y equipo…

TA: Carolina gracias por compartir tu historia.

CP: gracias a ustedes, un placer!