El ojo público – Hoy: Patricia Gorza

Pato ContratapaEse ejercicio de comunicarnos

Cuando me propusieron desde este semanario escribir, como es mi costumbre cuando me convocan a colaborar dije “SI, por supuesto”. Recién ahora empiezo a valorar mucho más la labor de los que escriben. Elegir el tema. Pensar que nos gustaría decir al respecto. Pensar en si a alguno de ustedes le va a interesar. Mmmm… no es tan fácil como parecía escribir…

Y por otro lado, la responsabilidad de saber que todo lo que uno hace produce un efecto en sobre los demás. Aha! No era tan simple esto. Lo primero que hice fue preguntarme cuales son los temas profundos e importantes que nos importan a todos los ciudadanos de este planeta, este país, esta provincia, esta ciudad, este barrio, esta manzana, esta cuadra, esta familia, este individuo. Se me ocurrieron muchísimos, todos mezclados, entrelazados, desordenados, enredados y confusos.

Así las cosas, y cumpliendo con el compromiso contraído, trate de recurrir a mis amigas a ver qué tema les parecía interesante, para que les voy a contar… imaginen un grupo de WhatsApp solo de mujeres con las más diversas actividades, gustos, pasatiempos y situaciones personales. Quede peor que antes. Así fue como decidí dejar que la mente fluya libre por el teclado.

Marzo siempre es el mes que nos bajan los pies a la tierra, se despide el verano con sus días dorados donde todo parece ser mucho mejor. El verano tiene esa magia que hace nos podamos evadir como si fuésemos ciudadanos noruegos. Marzo nos vuelve a mostrar que todo sigue más o menos igual a como lo dejamos antes de levantar las copas en año nuevo. No claro, no es que pasamos el verano encerrados en un tupperware, noo!!! Si miramos noticieros y escuchamos alguna que otra radio, y ojeamos algún que otro diario….pero no es igual. Marzo es marzo y no hay con que darle, le encanta cachetearnos un poco. El paro docente, miles de chicos sin clases. Los precios que, resulta, tenemos que cuidar nosotros. El narcotráfico que día a día se esparce cual planta invasiva por nuestras ciudades y que ya casi miramos de reojo como si fuese lo más natural del mundo. El anteproyecto de la reforma del Código Penal. La quita de los subsidios a los servicios que golpea el bolsillo. Cristina con Francisco en el Vaticano. Massa con Redrado en EEUU. Un piquete que termina con un motociclista cayendo de un puente. Los linchamientos en las calles, y los que dicen que “si” que discuten con los que dicen que “no”. River que gano el Superclásico. Y si sacamos un poquito la cabeza por la ventana y miramos para afuera de esta nave que es Argentina, Venezuela con su crisis institucional dejando muertos en las calles; Rusia y Crimea tensando la cuerda al límite; un avión que desde el 8 de marzo nadie encuentra, con 239 almas que nadie pero nadie puede decir donde están; Brasil que desacelera su economía; Mujica que día a día nos parece más gauchito… Ahh pero como se me pasaban las noticias más importantes que llenaron las pantallas, radios y portales días enteros!!! El Candy Crush cotiza en la bolsa de Nueva York. En la entrega de los Oscar una foto de Ellen Degeneres rompió el record de en Twitter. Parecía que Maradona iba a ser padre nuevamente pero no. Se suicidó el marido de Nazarena y un tal Rial que se separó de una tal niña por culpa de un chat con una fulana de no sé qué cosa de un tal hermano que por lo visto es grande.

Y yo acá frente al teclado que me pregunto ¿al final de todo cuales son los temas que tanto les importan a todos ustedes? Hace un tiempo que vengo escuchando conversaciones ajenas (ya sé que no es correcto) en la calle, en el café, en la espera del banco, en la puerta del colegio…poquito más poquito menos todos hablan de lo mismo: las relaciones personales, con la pareja, con los hijos, con los amigos, los padres, los vecinos, los compañeros de trabajo y mil variantes más. Pero el tema que más preocupa es ESE, esa relación con el otro que no fluye, o fluye en demasía. Poco importa si el mundo se cae a pedazos cuando el problema principal son nuestras relaciones humanas.

Está muy trillado escuchar que son tiempos difícil para la comunicación, y siempre me pregunto: ¿hubo un tiempo pasado donde esto de comunicarnos era más sencillo? Algunos dicen que ahora la tecnología acorta las distancias y acerca a las personas, otros dicen que este fenómeno tecnológico nos aleja y nos quita espacios de intimidad. Están quienes sostienen que antes había más compromiso y otros que refutan que ahora lo que cambia es que hay libertad para decir lo que se piensa sin miedo al dedo índice de la sociedad. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿Todo lo que nos pasa es mejor que el pasado? Parece que nadie tiene la respuesta a esas preguntas que todo el tiempo están arriba de las mesas de café, aunque creo que lo importante no es encontrar esas respuestas como blanco o negro, si no generar el debate que merecen los temas que nos importan.

Comunicarnos, entendernos, comprendernos, aceptarnos. Mi actividad hace que viva en continuo contacto con muchas personas con las que lo único que nos une es la confianza mutua. Entonces esto de comunicarnos, entendernos, comprendernos y aceptarnos se vuelve casi un tema recurrente día a día. Ahora… ¿sabemos lo que significan estas palabras? Según mi diccionario

Comunicar: Hacer saber alguna cosa a alguien. – Contagiar, trasmitir un sentimiento. – Conversar, tratar con alguien de palabra o por escrito.

Entender: tener intención o mostrar voluntad de hacer algo. – Comprender, captar el sentido de algo. – Conocer el ánimo o la intención de alguien.

Comprender: Encontrar justificados o razonables los actos o sentimientos de otro.

Aceptar: Aprobar o dar por bueno.

Ahora bien si el diccionario dice esto, lo que trato de decir sería algo así: las relaciones humanas, para que sean saludables necesitan de nosotros. Ninguna relación por si misma puede sostenerse mucho en el tiempo si no le damos a ella la posibilidad de hacerle saber al otro cuales son nuestras ideas, nuestro parecer, nuestros sentimientos y a su vez eso debemos hacerlo poniendo la voluntad de mostrarle al otro quien somos realmente, buscando el momento propicio para cada tema, prestando atención al ánimo y la intención del otro. De estar perceptivo a todo esto y por supuesto aprobando las respuestas estemos o no de acuerdo ya que en eso se basa el punto de la comprensión, que no es la justificación tonta de “si porque si” y “no porque no”, sino si porque puedo ponerme en esos zapatos que estas calzando aunque tan solo sea por un momento.

En vez de caminar en este sentido nos la pasamos sustentando la queja constante, hacia todo lo que camina y tenga forma humana, y mas también. “Mis hijos no me ayudan en nada, la casa es un desastre”; “Mi marido no me escucha”; “Mi jefe no se da cuenta de todo lo que hago por la empresa”; “Mis padres están locos, no entienden que yo tengo mi vida”; “¿Viste lo que me hizo? Y yo pensé que era mi amiga”; “Estoy harto de todo, este país no cambia más”. Así sucesivamente una larguísima lista de quejas y quejas y quejas. La queja se transforma en una trampa mortal, un camino de aislamiento donde cada uno gira en su propia frecuencia sin poder disfrutar de otra cosa que no sea el mero ejercicio de quejarse.

Para poder mejorar nuestra comunicación y en consecuencia mejorar todas muestras relaciones personales, es necesario comenzar por uno. Aunque parezca mentira, en muchas ocasiones tratamos de comunicarnos con otros sin siquiera saber que queremos decir. La ansiedad de querer comunicarnos, de querer entendernos nos lleva a parlotear sin cesar, cumpliendo con esa necesidad y deseo de hablar sin lograr trasmitir nuestros pensamientos y sentimientos. Terminamos hablando de temas y cosas que no nos interesan sin llegar nunca a decir lo realmente importante. El abismo de ausencia ante nosotros se hace más grande y la necesidad más profunda. La insatisfacción se hace mayor y el círculo vicioso crece y crece.

Poder pensar cuales son los temas importantes que necesitamos transmitir es el primer paso a dar, y eso requiere de tomarnos nuestro tiempo para mirarnos en el espejo, mirar hacia nuestro interior y desnudar el alma. Sincerarnos con nosotros mismos es la clave. ¿Cuántas veces expresamos enojo cuando en realidad es dolor? ¿Cuántas veces forzamos charlas divertidas cuando en realidad estamos enojados? Enmascaramos los sentimientos atrás de lo que creemos es lo mejor para que las cosas estén bien. No hay una escuela que nos enseñe a relacionarnos, no hay un manual que pueda aplicarse. Cada uno de nosotros es diferente. A cada uno nos afectan las cosas de diferente manera, y en diferentes momentos. Tal vez algo que en el pasado nos parecía correcto hoy ya no nos parece. Aquello que creímos justo ya no lo es. Entonces no hay reglas. No hay un lineamiento único y estático. Comunicarnos es movimiento, es evolución, tiene ritmo propio y poder aprender a respetar nuestro propio ritmo es todo un desafío.

“Para bailar un tango se necesitan dos”, reza el dicho popular y nada tan real. ¿Dos sería uno que habla y uno que escucha? No. Monologar es uno que habla y uno que escucha. Comunicarnos es mucho más que eso. Es poder pedir, poder dar, poder recibir, poder aceptar, poder crecer, poder escuchar, poder compartir.

El lenguaje humano es un universo maravilloso que nos permite que la comunicación no quede anclada solamente en un puñado de palabras ya sean orales o escritas. Los gestos, los sonidos, los colores, los aromas, los movimientos corporales, las miradas, todo pertenece al universo de la comunicación y si de a poco vamos aprendiendo a incorporarlos, entendernos dejara de ser un problema para pasar a ser algo de lo que podamos disfrutar.

El único camino posible para ser mejores como sociedad, familia, pareja, padres, maestros, dirigentes, estudiantes, profesionales es aprender a comunicarnos. Es un cambio posible y ya no depende de los gobernantes de turno, ni de la autoridad policial, ni del jefe de guardia del hospital, ni del preceptor del colegio, ni del conductor que no respeta las normas de tránsito, ni del empleado público que no cumple con su deber, ni del empresario corrupto. Depende pura y exclusivamente de cada uno de nosotros. Entonces cuando empezamos a ejercitar el maravilloso arte de comunicarnos el mundo cambia, porque para que el mundo cambie, lo que debe empezar a cambiar es nuestro mundo y eso es responsabilidad nuestra. Imaginemos por un momento poder decir todas las cosas que nos quedaron encerradas entre el esternón y la espalda de buen modo. Imaginemos que podemos decir “te amo” a todos nuestros seres queridos. Imaginemos poder decirle “no me banco mas lo que haces” a todo aquel que nos lastima. Imaginemos que hacemos eso y del otro lado hay una persona que comprende lo que le estamos diciendo este o no de acuerdo con eso. Imaginemos no guardar en el baúl de los recuerdos todas esas conversaciones que planeamos en soledad con la persona que queríamos tenerlas. Imaginemos como cambiaria nuestra vida si trabajáramos solo un poco en esto… ¿Se ve bueno, no? Fácil….no, tal vez no tanto como escribirlo, pero total y absolutamente posible.

Los invito a participar, participar del ejercicio de comunicarnos más y mejor cada día. Como una forma más de aportarle al futuro algo superador a lo que recibimos. Que la vida no se nos convierta en un pase de manos entre la sala de partos y el velatorio. Que el día a día nos resulte lo suficientemente llevadero como para que le problema principal no sea ocuparnos todo el tiempo de este tema, y así empezar a preocuparnos y ocuparnos de esas cosas tan importantes que tenemos por construir aun. Todos esos sueños de un mundo mejor que muchas veces quedan varados en una charla que siempre recordamos de algún café compartido con un soñador como nosotros.

Y para cerrar les dejo una frase de Pericles, un gran orador y político griego en la época de oro de Atenas: “El que sabe pensar, pero no sabe expresar lo que piensa, está en el mismo nivel que el que no sabe pensar”.