El inquieto del clan

(Por  Juan Manuel Jara)

Su nombre es sinónimo de boxeo. Pero Néstor Ferrario dejó su huella en varias disciplinas deportivas. Pelotas y guantes. Las historias de un polideportivo.

             El Canario. O la Pantera Rubia. Dos motes que identificaron a Néstor Ferrario según si estaba tras una pelota el primero, o si se calzaba los guantes y se subía al ring por el segundo. Deportista integral también sirve para describir a este naonense de vida inquieta. Ferrario es hoy un nombre fundido a fuego con el boxeo, pero también supo dejar huella en otras disciplinas.

            Charlar con él es adentrarse en su vida y escuchar atento esas historias de las que ya no abundan. Repasa su recorrido deportivo con calma y una sonrisa. Se lo ve contento con la organización de los festivales de boxeo y con la marcha de su gimnasio.

            SEMANARIO EXTRA: ¿Quién lo inició en el boxeo?

            NESTOR FERRARIO: Un amigo de mi papá, Pedro Damin, que les ganó a los pupilos de Firpo. Venía de paseo a mi casa y, en una de esas visitas a mi casa de Naón, me trajo un par de guantes de regalo. Yo me había hecho un ring de alambre y lonas bajo las plantas en mi casa y ahí éramos todos boxeadores. Pelota y guantes todo el día. Pero eso fue solo el comienzo.

            Arrancó con algunas carreras de cuadreras. Jugó al pato hasta que un accidente lo dejó afuera. Pasó también por el básquet, el fútbol, coqueteó con el motociclismo, descolló en el boxeo y, al final de todo, “agarré el ciclismo, que siempre me gustó, pero por las otras actividades, nunca podía hacer. Y también jugué al tenis, pero no me podía comprar las raquetas. Llegué a jugar una final contra Abelito de la Plaza, el mejor tenista que había acá en 9 de Julio. Me prestaban el equipo, que era todo de blanco, porque no tenía plata”, cierra Néstor este sobrevuelo por su vida polideportiva.

             Y había tiempo para todo. “A la mañana jugaba en la selección de la escuela y después me iba en bicicleta a Naón a entrenar boxeo, cosa que hacía solo, hasta que Richard Tejeiro le presentó a su padre Manuel para que lo entrenara y allí arrancó su campaña como boxeador.

            NF: Tuve 84 peleas. Perdí en el debut en fallo dividido en el 59 con 17 años. Me anoté en el club Libertad. La revancha fue por knock out tres años después.  A los 10 años perdí la segunda pelea y la tercera en la semifinal para ir a la Olimpíada en Alemania por una hemorragia nasal. Fuí Campeón Argentino en el 60 cuando estaba en el servicio militar. Yo estaba destinado en Pico, ahí jugué en la selección de básquet y en la de fútbol de esa ciudad.

            “El canario” lo apodaron por su pelo rubio. Goleador, así se describe él mismo. Porteño de Naón ostenta su ficha con el número 1041. Jugó desde los 14 hasta los 42 en el fútbol de Primera de 9 de Julio. El Canario alternó con la Pantera Rubia durante varios años. Pelota y guantes. Fútbol y boxeo.

            Unos familiares lo mandaron a San Lorenzo, donde José Sanfilippo no lo quería dejar volver al 9, pero “yo me quería ir a Racing y el primer día que fuí me quedé viviendo en la cancha. Estuve un año. Pero me vuelvo a 9 de Julio y dije que no jugaba más al fútbol, que quería trabajar y boxear. Yo ya peleaba con otro nombre para que no se enterase mi mamá”.

            SE: ¿Y su mamá nunca notó las heridas o los golpes?

            NF: Jamás tuve una lesión, una herida en mi carrera boxística. Salvo un cabezazo de Ricardo Verón, el campeón argentino, en la inauguración de la cancha de básquet que hoy está techada en Atlético. Después del primer round, a la pasada, me tiró un cabezazo y … ¡¡la gente lo quería tirar a la pileta!!

            Una vez, cuando Once Tigres no le quería dar el pase, cansado, Ferrario entró a una reunión de la Liga pateando la puerta y se fue con lo que había ido a buscar. Naón, Once Tigres, Racing, primeras paradas de un largo recorrido futbolístico. De ahí a Argentino de Pico en La Pampa, de vuelta al 9 pero con la casaca de Agustín Álvarez, después a El Fortín y de ahí a French, “el mejor equipo en el que jugué, fuimos campeones en el 68” dice Néstor. Pocos saben que al año siguiente dejó French y fue a San Martín por una gauchada que tuvo el Doctor Bazterrica con su hijo pequeño. Doce meses después recaló en 12 de Octubre. De ahí lo buscaron de Atlético 9 de Julio porque “necesitaban un goleador, y logramos 6 campeonatos, tuvimos 26 partidos sin perder”. Y en el 77 va a San Agustín como técnico y jugador. Lo mismo pasó después en Once Tigres pero “yo no me ponía, quería boxear”. De Dudignac  fue técnico en el 82. Y también jugó en el violeta de Quiroga. “Con Ascani fundamos Fauzón y en Libertad no jugué por un conflicto con la dirigencia que no bancaba a los jugadores propios y traía a otros de afuera” recuerda Ferrario, cuyo nombre podría estar tranquilamente en el club de futbolistas trotamundos junto a, por ejemplo, los uruguayos Sebastián Abreu y Santiago Silva, el sueco  Zlatan Ibrahimovic, o el italiano Cristian Vieri.

            Cuando no estaba corriendo detrás de una pelota, Ferrario se calzaba los guantes y andaba a las piñas por la vida. De ring en ring. Aún recuerda la visita (extensa) de Víctor Galíndez a 9 de Julio, a quien llevaba a entrenar con el equipo de Atlético.  “Aún debe estar la transpiración de Galíndez en el parque en donde lo entrenábamos para ponerlo en peso”, comenta el dueño del Clan. Además de sus victorias, cuenta como medalla el hecho de haber sacados dos campeones argentinos en la misma noche: Rocky Defooz y Jorge Pastor. Fue en el 81.

            Rancho Ñankul, es un quincho en el fondo de su casa, una suerte de museo de antigüedades. “Me gusta coleccionar cosas, armas, cuchillería, vitrolas, fonolas” cuenta Néstor”. Además de lugar de reuniones por donde pasaron grandes como José Neglia, el mejor bailarín argentino, que murió en un accidente de avión en el 71. También estuvo Cafrune, Víctor Galíndez vivió varios años, Federico Thomspon, Gustavo Ballas, Loyola, todos ellos venían a entrenar. Y mi mamá, gran cocinera, le hacía los alfajores a Oscar Gálvez. Yo iba de auxilio de él en todas las carreras que disputaba en la zona. Oscar Gálvez llevaba dos termos de mate cocido y los alfajores de maizena de mi mamá”, recuerda con linda nostalgia Ferrario.

            Parece que encontramos un cisne negro. Una disciplina deportiva que Ferrario no pudo hacer: “El automovilismo es una pasión que no pude disfrutar. Y natación tampoco hice porque no me servía para el resto de las actividades, te ablandaba los músculos. Eso lo aprendí de Ricardo Ruso, mi entrenador de básquet en Atlético, que si nos veía en la pileta no jugábamos”. Bueno, fueron dos cisnes negros.

            SE: ¿Cuál era su punto fuerte? ¿De qué había que cuidarse si el rival era Néstor Ferrario?

            NF: Yo era muy fuerte. Con mi uppercut de derecha gané muchas peleas por knock out.           Casi 60 de las 84. Iba al frente.

            SE: Muchos chicos de la zona buscan llegar al Clan Ferrario para entrenar. ¿Qué tiene que tener un boxeador para triunfar?

            NF: Muchos tienen condiciones, pero el problema es la noche. Hoy es muy difícil “hacer” un chico. Es un deporte ingrato. Acá te pegan. Tenés que cuidarte mucho. El físico es el 70 por ciento, el 30 restante  técnica. Uno trata de ponerlo en el estilo natural que tiene.

            SE: ¿Qué te genera la actualidad del Clan Ferrario?                      

            NF: El Clan Ferrario es la continuidad de mi gimnasio. Lo mantuve solo y ahora es club. Llevo 59 años en esto y está progresando, con ring de entrenamiento y otro de pelea. Debemos ser de lo mejor de la provincia. Nos falta el edificio propio, que ya llegará.           

            Todos los días a eso de las 19, Néstor ya está en la sede de su gimnasio. Hoy es más asesor que entrenador. Pero está tranquilo porque hay un buen equipo. Lo tiene a Elías Pino, su mano derecha y actual presidente del Clan Ferrario, que hace un tiempo llegó al gimnasio para reforzar su entrenamiento como maratonista y terminó siendo técnico de boxeo “con todos los papeles”. Así que tanto el Canario como la Pantera Rubia pueden estar tranquilos: el clan sigue firme y de pie en el medio del ring dando pelea.