Drogas y delitos juveniles

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Un diagnóstico arrojó que los adolescentes de 16 a 18 años en Nueve de Julio creen que es natural tomar alcohol y fumar marihuana.

El consumo de alcohol y marihuana se encuentran naturalizados en un alto porcentaje de adolescentes de entre 16 y 18 años en Nueve de Julio y no son reconocidos como riesgos para la salud.

 

Esa fue una de las duras conclusiones que surgió de un diagnóstico que realizó sobre la infancia y la adolescencia el Consejo Local, una entidad integrada por diferentes áreas municipales e instituciones intermedias.

El subsecretario de Niñez, Adolescencia y familia, Luis Beraza aseguró que estas conclusiones “no deben asustar ni mucho menos paralizar”.

El trabajo demuestra que “8 de cada 10 chicos de entre 16 y 18 años ya consume alcohol, por lo que es importante ver qué se hace ante esta realidad”. Los resultados surgieron del trabajo conjunto con las instituciones y de tres encuestas que se realizaron a distintos grupos etarios de chicos y jóvenes.

El objetivo del diagnóstico es determinar cuál es la realidad que se está viviendo para trazar las políticas públicas sobre este flagelo. “El objetivo del Consejo es que sea un ámbito donde se pueda debatir, evaluar y proponer y estudiar todo lo que tenga que ver con la niñez y la adolescencia”, resumió Beraza.

El informe abarcó tres puntos fundamentales: los adolescentes en conflicto con la Ley, el consumo de sustancias tóxicas y la nocturnidad y la participación de los adolescentes.

El consumo de sustancias tóxicas en 9 de Julio

El consumo de alcohol y marihuana se encuentran naturalizados en un alto porcentaje de adolescentes de entre 16 y 18 años en Nueve de Julio y no son reconocidos como riesgos para la salud. Como si fuera poco la edad de inicio de consumo de estas como de otras drogas ilegales, aparece a edades cada vez más tempranas. Por otra parte asegura que la “demasiada tolerancia social” frente al consumo de alcohol y de tabaco en adolescentes fomenta “una naturalización de las conductas de consumo que dificultan el abordaje, el cuidado y la contención”.

 

Según el mismo informe los adolescentes consumen estas sustancias tanto en el espacio familiar como en plazas, calles, fiestas, Parque y boliches”. La motivación es diversa “van desde la búsqueda de diversión, el deseo de experimentar, la aceptación y pertenencia a un grupo, la ausencia de proyectos de vida superadores, el hallarse en situaciones de vulnerabilidad, o vitales críticas”.

 

En nuestra ciudad se atendieron desde julio de 2011 hasta febrero de 2013 en el Centro de Prevención de Adicciones de nuestra ciudad (CPA) 15 pacientes menores de 18 años. Un 27 % de estos jóvenes consumía alcohol, un 28% marihuana, un 24% tabaco, un 7% psicofármacos y un 7% otras sustancias (inhalantes como nafta o pegamento y/o pasta base. (Ver cuadro).

El grupo pertenecía a diferentes puntos de la ciudad. El CPA recibió mayor demanda de atención del Centro de la ciudad (28%) al que lo siguieron Ciudad Nueva con el 27%; los barrios La Boca con el 14%; Diamantina con el 11%; y Alborada I y II 11% (ver cuadro).

Entre los problemas más recurrentes que detecta el informe en el grupo de jóvenes estudiado es que existe un “fuerte debilitamiento de la estructura y de los vínculos familiares incide en el aumento de conductas adictivas y en la dificultad de establecer estrategias para prevenir y tratar. Así como también recalca que “Se registra una falta de información o de minimización de las consecuencias que el consumo de sustancias puede llevar a adquirir. Esta falta se aprecia tanto en las familias, como en los propios jóvenes y adolescentes”.

Por otra parte destaca también que los docentes se sienten con impotencia hacia este flagelo y que otro de los factores fundamentales a la hora de las adicciones son las fallas en los mecanismos de control que regulan la venta de sustancias tóxicas.

 

 

 

 

 

 

. Los adolescentes en conflicto con la Ley

Actualmente se dan pocos casos de personas menores de 18 años que cometen delitos en nuestra ciudad, aunque sea posible también que existan casos que no son denunciados oficialmente.

Por dar algunas cifras el Programa Vida Joven, de la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (PROVIJO) que se trabaja con estos adolescentes trabaja unos 50 casos mensuales, de los que ingresan y egresan unos tres ó cuatro cada mes. Esto lleva a que durante un año se den de baja entre 35 y 50 adolescentes del sistema.

Durante 2012 se produjeron 47 bajas de los 97 casos trabajados. Las causales de las bajas se

describen proporcionalmente en el cuadro que acompaña.

 

Al contrario de lo que la mayoría del imaginario popular presupone los adolescentes que incurren en el delito no pertenecen a una zona específica de la ciudad sino que a diferentes puntos y también en las localidades del distrito. Sólo la tercera parte de ellos se domicilia en Ciudad Nueva.

El año pasado (2012) no se habría registrado ningún adolescente detenido por robo a mano armada.

En cuanto a los tipos de delitos que mayor cometen los adolescentes son contra a la propiedad (52% de ellos; más hurtos que robos y daños); 25% son lesiones (producto de riñas, peleas y agresiones); y 15% por infracción a la ley 23.737 (tenencia de sustancias). El restante 8% corresponde a una variedad (encubrimientos, falsificaciones, abuso, aborto, etc.). Un 40% de ellos agrega consumo de marihuana.

La mayoría de los jóvenes pertenecen a familias de bajo nivel socio-económico; a excepción de algunos que corresponden a un nivel medio y medio-alto, cometiendo delitos derivados de riñas y peleas, como lesiones y daños. Aunque el rol familiar es fundamental puesto que generalmente el adolescente en conflicto con la ley integra Familias disociadas “en donde generalmente

falta la figura paterna o existe violencia en el seno familiar, tampoco hay roles definidos, no hay o

no se imparten límites. Y en la mayoría de los casos se observa cierta inestabilidad emocional en la familia. Generalmente sus referentes paternos tienen una formación escolar básica y no saben cómo manejar las situaciones en las que se involucran sus hijos, o son padrastros que no se involucran en la problemática.

Esta misma situación los lleva a desertar de la escuela, sin tener una capacitación para una salida laboral cierta. Por lo general tampoco tienen estímulos culturales, deportivos y/o laborales o de formación, ni tampoco un objetivo de vida claro.

Es más, a la hora de proponérsele la continuidad educativa y/o a realizar alguna actividad laboral, en su mayoría se muestran desinteresados. Si en algunos casos tienen ganas de escolarizarse, las mismas se diluyen al superponerse con sus horarios laborales; por lo que en pocos adolescentes se ha logrado la inserción escolar.

Se continúa observando una alta despreocupación por su futuro, encontrando el adolescente en conflicto con la ley en el grupo de amistades las satisfacciones momentáneas (pasar el tiempo sin un objetivo, el consumo de alguna sustancia, etc.) y aparecen muchas dificultadas a la hora de pretender iniciar un tratamiento contra ello. “En aquellos casos que lo han iniciado, no lo han podido continuar, siendo el CPA el único espacio donde se interviene en esta problemática.

También se había logrado la internación de algunos adolescentes en granjas de rehabilitación, sosteniéndose en las mismas por varios meses, pero sin lograr el alta definitivo.

En este último año sólo uno de los adolescentes ha reincidido, cometiendo el delito de robo. Otros

Jóvenes continúan con consumo de sustancias, aunque más controlados. En algunos pocos casos se ha logrado la inserción laboral y/o escolar.

El trabajo escaso y precario es una constante en los adolescentes en conflicto con la ley. Lo mismo se da en los responsables a cargo de los adolescentes: sólo un 30% tiene un trabajo formal.

Nocturnidad y participación adolescente

Del informe se desprendió que la mitad de los adolescentes no están conformes con la noche de 9 de Julio. La uniformidad, el aburrimiento y la repetición que observan en la noche son los puntos rechazados por la mayoría de ellos.

En la opinión de los adolescentes, la disconformidad radica principalmente en la existencia de un solo boliche, el cual maneja la noche a discreción, imponiendo las condiciones y en especial los altos costos de la salida.

La queja también se extiende a la carencia de bares u otro tipo de lugares de expansión nocturna.

Consideran que no sólo no hay espacios para ellos sino tampoco para personas de otras edades.

Está muy extendido en los adolescentes de que los obstáculos para una mejor noche son externos y que poco depende de ellos.

Los problemas que más registran son los altos consumos de alcohol y drogas, lo que da lugar a agresiones, peleas y accidentes de tránsito.

Como pedido, algunos adolescentes señalaron la necesidad de acentuar los controles de tránsito debido a la ingesta de alcohol de potenciales conductores.

La mayoría observa mucha violencia, discriminación y consumos, pero lo registran como “normal”. En este sentido, para los adolescentes lo mucho sería lo normal.

Otros opinaron que ese normal no es una rareza en la sociedad, ya que violencia, consumo y discriminación se ven no sólo entre adolescentes.

El conflicto que la Promo mantiene con el boliche es una muy alta preocupación en los integrantes de la Promo, quienes parecen esperar una respuesta favorable apelando a las autoridades municipales.

En este pedido a las autoridades, los padres de algunos adolescentes actúan como representantes de las exigencias de la Promo, muchas de ellas de difícil aceptación por parte de aquellos.

Participación Adolescente en 9 de Julio

La mayoría de los adolescentes se mostró escéptico para participar en cuestiones tanto propias como “ajenas”.

Las causas rondaron la falta de interés, la falta de estímulos, la desinformación y la falta de difusión.

La falta de información se atribuye a un “otro” no identificado que no informa, no estimula.

Subyace en las opiniones, más que una falta de autocrítica por la escasa participación, un alto desinterés o una escasa valoración de lo que significa participar.

La voluntad de participar en los adolescentes es bastante moderada; sólo se aprecia el hecho de participar en tareas comunitarias.

Tampoco hay interés en participar en cuestiones propias o centros de estudiantes.

Del otro lado, la participación en agrupaciones políticas prácticamente no tiene ningún interés.

El 65% de los adolescentes encuestados opinó que los jóvenes participan más o menos de las cosas de la ciudad.

En relación a participar en actividades más puntuales, seis de cada diez (62%) admitieron que participarían en tareas comunitarias; menos de la mitad dijo que lo harían en centros de estudiantes (43%) y cuestiones de la juventud (38%). Apenas el 5% de los encuestados (1 en 21) confesó que participaría en agrupaciones políticas.