DESTINOS: NUEVA ORLEANS

La sensual reina del Mississippi.

(Por Cecilia Lastiri)

Esta preciosa ciudad goza de una situación geográfica privilegiada en el golfo de México, donde convergen diferentes culturas: criolla, afroamericana y europea. La música forma parte de su adn, al igual que el agua.

Instalada en la desembocadura del Mississippi, el río fue su gran don, gracias al cual floreció su puerto, pero también estuvo a punto de ser su final cuando en 2005 el huracán Katrina rompió los diques de contención y la inundó casi por completo. Aun así, Nueva Orleans siempre renace. La ciudad hoy rebosa vitalidad: música en todas partes, desfiles callejeros, el colorido carnaval, los barcos de vapor y una gastronomía única en el país. Sin embargo, hay algo que Nueva Orleans oculta, su más preciado tesoro: los orígenes del jazz.

El primer barco de esclavos llegó al puerto de la Nouvelle Orléans en 1719, solo un año después de su fundación, cuando el colonizador francés Jean-Baptiste Le Moyne, señor de Bienville, estableció un emplazamiento comercial estratégico en honor al regente Felipe II, duque de Orleans. Su mercado de esclavos se convirtió en el más importante de un país, Estados Unidos, que por entonces ni siquiera se había constituido como tal.

Los esclavos generalmente provenían del golfo de Guinea, en la costa atlántica africana, y eran repartidos por las inmensas plantaciones algodoneras del sur. Mientras aguardaban comprador, esperaban en unas condiciones infrahumanas, como se muestra en la oscarizada 12 años de esclavitud (2013). Un día a la semana se les liberaba en Congo Square, donde daban rienda suelta a la espiritualidad y a los ritmos tribales, danzas y cantos traídos de su África natal. En esa expresión artística, espontánea y liberadora sitúan los eruditos uno de los elementos claves en el nacimiento del jazz.

Aquel lugar de encuentro de esclavos se halla hoy dentro del Louis Armstrong Park. No hay mejor manera para adentrarse en la ciudad que sentarse en uno de sus bancos, cerrar los ojos y escuchar los ecos lejanos de los pobladores africanos. El parque, además, es una metáfora de la herencia cultural de Nueva Orleans. Aquí encontramos tanto referencias a tradiciones prehispánicas como homenajes a los grandes músicos. Esto último se ve en el auditorio Mahalia Jackson, erigido en honor a la reina del gospel, a la misteriosa figura de Buddy Bolden, primer músico de jazz de la historia, y a las brass bands o bandas de metales callejeras, que amenizaban desfiles, funerales y celebraciones varias, otro de los elementos que agitaron la coctelera musical. No podía faltar una imponente escultura de Louis Armstrong, hijo pródigo de la ciudad y creador del lenguaje universal del jazz.

El Louis Armstrong Park se ubica en el histórico barrio de Tremé, el vecindario afroamericano más antiguo de Estados Unidos. Su visita ayuda a entender mejor la compleja idiosincrasia de Nueva Orleans. Y es que si hay algo que define a la ciudad más poblada del estado de Luisiana es la mezcla, el sincretismo, el crisol de culturas: los fundadores franceses, los españoles que la dominaron durante 40 años, oleadas de caribeños y descendientes de los esclavos… todos dejaron su impronta en el espíritu de la ciudad.

 

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