Descubriendo el camino

(por Monica Gòmez)

Todos los viajes de regreso contienen una mezcla ansiedad y disfrute.  Tenemos una nueva oportunidad  para descubrir nuevos lugares. Este viaje de vuelta fue uno particularmente especial. Recorrer el mismo camino una y otra vez hace que cada parada sea familiar. Después de salir de Rosario tomamos la autopista y ya la geografía del paisaje va mutando. Las casas que caracterizan la ciudad van quedando atrás para mostrar las grandes fábricas al costado de la ruta.  A medida que  nos alejamos logramos ver los campos sembrados, las vacas pastando, los caballos en manadas. Los animales y el campo sinónimos de paz. Es como si de apoco soltamos la ciudad para internarnos en la tranquilidad de la naturaleza. Somos bichos de ciudad, no somos gente de campo, aun así esta calma que trae vivir en una ciudad chica tiene un encanto que atrapa.

A comparación de los otros caminos que hacíamos  hasta llegar a los anteriores destinos, este es el más corto. Pasamos por 2 provincias, a diferencia del que hacíamos  para llegar a Tucumán, donde cruzábamos 5 provincias. Cada lugar tiene su magia y por suerte de todos pude conocer y aprender. Ese siempre fue el objetivo, y este viaje me dejo mucho más que postales. Conocí ciudades con tradición, paradas donde nacieron iconos de la historia y descubrí sabores. 

El queso que se consigue solo en las queserías regionales es un termómetro de la actividad de la zona. Los animales que proveen de leche para ese queso, y la pastura que utilizan como alimento esos animales, terminan forjando el carácter del producto terminado. Es por eso que trato en cada lugar degustar el queso como producto local. Además tiende a ser casero y es ahí en la elaboración donde el productor imprime su característica.

Y en este camino, el queso era el producto que me faltaba. Ya la ciudad de Los Toldos me había deleitado con el dulce de leche de cabra.  Fue ahí donde también me tente con una quesería escondida en una de las arboledas que dan respiro a la ruta.  Llegue a fábrica de queso con la ilusión de verla en funcionamiento, tal como con otras que pude conocer. Bajo la lluvia de enero, bajamos del auto solo los que íbamos a degustar. Descubrimos un negocio, donde un hombre noscontócómo era el funcionamiento de la fábrica y la actividad que realizan en pos de mantener en pie el edificio que funciona como monasterio, deallí el nombre de la quesería.

Conto que la elaboración se realizaba en el establecimiento, con bacas propias y que trabajaban 18 personas. Degustamos los quesos y el gouda común fue el elegido. Para mi gusto el ahumado fue mi favorito, y es que todo lo que contenga ese sabor me encanta. Compramos también dulce de leche y una mermelada de frutos rojos, productos artesanales que traían de otro monasterio de la misma orden.

El recorrido hasta volver a casa tiene su encanto, pero es satisfactorio cuando en el camino te maravillas con sabores propios de esos lugares. Y con el queso nuevo que traje de Los Toldos voy a preparar Chipa.

Para el chipa necesito

  • Queso tipo cascara colorada o gouda 250gr.
  • Queso tipo reggianito 150gr.
  • Manteca 60gr.
  • Fécula de mandioca 500gr.
  • Huevos 3
  • Sal y pimienta
  • Polvo de hornear ½ cucharadita
  • Leche cantidad necesaria

Preparación:

Unir los ingredientes secos junto con la manteca y los quesos, agregar de a uno los huevos y por último la leche. Hasta, lograr una mezcla no muy blanda. Llevar a frio y luego  formar bolitas. Disponer en una placa separadas para que en el horno crezcan. Hornear por 12 minutos o hasta que estén dorados.

Todo viaje por si solo es una maravilla por ser descubierta. Así sea que lo hayas transitado una y otra vez. Siempre hay algo nuevo por descubrir.