Desarrollan papas resistentes a la sequía y los suelos salinos

Científicos del CONICET y de la UBA transfirieron un gen clave en las plantas y lograron mejorar el rendimiento en invernaderos.

Mediante novedosas aplicaciones genéticas, científicos argentinos lograron aumentar la productividad de las plantas de papa sometidas a condiciones experimentales de sequía y suelos salinos. El avance sienta bases para desarrollar cultivos que se adapten al cambio climático.

El estudio fue liderado por la doctora Daniela Capiati, del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular “Dr. Héctor Torres” (INGEBI), que depende del CONICET. Y consistió en la trasferencia de un gen específico, llamado ABF4, desde una planta herbácea que se usa mucho como modelo de investigación (Arabidopsis thaliana) hacia plantas de papa de la variedad Spunta, que es la principal cultivada en Argentina.

Las proteínas ABF son factores de transcripción que en muchas plantas regulan la expresión de genes durante la sequía y la salinidad. “Aunque el gen ABF4 no se encuentra ‘naturalmente’ en la papa, los insertamos en plantas de esa especie mediante una estrategia de ‘transgénesis’. Y así logramos aumentar su productividad”, explicó la doctora María Noelia Muñiz García, primera autora del estudio e investigadora asistente del CONICET en el grupo de Capiati, quien dirige el Laboratorio de Ingeniería Genética de Plantas en el INGEBI.

Trabajando en un invernadero, los investigadores compararon plantas de papa con y sin ese gen en suelos salinos y poca disponibilidad de agua. “Vimos que aquellas con el gen insertado tenían un mejor rendimiento. Y además los tubérculos que obtenemos se pueden conservar por más tiempo sin que broten, lo que implica una mejora en su capacidad de almacenamiento”, afirmó Capiati.

Por otro lado, estas papas presentarían más almidón y menos azúcares reductores, lo que las haría más adecuadas para freír o asar al horno.

Según Capiati, quien también es docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, “sería necesario probar estas plantas creciéndolas a campo, bajo distintas condiciones que se correspondan con la realidad de los productores del país”. Por otra parte, destacó que los resultados obtenidos pueden servir de “punto de partida” para identificar otros mecanismos genéticos que puedan ser aprovechados para crear nuevas capacidades en la hortaliza.

El estudio fue publicado en “Plant Molecular Biology” y también fueron coautores Juan Ignacio Cortelezzi (estudiante y becario de la UBA) y Marina Fumagalli, (técnica del CONICET) en el laboratorio de Capiati.

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