Decisiones en conflicto

(Por Hugo Merlo – GH Soluciones)

Pasamos el día tomando decisiones, desde la más sencilla hasta aquellas que modifican nuestra vida.  Hay decisiones como la del Burro de Buridán, pensemos en la racionalidad, en un empresario, un presidente de un país, cuando sus decisiones afectan colectivamente…y aquellas decisiones que significan un conflicto de intereses

Hacia el año 1300, Jean Buridán, planteó la siguiente paradoja. Un burro puesto frente a dos montones de pasto iguales no puede decidir de cual comer y muere de inacción, esta parece una situación absurda, inverosímil. Pero existen situaciones de todos los días, supongamos que alguien que prioriza resolver las cosas urgentes cada día pero dilata sus decisiones porque no puede decidir cuál de las tareas es más urgente o quien cree estar enamorado de dos personas no se decide por ninguna de ellas.       

Como decíamos, decidir por algo es rechazar lo no electo, y esa segunda opción puede ser buena y eso causa angustia. Y ya que estamos, decidir también implica considerar cual es el momento oportuno para hacer ciertas cosas: tener un hijo, fundar una empresa, eso nos pone frente a dilemas. Con el riesgo de esperar el momento que pueda ser, pasa el momento que pudo ser. A veces las decisiones involucran cambios, dejar viejos comportamientos para enfrentar nuevos desafíos, eso necesita una adaptación y como un nuevo par de zapatos hay que acostumbrarse ¡Molesta!      

Podemos preguntarnos a esta altura si existe algún manual que nos permita tomar buenas decisiones, obviamente no hay tal recurso que nos diga como decidir, pero el origen de cualquier decisión debería ser tener en claro lo que quiero conseguir, no caer en abstracciones, como por ej. ser Feliz, no estar solo, ser el líder del mercado, etc, etc. Hay que identificar precisamente la carencia o problema que se tiene y que se pretende solucionar con la decisión que tomemos. Es el objetivo el que justifica la decisión y no al revés, no sirve tomar una decisión y posteriormente justificarla. No hay que plantearse lo que hacer sino lo que quiero. Esto ayuda a plantearse preguntas concretas, las abstracciones no ayudan a tomar decisiones. En definitiva cuando hay decisiones tomadas, hay que aferrarse y disfrutar lo que es, en vez de añorar lo que pudo haber sido.

Hay otros tipos decisiones más técnicas, administrativas, para cual existen herramientas que nos permiten evaluarlas según algún criterio. Por ejemplo una decisión de inversión, y se puede elegir la de mayor rendimiento esperado, o minimizar el riesgo, de alguna manera racional.

Antes mencionamos que lo importante es lo que quiero y en función de ese deseo, debo decidir. Pero surge la pregunta… ¿somos capaces de tomar decisiones correctas por nosotros mismos? ¿Cuánto participa la racionalidad y cuanto lo emocional? Dan Ariely, en su Libro “La trampa del deseo” dice que tomamos decisiones con previsible irracionalidad.

Y también hay decisiones que en su interacción con los demás resulta un conflicto con las decisiones de otro. Son decisiones que acaban en un conflicto de intereses. De alguna manera mi decisión afecta o condiciona la decisión del otro, porque lo que está en juego es la estrategia de los decisores. Se dice que un comportamiento es estratégico cuando las decisiones se toman      teniendo en cuenta la influencia conjunta sobre el resultado propio y ajeno de las decisiones propias y ajenas. Es lo que se conoce como TEORÌA DE LOS JUEGOS. Este concepto es fundamental en la construcción de Capital Social, cuando se plantean temas de Desarrollo Local. Cuando los decisores pueden comunicarse los juegos  son cooperativos, donde la problemática pasa por el análisis de los posibles choques de intereses.

Como conclusión entonces resulta que en las decisiones económicas, sociales ò políticas el resultado depende de la conjunción de las acciones de los diferentes agentes o jugadores, si esto es posible se crea CAPITAL SOCIAL, entonces la huella de desarrollo se hace visible.