“Cuidemos la vida en nuestro pago chico con un corazón grande”

TORRADO MOSCONI EN EL TEDEUM DEL 25 DE MAYO. El obispo diocesano convocó a los presentes “a no claudicar” para que “la esperanza triunfe sobre la tentación del miedo y de la derrota”.

 

En un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, y como es habitual Monseñor Ariel Torrado Mosconi celebró el Te Deum en la Catedral diocesana, ante autoridades municipales y provinciales, religiosas, establecimientos escolares e instituciones de la comunidad.

En su homilía  el prelado señaló que la raíz de muchos males actuales es la hiperconectividad. “Paradójicamente- resaltó- lleva a la desconexión de la realidad tangible, al aislamiento y a la soledad. Junto a las grandes y sanas esperanzas, ilusiones y utopías de la humanidad nos encontramos con una de las llagas o heridas más patentes de nuestra época: el individualismo”.

Por ello alentó a los presentes a enfrentar los desafíos que nos imponen estos nuevos tiempos visualizando el bien común y tomando conciencia de las implicancias que tiene el defender la vida. En ese sentido animó a los presentes a preguntarse: “¿Cómo cuidamos la vida aquí en Nueve de Julio? ¿Qué estamos haciendo por las mamás pobres o vulnerables? ¿Qué podemos hacer para que los niños más carenciados puedan tener salud y educación? ¿Cómo tratamos de contener a los adolescentes y jóvenes? ¿Cómo luchamos por prevenirlos del alcohol y las drogas? ¿Qué podemos hacer por evitar los incidentes de tránsito? ¿Qué estamos haciendo para que las familias puedan tener trabajo y acceder a una vivienda digna? ¿Cómo estamos cuidando a nuestros abuelos? ¿Qué estamos haciendo por los chicos especiales o con alguna discapacidad?”.  Asimismo los invitó “a trabajar en forma mancomunada, generosa y solidaria” para caminar en ese sentido.

Por otra parte alentó a los fieles a derramar su entusiasmo y su fe en la vida cotidiana. “El factor esperanza es fundamental y necesario”- enfatizó-. “Sin caer en ilusionismos o espejismos, e importante que sembremos y contagiemos a nuestro alrededor -especialmente entre quienes más sufren o padecen- un clima de esperanza y optimismo. Las personas de buena voluntad, y los creyentes en particular, tenemos aquí una verdadera misión, tarea y cometido por delante”.

Por último invitó, convocó y llamó a “no claudicar en el intento, el esfuerzo y la tarea de hacer de nuestra ciudad, precisamente, un pago chico, de corazón grande mediante la generosidad que vence al egoísmo, la solidaridad que supera las divisiones, y la esperanza que triunfa sobre la tentación del miedo y la derrota”.